Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Los tratafos de bucareli y  el TLC

La  cronología no es decisiva en el análisis que se pretende, como si lo es, por el contrario la maduración del capitalismo norteamericana y uno de sus ciclos de crisis-

Corría la década de 1925 y el Presidente de México era el general Alvaro Obregón; los negociadores norteamericano vinieron a México a entenderse con los diputados mexicanos; había que comprarle a los EU todos los bienes de capital que nuestra economía iba a requerir en su transformación, a eso se subordinaba México frente a su vecino, entre otras muchas cuestiones que se abordaron abiertamente y otras no; pero ya flotaba la crisis financiera bancaria que estallaría en octubre de 1929.

Ni obregón, ni Calles, quizá tampoco los generales que tuvieron aquella famosa reunión en este último año, cuestión coyuntural determinante para que el movimiento Escobarista fracasara ya en el poder Portes Gil y Calles en ciernes como Jefe Máximo, no sin que antes y después acontecieran fenómenos sociales y políticos cuyos efectos acumulados determinan el desenvolvimiento interno de México, con efectos en la economía mundial.

El general Calles, en su gobierno, tuvo diferendos con el Presidente Hoover, entre otros, la expedición o no de la Ley Petrolera y, sobre todo, su viaje y estadía en Europa, de donde regresara sugestionado, de cierta manera, con lo sucedido en Italia y se gestaba en Alemania, donde el capitalismo tardío de este país, sin colonias que lo abastecieran de materias primas, pugnaba por el “espacio vital” tan cantado por Hitler que ascendería al poder en 1933.

Había cambiado la historia mundial y nuestro país avanzaba poco sin poder superar los rezagos feudales de la tierra y el peonaje, que hacían imposible el crecimiento del mercado interno y, consecuentemente el volumen de las importaciones y las exportaciones, que se limitaban a los minerales industriales fundamentalmente, sin que el petróleo de las Huastecas dejara divisas mayores, como no fuera para las empresas inglesas que succionaron renta y ganancias a la propia economía norteamericana que, por su parte, ya condicionaba por entonces el dominio sobre sus propios recursos petroleros, como antes lo hizo con  algodón y el tabaco en la guerra de secesión.

Así las condiciones, a muy grandes rasgos, el gobierno de Cárdenas se vió compelido por factores internos y externos, a romper con el monopolio de la tierra y liberar las fuerzas productivas de una incipiente industrialización, de manera que el débil sector secundario y terciario dejara de drenarle valor a un  sistema rentista de la tierra a la manera como aconteciera en Inglaterra con la nobleza feudal de Escocia e Irlanda. Dejamos de lado la cuestión del impuesto que el resto de la economía atrasada de México tuvo que pagar por los granos y la carne consumida  en los centros ferroviarios y mineros,, comerciales y textiles, cuyos procesos de intercambio y valorización de capital eran débiles por el condicionamiento que le imponía el monopolio de la tierra.

Ya sabemos lo que paso hasta 1938 y después de esta fecha. ¿Cómo se dieron las condiciones del recambio del poder en México a partir de entonces? Una fuerza se inclinó por el general Juan Andrew Almazán, antiguo aliado de Victoriano Huerta y amnistiado por Calles; otra fuerza se organiza a la manera de lo que en Italia encabeza Sturzo y en Alemania se expresa por el Partido Popular, católico en su mayoría, lo mismo que Sturzo, que estuvo convencido de que la organización cooperativa del campo y parte de la industria artesanal serían capaces  de superar las deficiencias del capitalismo emergido en la Primera Guerra Mundial y ya en los albores de la Segunda,

Vasconcelos en 1929, el conflicto cristero en 1926, lo mismo que el Sinarquismo y el PAN en 1939, fueron incapaces de entender la contradicción histórica de aquellos años, 1939 a la fecha. ¿Por qué hicieron abstracción y no tomaron en cuenta que lo determinante son las condiciones sociales y económicas de una economía y no sus formas políticas y sus expresiones ideológicas, que lo determinante es el desarrollo y posesión de determinadas fuerzas productivas: el petróleo, la electricidad, los ferrocarriles, el trabajo parcelario de cientos de miles de campesinos arrancados al peonaje e ingresados al marcado donde se valoriza toda la producción. México avanzó y creció como nunca antes ni después, dígase lo que se quiera.

Hoy es hora que no se firma el TLC, que nos estraga el mercado de las armas de  guerra, aunado al parasitismo de los enervantes, como el mayor fantasma de un volumen de renta apropiada, que se le arranca al valor del petróleo, a las divisas del trabajo de los emigrados que suman casi 30 mil millones de dólares, más endeudamiento público y privado que le cuesta a México, casi 40 ,mil millones de dólares anuales, en tanto nos perdemos en elucubraciones sobre la corrupción, la inflación y demás fenómenos devaluatorios sin cuento.

El capital mundial obtiene de México elevadas ganancias provenientes de la apropiación directa e indirecta de todas las ramas de la economía y esto se origina en los ciclos de crisis que se repiten en Norteamérica principalmente, en tanto en nuestro país crece el empeño por ignorar estos procesos del capital financiero especulativo, accionario que tal vez no pueda ir más allá de un tercer conflicto mundial catastrófico para todos.

   Como la política no es asunto de futurología y menos, mucho menos de cuotas parlamentarias y de acomodos transitorios gubernamentales, dejamos sentado que ninguna fuerza política intermedia, llámesele como se le llame, podrá cambiar las condiciones que se derivan de la enajenación del petróleo, el gas, la electricidad y las obras faraónicas de la especulación de la obra pública, al servicio de una acumulación que ya secamos y vaciamos hasta el fondo, topando y tornándose nuestro país en rentista minoritario de sí mismo, por eso nos trata Trump como nos trata.

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