Raymundo Riva Palacio

AYUDA DE MEMORIA

Las tres en la campaña

1ER. TIEMPO:
Nombramientos desafortunados. Fue buena idea, ante el descrédito de los partidos políticos y la necesidad de mostrar caras y perfiles como parte de la oferta electoral, que Andrés Manuel López Obrador anunciara al gabinete que tendrá si llega a la Presidencia. No ha sido una buena idea el equipo seleccionado, que hasta ahora no lo ha ayudado. Las críticas a su gabinete y algunas de sus propuestas —sin desarrollarse—, han sido vistas como ocurrencias, no como luces de una política pública. López Obrador designó como secretario de Seguridad Pública a Alfonso Durazo, que no conoce nada del tema pero que ha estado cerca de él desde que renunció al gobierno de Vicente Fox mediante una crítica carta que editó y corrigió el periodista Julio Scherer. Durazo era secretario particular de Fox cuando se fugó Joaquín “El Chapo” Guzmán de la cárcel de Puente Grande en 2001, y el responsable del sistema penitenciario federal era Alejandro Gertz Manero, otro designado por López Obrador, y que renunció a ese gobierno en 2004. En ese periodo los cárteles de la droga tomaron el control de más de 80 municipios en Michoacán y Tamaulipas. En aquel entonces el gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, le pidió a Fox enviar al Ejército a su estado porque estaba rebasado, pero no hizo nada. ¿Por qué incorporar a dos personas que participaron en el diseño de esa estrategia de seguridad fallida a su gabinete de seguridad? A menos que se hayan reinventado y sorprendan cuando muestren sus nuevas aptitudes, serán un flanco abierto en la campaña presidencial. Es una mala idea que se añadió a otra polémica, dar amnistía a los capos del narcotráfico. Durazo y Gertz Manero tendrán que explicar de qué se trata el plan porque lo concreto que se conoce de ellos en el tema es que cuando estuvieron en el poder, los narcos empezaron a cogobernar México.
2O. TIEMPO:
El dilema de la continuidad. En la precampaña electoral, José Antonio Meade, como otros precandidatos presidenciales, está acotado a no hacer proselitismo y a no pedir el voto. Cosas de la ridícula ley electoral. Por eso se ha limitado a eventos con priistas y a criticar lo que otros hacen porque tampoco puede dar a conocer sus propuestas. Visto bajo otro ángulo, eso le ha beneficiado, porque el gran problema que tiene Meade es cómo presentarse como lo mejor que hay para llegar a Los Pinos, si representa al partido más desacreditado, y es el sucesor designado del presidente de peor aprobación a su gestión desde que se mide el acuerdo presidencial hace más de un cuarto de siglo. El dilema es que Meade tendría que romper con el presidente Enrique Peña Nieto para ganar credibilidad, lo que le haría perder la única fuente de poder que tiene: Peña Nieto. Hasta ahora, su gran atributo, la honestidad, no ha sido respaldado en el discurso, por impedimentos de la ley, pero cuando arranquen oficialmente las campañas, ¿cuál será su mensaje? La corrupción, según las mediciones y percepciones, es galopante, y el sector más proclive a Meade, el empresarial, es el que más se queja de la voracidad en el gobierno peñista. Otro recurso gastado es el de la seguridad. Si los priistas sabían cómo manejarla, como afirmaban cuando la estrategia del ex presidente Felipe Calderón sumaba miles de muertos al año, ¿cómo explicar que la cifra de homicidios dolosos en los primeros cinco años de Peña Nieto superó por más de 20% las de Calderón en el mismo periodo? Al paso que va, en el sexenio de Peña Nieto habrá más muertos que durante los dos gobiernos panistas. Meade no tiene realmente muchos espacios para ganar votos, y su atributo no es suficiente para contrarrestar el lastre del peñismo. Necesita talento y capacidad en su equipo para contrarrestar los déficits. Anunciar con quiénes gobernaría, como lo ha hecho López Obrador, no es una mala idea. Al menos, las cartas estarían abiertas.
3ER. TIEMPO:
Nadar con la corriente no es todo. El menos visible durante las semanas de precampaña de los tres aspirantes a la Presidencia es el panista Ricardo Anaya, que va por una coalición formal y legal de tres partidos. No importa mucho en este momento que no corra por el país como sus adversarios. De cualquier forma, tantos hablan tan mal de él tanto tiempo, que no es invisible. Anaya ha cuidado los flancos con este bajo perfil, porque si no se siente el más vulnerable de los tres precandidatos, sí es quien piensa que la campaña sucia en su contra está lejos de terminar. “La estamos esperando”, dice Santiago Creel, uno de sus principales consejeros. “Nos lo vienen anunciando todo el tiempo”. ¿Habrá más contra Anaya? En las oficinas donde este tipo de información circula, aseguran que sí hay más cosas sucias, relacionadas con corrupción reciente, que están preparándose para encontrar el momento adecuado para filtrarlas a la prensa. Anaya dice que está listo para enfrentar cualquier acusación porque no hay nada ilegal o irregular en sus actos. La deshonestidad es lo que han buscado estamparle a Anaya para desacreditarlo, pero a decir por el comportamiento de la opinión pública sobre él, no le han hecho realmente daño alguno. Se podría alegar que incluso, como sucedió con tantas acusaciones de todo tipo contra Andrés Manuel López Obrador, sus enemigos lo han estado involuntariamente blindando. La opacidad y la incongruencia entre sus viejos compromisos y declaraciones con sus posiciones actuales, tampoco han tenido los resultados de afectación que se esperaba. Los señalamientos documentados de traiciones contra quienes lo han apoyado, tampoco. Pero Anaya no puede dormir tranquilo. En su ambiciosa carrera por la Presidencia, dejó muchos heridos en el camino que tienen poder y que aún no actúan en su contra. Son enemigos emboscados con quienes tiene diferendos sin solucionar. Vive Anaya un periodo de gracia, que concluirá en la campaña presidencial, su momento de la verdad.
Publicado por Raymundo Riva Palacio.
En permanente exploración de nuevas formas para acercarse al lector, la columna Estrictamente Personal ha buscado durante más de tres lustros decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Los parámetros técnicos del género no han sido barrera nunca para que en el formato de columna se mezclen otros géneros como el del reportaje y la crónica, con un énfasis permanente en la investigación y en la explicación de los fenómenos que afectan a la sociedad.
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