Sabino Medina

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DESDE LOS BALCONES

Políticos mexicanos en contubernios transnacionales

Se clavaron en el petróleo y en la electricidad, en el gas y en la mercantilización del agua, uno y mil contratos, todo eso a los patrimonios individuales, asociados sin recato a la explotación y a la expoliación del país y del pueblo trabajador.

Remontaron a las primeras filas de la administración pública, para asociarse a la eternidad de los dineros fáciles de por vida y hoy pretenden justificarse frente los grandes correctivos que hoy impone la crisis mundial y nacional sin remedio, como no sea mantener de píe al país, al aparato productivo y al sistema.

Manuel Bartlett Díaz, director de la CFE, tuvo necesidad de revelar los nombres y los intereses que apuntaron y apostaron a la destrucción de una de las mayores conquistas de la Revolución y de la posrevolución mexicana.

70 mil millones de dólares, si ante ello no se produce un cambio, es lo tendría que pagar la CFE, mientras soporta todo un gran pasivo que le impide capitalizar la inversión fija expresada en sus instalaciones y sin disponer de capital de inversión, hay que los pulpos del crédito con que se enmascaró la tecnología de la cogeneración eléctrica, mantienen trabada a esa potente fuerza productiva.

Nombres van y vienen, grandes nombres de grandes, medios y regulares funcionarios públicos que en su vida se han ocupado de abrir la puerta de casa, o cambiar una llanta del automóvil oficial, porque todos se los pagó el pueblo con los altos salarios que no fueron suficientes para saciar el apetito arribista del enriquecimiento fácil y meteórico.

A grandes y complicadas mañas tecnocráticas, grandes y firmes rectificaciones de parte del Presidente Andres Manuel López Obrador.

Mientras en Palacio Nacional se daban a conocer los nombres de los grandes beneficiarios del saqueo institucional del  Estado Mexicano y de sus grandes empresas productivas: CFE y Pemex.

¿Un nuevo Fobaproa y sin haber salido del infausto primer Fobaproa que le abriera las puertas del poder a la derecha de todo color y tono? Eso significan los rendimientos nominales contratados por las trasnacionales y los funcionarios públicos del tamaño de tres o cuatro expresidentes de México, que al final de esos procesos rentísticos parasitarios, resultaron consejeros y asociados a esas trasnacionales.

La lista es larga, sin que aparezcan todos enlistados; listos sí, pero todavía enlistados a plenitud en la pandilla saqueadora que conformaron a espaldas del país y de la historia del desarrollo que a duras penas ha buscado el país. 

Que la ley no les impide esto y aquello. ¿Y quienes ordenaron e hicieron esas leyes, disponiéndolas a modo para poder enriquecerse? Si las mismas leyes de la naturaleza no son inflexibles y se ajustan a los movimientos del cambio dialéctico; estos personajes se erigen como legisladores sagrados y, por tanto intocados, ya que sus publicistas, fariseos de toda laya, sostienen que lo que es legal no es ilegal, que lo que no les está prohibido, les está permitido y una y mil zarandajas del gastado sentido común de la pequeño burguesía, tal como el fascismo y el nazismo lo hicieron en condiciones no muy diferentes, mediando los cientos de miles de víctimas asesinados y desaparecidos a lo largo y lo ancho del país.

¿Se arreglarán todas estas distorsiones? Eso lo va a ver la nueva administración pública y el nuevo Presidente Mexicano, Andrés Manuel López Obrador? ¿Se impondrá la historia o la pillería accidentalmente encumbrada a contracorriente de la propia clase burguesa? Eso lo vamos a saber muy pronto.

Una cosa si es muy clara, Felipe Calderón no tiene la talla de un Plutarco Elías Calles y, al parecer, se quiere poner de pechito frente al poder fundamental del país. ¿Ha calculado bien su gastada dimensión política y la de sus congéneres en la dilapidación trasnacional del país y del pueblo mexicano? Eso también lo vamos a conocer muy pronto, los nombres de cada uno de ellos ya los conoce la nación entera y sus argumentos salen sobrando frente a la pillería cómplice con que intervinieron; su tiempo ya paso, pero ellos no lo creen así. Lo mismo debieron pensar los Pinochet, en Chile, los Videla, de Argentina; los Fujimori y Montesinos de Perú. Toca el turno a los nuestros; casi intocados llámense y se apelliden Zedillo, Calderón, Sacristán, Elías Ayub, Luis Téllez, Reyes Heroles, Córdoba Montoya, Salinas y demás personajes menores aupados en el torbellino de una de las etapas más negras de la historia mexicana.

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