Virginia Hernández Vázquez
¿Qué sigue para mí después de la Secretaría de la Juventud?
En las últimas semanas, me han hecho mucho esta pregunta. Pensar en la respuesta me hizo volver al principio y recordar el momento en que entendí que el servicio público era el camino que quería recorrer.
Tenía 20 años y trabajaba como secretaria particular de una regidora. Una parte importante de mis días transcurría en atención ciudadana. Llegaban personas que necesitaban medicamentos, madres buscando apoyo para sus hijos, familias atravesando momentos difíciles y ciudadanos que ya habían tocado muchas puertas sin encontrar respuesta.
Algunas historias terminaban cuando los atendíamos. Otras se iban conmigo a casa. No podía escuchar a una persona, despedirla y continuar como si nada hubiera ocurrido. Me quedaba pensando qué puerta podíamos tocar, con quién había que hablar o qué alternativa todavía no habíamos intentado.
Un día, al salir de la oficina, lo confirmé: quería dedicar mi vida a esto. Desde niña había sentido la necesidad de servir y buscar soluciones. Después descubrí el activismo y el trabajo comunitario. Pero fue en aquella oficina donde todo tuvo sentido.
Entendí que la política podía convertir la voluntad de ayudar en decisiones capaces de cambiar la realidad. También comprendí que detrás de cada trámite, programa o política pública hay una persona esperando una respuesta.
Años después llegué a la Secretaría de la Juventud con esa misma convicción. Antes de asumir esta gran responsabilidad recorrí varios institutos del país, conocí programas y escuché las experiencias de otras ciudades. Después me di a la tarea de visitar los 18 municipios de Querétaro.
Cada recorrido confirmó que existen muchas formas de vivir la juventud y que ninguna política pública o programa puede construirse desde una sola realidad. Había que escuchar, estar en el territorio y abrir oportunidades para todas y todos.
Todo este camino también me cambió. Ya no soy la misma Virginia que comenzó su carrera a los 20 años. Cada persona que he conocido, cada historia y cada decisión me hicieron crecer, cuestionarme y entender mejor la responsabilidad de servir.
Por eso, cuando me preguntan qué sigue, antes de pensar en una respuesta, pienso en todo lo que he vivido y lo profundamente agradecida que estoy. He tenido la fortuna de conocer a personas extraordinarias, aprender de ellas y aportar mi granito de arena a Querétaro, el estado que amo.
No sé qué vueltas dará la vida, pero estoy segura que vienen grandes cosas. Y también estoy segura que desde cualquier trinchera, siempre vale la pena participar, dar lo mejor de nosotros y poner nuestras capacidades al servicio de los demás.
Los cargos cambian, pero la vocación siempre permanece. Y la mía sigue siendo la de escuchar, servir y trabajar por Querétaro.




