Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Ricardo Anaya, nueva dirigencia panista en turno

No  basta el enfoque carismático sobre este dirigente panista, para poder explicarse que pasa dentro del PAN, al interior de élites, comité directivo, consejo político del mismo y el resto de la estructura de este viejo agrupamiento político, anterior al PRI y fundado a contracorriente de los cambios del Cardenismo; con la expropiación del petróleo, la reactivación de la ReformaAgraria los cambios estructurales que sobrevinieron a esto.

El PAN se opuso a la mayoría de estas reformas y se limitó a una oposición electoral desventajosa, que casi siempre le fue adversa; pero que en el progresismo de la nueva burguesía nacional, poco a poco se fueron revirtiendo esos efectos, ante la avidez de apropiarse la riqueza pública por medio del crédito del capital mundial, que a últimas fechas se reciente en el mundo entero y no sólo en nuestro país.

En estas condiciones el joven abogado de Querétaro, llega la conducción del PAN y enfrenta específicas contradicciones viejas y nuevas que se ponen y enfrentan por dentro y por fuera de esa estructura.

Ya antes de su dirigencia el PAN presetó agrietamientos y fisuras. ¿Cómo cuáles? Las hubo con Christlieb Ibarrola que introdujo alguna frescura a los usos y costumbres legislativas; igual sucedió con Carlos Castillo Peraza, no sin mediar rupturas principalmente con personalidades del norte y el occidente del país, recuérdese si no a don Luis H Álvarez, a los González Luna y, por último al asesinado Maquío Clouthier, muerto en un carreterazo de dudosa casualidad.

Con Fox y con Felipe Calderón se dan fracturas en forma de disputas por candidaturas y precandidaturas presidenciales, precedidas de inclinaciones en pro y en contra del rescate de las bolsas, devolución y nacionalización de los bancos, pago de la deuda del Fobaproa, hasta que finalmente dos gobiernos panistas acceden al poder presidencial para dar rienda suelta a la privatización de la tierra, las minas, la electricidad y una mil regresiones del neocapitalismo mundal subsumido al imperialismo.

En este complicado tejido nacional e internacional, Ricardo Anaya asciende a la dirigencia panista en abierta contradicción con la polémica hegemonía de los intereses Calderonista, entregado de lleno a los consorcios postfranquistas centrados en Iberdrola, OHL y el enclave petrolero español que interviene en el desmantelamiento técnico operativo de Pemex.

Durante el sexenio de Fox hubo fuertes contradicciones y yerros en lo económico y en lo político: parte de la militancia del PAN se conformó con posiciones electorales estatales y federales que a lo largo de su historia nunca alcanzaron de forma amplia.

Entre Fox y Calderón se observan contradicciones por la precandidatura en el que participaran Santiago Creel y el propio Calderón, concomitante con las soterradas aspiraciones y protagonismo de Marta Sahagún. Le siguen las recurrentes crisis por el recambio de cinco secretarios de gobernación, dos de ellos fallecidos en accidentes, crisis que alcanzaron expresiones partidarias de gabinete innumerables.

En la estructura del PAN se dan varios recambios en la dirigencia panistas, ente otros, Manuel Espino, Germán Martínez  Cázares, César Nava y Gustavo Madero, el segundo y el tercero, producto del desmantelamiento interno de la cúpula de Los Pinos, durante Calderón.

Gustavo Madero asciende a la dirección del PAN, tal vez con el medio consentimiento de Calderón que no logra imponer a un delfín partidario incondicional; prosiguen las disidencias internas al grado de no conseguir apoyo y respaldo de su partido en la precandidatura presidencial en que contendieran Ernesto Cordero y  Josefina Vázquez Mota que detona al primero y lo elimina de la contienda de la sucesión donde el PAN tiene que dejar los Pinos.

Gustavo Madero le cede el cargo a Ricardo Anaya y de inmediato surgen otras disonancias políticas y organizativas dentro del PAN y sus transitorias alianzas externas transitorias con otras fuerzas.

Ricardo Anaya se conduce de manera “ortodoxa” en torno al pacto que se da para la “reforma energética”, pero al final se muestra inconforme con la conducción económica y social del régimen y a la vista de la sujeción presidencial del 2018 marca una ruta diferente con la que el Calderonismo pretende erigirse en un nuevo Maximato de derecha, asociado a los interés de Iberdrola, entre otros.

A Ricardo Anaya se le ve decidido y fuerte en torno al objetivo del nuevo recambio del Poder Presidencial, cuajen o no las fórmulas organizativas que para el caso llegaran o no a madurar. Es una nueva figura que proviene de ambientes no menos conservadores, pero al calor de la crisis se le ve evolucionar hacia posturas de mayor progresismo, acuciado por la necesidad de enfrentar las posiciones de la izquierda nacional que arrastra una inercia popular que, según estiman algunos, amenaza los cimientos de lo logrado por las nuevas estructuras del poder privado empresarial vinculado al soporte y financiamiento de una deuda externa de más de 500 mil millones de dólares, casi el 50% del PIB anual y a un pago por servicio de la misma de 40 mil millones de dólares que engendra devaluaciones y encarecimiento comercial  de signo opuesto según se exporte e importen bienes del y al mercado mundial.

La historia no termina y por lo tanto tampoco se escribe y se expone de manera exhaustiva.

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