Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Materias primas, precios de producción vs precios

El petróleo, como antes el algodón, es una materia prima común a casi todas las ramas industriales y su precio impacta a toda la producción mundial.

Los derivados del petróleo, subproductos de la industrialización de aquél, reflejan el impacto del costo de producción del barril; pero también experimentan el costo de producción de las cuantiosísimas inversiones en capital fijo que implica la refinación de la materia prima fundamental que vino a sustituir el acero y al cemento, a la madera y al vidrio como elementos de producción de miles de productos de otras ramas, entre otros la mueblera  la automovilística, etc.

Recuérdese que José López Portillo, entre otros falsos pretextos para substituir a Jorge Díaz Serrano, del cargo de director de Pemex, operó la “causal” política de haber aceptado la caída del precio del petróleo hasta 28 dólares el barril  exportado; luego ese precio descendió hasta 9 dólares y a ese valor mercado se exportaron los miles de millones de barriles que brotaron del Pozo Cantarell.

Esta masiva y gigantesca producción del crudo mexicano embriagó de capital a los gobiernos que sucedieron al JOLOPO, como nunca lo imaginaron; se desataron luego las furias de la extracción y la búsqueda de yacimientos igual o parecidamente ricos; se “idearon” utopías financieras como los Pidiregas a cargo de Repsol y se crearon empresas fantasmas, como Oceanografía, y una y mil inventivas de “Inversión” ficticia, como la compra de mil 700 millones de euros a Repsol y la inversión de otro capital semejante en la compra de siete hoteles flotantes a unos astilleros españoles quebrados, dizque para hacer frente a la bonanza petrolera.

Los que ahora controvierten el cierre de los ductos para frenar el robo y el saqueo del carburante, nada dijeron entonces y muchos de ellos se paseaban y bailaban en las playa nacionales y extranjeras a costa del precio internacional del petróleo que llegó a superar los 110 dólares el barril exportado y, entonces, se exportaba a razón de 2.0 y 2.5 millones de barriles diarios.

CACTUS, en CHIAPAS, explotó a causa del contratismo privado que afectó a todo el sistema de refinerías en Pemex y al parecer, esto convino a la producción de gasolinas en el complejo refinador de Texas; lo propio aconteció una y otra vez refinería de Ciudad Madero y en Salina Cruz, Cadereyta y Minatitlán por citar a parte de la planta refinadora mexicana.

Se clausuró sin más la refinería de Azcapotzalco y el resto de las siete o seis refinerías que llegaron a producir hasta 800 mil barriles diarios de gasolina, descendieron en su producción hasta poco menos de 200 mil barriles por día.

Se trató de sacarlas de competencia internacional del mercado de los carburantes y ante la fácil y equivocada simplificación Foxista y  Calderonista de preferir el mayor valor exportado en masa del crudo, a la costosa refinación interna del mismo que dejaba en rendimientos al fisco hasta más de 40 mil millones de dólares con que luego se “financiaron” otras aventuras del tamaño o superiores al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

Burros y no economistas teóricos y prácticos bien formados, son quienes manejaron la industria petrolera de 1982 a la fecha sin interrupción.

¿Qué sobrevino a todo esto? lo que ahora vemos que choca y estalla en el mercado de los carburantes hacia fuera y hacia dentro del país. Se importa un promedio de 600 mil de barriles diarios, aproximadamente 1.5 millones de dólares diarios, mismos a los que se les carga un impuesto progresivo para compensar los efectos de la paridad cambiaria adversa entre la moneda con que se compra y a la que se vende en el mercado interno.

Ese impacto del precio internacional de los carburantes importados, eleva los costos de producción del capital invertido en el propio comercio concesionado de los hidrocarburos; en los costos de producción y operación del transporte privado y público, de las subsistencias, de los precios en toda la producción nacional, así se valorice ésta, mayormente la que depende de la inversión externa, de una ventaja competitiva con sus equivalentes de la industria mundial, por ejemplo los textiles, la zapatera, la agroalimentaria, sometidas estas últimas al pago de precios al alza que tienen por origen los costos de la energía diferenciada en uno y otro mercado.

Por eso se produce el falso escape de robarse la energía y los hidrocarburos, como una forma de abatir los costos de operación y los costos de producción en la actividad económica nacional, equívoco económico y político alentado por la política electoral que se bate en retirada después de haber dispuesto de la mayor cuantía de divisas con que nunca contó el país a lo largo de toda su historia económica. Quedan eslabones y lagunas que analizar en todo esto; pero eso será para otro día.

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