Una frase muy conocida de Karl Von Clausewitz, estratega militar del siglo XIX señala que “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Dicha reflexión está vigente en el marco de la confrontación entre naciones, pues además de considerar la estrategia de combate, el uso de las fuerzas armadas y su desempeño en la tierra, mar y aire lleva en la política a la creación de escenarios relacionados con el futuro de los países conquistados y la manera en que se ejercerá el poder sobre éstos. Las guerras modifican fronteras, propician el ascenso y caída de gobiernos, regímenes políticos y liderazgos de diferente índole. También contribuyen a redefinir los equilibrios de poder, las alianzas de seguridad y defensa, así como las condiciones que los estrategas militares imponen sobre sus adversarios. El desarrollo de los conflictos armados ha sido objeto de debates interminables, así como de la necesidad de sugerir cómo negociar, anteponer la diplomacia y agotar todos los recursos posibles para que no ocurran. Cualquier choque bélico deja como experiencia a la humanidad secuelas que son difíciles de borrar y trascienden en pensamiento e idiosincrasia, así como materialización potencial del odio y la búsqueda de justicia. No debe dejarse de lado que también se abren oportunidades para la reparación de los daños y hasta respetuosas peticiones de coexistencia pacífica.
En el momento actual, las guerras que se llevan a cabo en el Oriente Medio, Rusia y Ucrania, así como entre los Estados Unidos e Irán, tienen, entre otras circunstancias, procesos llamativos que deben ser objeto de preocupación mundial. Por un lado —y también como en otras épocas— la elusión de las normas internacionales en vigor y la nulidad operativa de las organizaciones multilaterales. Por otro lado, también propician la innovación en armamentos, aspecto que propicia la vulnerabilidad de los ejércitos, población civil e infraestructura. También preocupa el uso desmedido de la fuerza, así como el uso a modo de justificaciones para la agresión a ciudades, el bombardeo y ataques indiscriminados contra las personas totalmente indefensas, expuestas a las armas que muestran su capacidad destructiva. La prevalencia de drones, el uso de la inteligencia artificial en dispositivos de ataque, los vehículos no tripulados o totalmente invisibles para los radares, se suman a los “domos de hierro”, sistemas de defensa que neutralizan ataques sorpresa, datos de inteligencia que hacen de las guerras y los armamentos procesos desiguales y prácticamente impredecibles.
Esta es una breve descripción del mundo actual, un mundo en guerra, sujeto a las amenazas geopolíticas de las grandes potencias y también del desarrollo e innovación armamentística. Sin duda y para evitar los conflictos, vale la pena anteponer la fuerza de la diplomacia y no la diplomacia de la fuerza.
Profesor – Investigador
Escuela de Estudios Globales e Innovación Social






