RICARDO MONREAL / DENTRO DE LO DEBATIBLE, LO INNEGABLE

CAMBIO DE RÉGIMEN

Cuando se avivan los debates y desencuentros políticos, es común que la discusión pueda tornarse polarizada, que se establezcan opuestos simplificados que generan distancia y conflicto. Es en estos momentos cuando se debe recurrir a la memoria y a los principios, regresar a los fundamentos, replantearnos la pregunta básica ¿qué tipo de país queremos construir?

El otorgamiento de asilo a Evo Morales debería justamente de servir como un espacio común, capaz de unirnos en nuestras múltiples diferencias políticas, porque no es un tema de ideología – es un tema de defender los ideales de un país que siempre se ha supuesto libre, digno y solidario.

El asilo, como bien se ha defendido por actores de toda índole política, no es una medida de juicio sobre el carácter de una persona, es una medida basada en salvaguardar la vida de aquel cuya integridad física peligra en su país. Pensar que el asilo debería tener un carácter meritocrático, no solamente niega la universalidad de los derechos humanos, sino que nos aleja del humanismo que ha caracterizado a este país.

Las oportunidades políticas de coincidir deben atesorarse; México quiere ser un país bondadoso, solidario, libre, justo y con un liderazgo sin titubeos a favor de los derechos humanos. El asilo otorgado a Evo Morales es un paso hacia que el país se consolide de esta manera, es una consistencia histórica que debemos reconocer como parte de la continuación de un reconocido legado. No permitamos que las preferencias políticas nos alejen de los valores que todos, de manera compartida, queremos para este país.

Las coincidencias podrán ser muchas más que las diferencias, si así lo deseamos.

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