Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

El SENADO Y SU REPRESENTATIVIDAD  GENÉRICA

Los padres de la iglesia legislativa del Senado del Estado Mexicano, en cuanto a contenidos políticos y numéricos se refiere, frente a la Cámara de Diputados, constituyen apenas una cuarta parte de ésta y, en cuanto a sufragios, sumando y restando los de los Senadores  plurinominales, una ínfima cifra de porcentajes cada uno, como reparto del juego y el rejuego electoral tan limitado, por decir lo menos.

En estas condiciones, bien hicieron los últimos gobiernos en canalizar todas las iniciativas presidenciales de las contrarreformas constitucionales llevadas a cabo en el país por el canal legislativo de inicio del Senado de la República.

Hoy se actualiza, de otra manera esa trampa, las condiciones de deterioro político con que AMLO toma el poder, casi garantiza que muy poco pueda cambiar y avanzar en correctivos no sólo de la seguridad pública, sino en casi todos los aspectos formalizados con que los grupos y personajes políticos poderosos imponen su interés particular, como lo esencial (en la doctrina se dice interés general) del Estado político.

Pero, esa clase de opositores, confunden sus intereses particulares, de grupo, de élite, con los requerimientos del desarrollo social y político que necesita el país; se ha podido frenar procesos enormemente especulativos abastecidos con capital igualmente numerario, como esa garantía con que otorgaron al capital ficticio internacional con los dineros de futuros pagos al uso del aeropuerto (IETU) que iban a inutilizar y a sacar del mercado, más los dineros presados de los Afores y Siefores.

Los opositores de AMLO, así lo verbalizan cada uno de los plurinominales y unos cuantos senadores de mayoría que devuelvan a los diputados la iniciativa de Ley en curso de la “Guardia Nacional” enfrentan, aparte de una desmemoria, casi el total subestimación ¿o sobreestimación? del tipo de descomposición social y de la crisis política, de carácter trasnacional con que anteriormente comprometieron al país como clase dominante, no tanto dirigente, del pueblo de México, sus clases medias y hasta de los empresarios chicos y medianos que conforman el tipo de subdesarrollo y su empeoramiento con la entrega de las principales fuerzas productivas con que cuenta el país a lo largo de su historia.

Cuando se firmaban los convenios internacionales, con la informalidad del caso, recuérdese El Plan Mérida y sus implicaciones, el Senado de la República nada cuestionó, los mismo con la iniciativa a la contrarreforma energética que sin el menor preámbulo de una Exposición de Motivos, a manera de introducción o de justificación, como una necesidad de esclarecer y “convencer” al pueblo de México de este retroceso.

A múltiples conciliábulos, con El Pentágono, concurrieron los secretarios de las fuerzas armadas y en alguna ocasión hasta el Secretario de Gobernación en turno y, entonces, nada dijeron y opinaron los Senadores, tampoco los legisladores de la Cámara Baja, que no es su materia de competencia, aunque con Alvaro Obregón y el general Calles, las cosas fueron de otro modo y hasta beligerantes.

¿Se va  a quedar callada la Cámara de Diputados, ahora que regrese modificado el proyecto de ley de ese nuevo organismo de la Guardia Nacional que se pretende regular? Eso es lo que se va a ver y  a saber de qué tamaño es el prurito en verdad, de la defensa de las soberanías de los Estados, o si sólo se trata de apretarle el pescuezo al nuevo Poder Ejecutivo Federal.

Veremos de qué color pinta el verde, porque cuando se cambió la posición de los colores de la bandera y se le cortaron las extremidades al Escudo Nacional, con “el águila mocha”, tampoco se mostraron beligerantes, igual que con los Bancos y la Bolsa, etc.

Pero el surrealismo político de los caídos tiene mucho de magia seudo constitucional. ¿A poco no?   

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