Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Los efectos como causas o la inmediatez coagulada

Sin ahondar en la historia de la industria petrolera y los intereses de clase que se han manifestado en pugna, a través de la misma, todo resulta caóticamente simplificado al gusto de los mismos intereses que se han aprovechado de la confusión social, económica y política del país.

El reduccionismo de los problemas a éste o a aquél factor, aspecto o realidad parcializada, es la manera de atajar el entendimiento y la comprensión de la economía, para que nadie intente explicarse la explotación y el saqueo de los recursos naturales como la minería y el petróleo, por ejemplo, el agua, gas y electricidad.

Ante la exigencia de exportar más de 2.5 millones de crudo, las administraciones sexenales, en el pasado, se vieron compelidas a entregar, aún más, el mercado nacional de los hidrocarburos y dejar en manos privadas ductos gasolineras, en tanto el transporte carretero participara de esa obra pública, tanto como del acarreo terrestre y marítimo de la costosa tecnología rentaba, previa privatización del capital fijo y circulante de Pemex, a fin de que operara como nuevo capital y obtuviera su tajada de beneficios del valor obtenido en la Sonda de Campeche y en parte del Golfo de México.

Hoy se confunden los efectos catastróficos de la transportación por ductos de los distintos carburantes, con las causas que yacen en la contracción de la producción del petróleo crudo, parte del cual accionariamente se comparte con los nuevos concesionarios extranjeros y cuya deuda, anticipadamente es ya deuda pública nacional por la que se tienen que pagar entre 30 mil millones de dólares anuales o algo más, y que se multiplica por el sólo anatocismo que entraña el efecto  de la paridad cambiaria, efecto no causa de esa dependencia crediticia internacional.

Por eso se guardó silencio durante sexenios enteros, sobre las concesiones gasolineras que, pasaron de 4 mil de las mismas a sumar decenas de miles concentradas oligopólicamente y obtenidas como favores políticos, negocios compartidos y complicidades mil.

En este contexto, se creyó que la reforma energética era la panacea como fuente de inversión y divisas, en tanto las válvulas del endeudamiento crediticio externo se multiplicó paralelamente y a contracorriente de la caída de la producción física de valor producto petróleo, substituído por préstamos accionarios y bonos a interés, sin que se sepa en qué campos, que no sea la propia especulación crediticia tuvieron aplicación esos capitales ficticios, al fin y al cabo.

Entiéndase, el mercado mundial de los hidrocarburos es uno, internacional y poderoso y al se sumaron las mal llamadas reformas energéticas, cuyas concesiones con el tiempo y la marcha de los acontecimientos, sin mover un dedo de barril de petróleo, sumaran miles de veces, quizá millones, el total del valor potencial de todas las existencias que subyacen en el Golfo de México.

Para satisfacer el mercado nacional de los hidrocarburos basta la existencia de poco más de 17 mil kilómetros de ductos, en malas condiciones y peor mantenimiento. A la caída de las exportaciones de crudo, se amplió la importación de gasolinas y otros carburantes, pero sin mejor ni ampliar el estado de los ductos, mismos cuyo flujo era y es saqueado en cada tramo  colindante con los propios ductos y con las refinerías de almacenamiento y ya no de producción y refinación, todo al servicios de la importación y el robo masivo de los carburantes dentro de las propias entidades que antes fueron favorecidas con cientos de concesiones de gasolineras.

Más de 12 mil tomas clandestinas, más la suma de facturaciones apócrifas impago a la empresa, como regalo compensatorio por haberse resignado a la entrega de miles y miles de kilómetros cuadrados del fondo marino entregado del Golfo de México, a precio de subasta. ¿En qué otro país se ha realizado esto? La historia económica del petróleo mundial está ahí abierta, pero nadie quiere aprender un grano de sal de la misma.

A la vez que se daba el estallido del ducto en el Estado de Hidalgo, uno más de los cientos de ellos que acontecen y se repiten año con año, se conocía de otra conflagración en ductos en otra entidad vecina, no menor a lo sucedido en la densamente poblada comunidad de Tlahualilpan, Estado de Hidalgo.

Esto misma se ha dado en Puebla, sin que queramos aceptar la modificación distributiva oligopólica en manos de los más poderosos intereses outsorsing que, por partida doble o triple, condicionan la existencia misma industrial de Pemex, a quienes sólo quieren ver como un intermediario mayor gratuito, si acaso, en el mercado de los carburantes.

El tema es complejo y entreverado, no apto para el inmediatismo informativo simplista, deformado y llevado a cabo por encargo de los beneficiarios de primer, segundo y tercer grado.

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