Raúl Castellanos Hernández

DEL ZÓCALO A LOS PINOS

Lula y el silencio de Videgaray

Según revelaciones de Rodrigo Tacla, hasta hace unos meses “operador financiero” de Odebrecht la compañía constructora más importante de Brasil –también hasta hace poco tiempo-, los sobornos pagados para obtener contratos altamente rentables en 12 países de Latinoamérica alcanzan cifras estratosféricas; los beneficiados alcanzaban desde presidentes hasta funcionarios de los primeros niveles; consistían en comprar decisiones a cambio de financiamiento a campañas electorales, regalos, fiestas, damas de compañía y demás. Su “agradecimiento” también lo manifestaba enviando mujeres desde Brasil a celebraciones; con cierto dejo de cinismo y cobro de facturas a Odebrecht, en entrevista concedida a El País narró detalles de tales encuentros sociales organizados para políticos de Panamá y Republica Dominicana; confirmó que Andrés Rabello, responsable de las gestiones en Panamá –de Odebrecht- tiene en su poder un archivo fotográfico que incluye información sobre esposas y relaciones extraconyugales, incluso agregó que “la constructora arreglaba la vida financiera de las esposas de los políticos y sobre todo de las ex esposas”.

Como ha sido ampliamente difundido, este escándalo ha involucrado a figuras muy conocidas y alguna vez poseedoras de un gran “poder con su firma”; en Colombia, Perú, Argentina, Panamá, Guatemala, varios ex presidentes han debido comparecer ante tribunales, al igual que Ministros y ex candidatos presidenciales; solo por citar, en Panamá, Odelbrecht pagó un millón de euros a dos proveedores de una empresa de ron del presidente Juan Carlos Varela; en Ecuador el ex Ministro de Electricidad en el Gobierno de Rafael Correa, Alecksey Mosquera está siendo procesado por haber recibido 870000 euros a través de la Banca Privada de Andorra; es posible que algunos presidentes aún en funciones próximos a dejar el cargo, caso Juan Manuel Santos de Colombia sufrirán serios quebrantos jurídicos por este tema.

Por supuesto, el único país donde el Poder Judicial ha guardado “prudente silencio” sobre las posibles relaciones “de dudosa transparencia” entre funcionarios de alto nivel y Odelbrecht es México. Según versiones de Tacla “Odebrecht creía que el presidente de México iba a ser el ex director general de la petrolera estatal Petróleos Mexicanos Emilio Lozoya y les gustaba la idea”, “Odelbrecht tenía mucho interés en Lozoya”. Hasta la fecha se supone hay una investigación en curso, cuyos avances se encuentran en la más absoluta opacidad.

Ya entrados en el tema, es obvio que el mayor andamiaje de sobornos se monto en Brasil, el país de origen de Odebrecht; los directivos han reconocido haber pagado 303  millones de euros al año para obtener contratos de obras por 1600 millones durante las presidencias de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff; el mismo Tacla asegura que la cantidad fue mucho mayor, dijo “se desembolsaban 130 millones en comisiones de euros al año en comisiones, el dinero se entregaba en efectivo y por transferencias. Cobraba hasta el conserje. Los sobornos se aplicaron a todos los partidos. De derecha, izquierda, de gobierno, de oposición.

En Brasil, como es de suponerse, se han sucedido una tras otras denuncias en torno a este tema; Michel Temer el golpista y corrupto presidente en funciones ha tenido que manipular y derrochar millones de “energías” para librarse del Juicio Político; otros diputados y senadores de todas las tendencias políticas no han corrido con la misma suerte y algunos ya purgan condenas.

En este contexto, recién en esta semana, el Juez Sergio Moro, que se ha convertido en la “piedra en el zapato” de Lula da Silva, tres semanas después de condenarlo a nueve años de cárcel por corrupción y blanqueo de dinero; inició un nuevo proceso judicial en su contra, sexto en su cuenta; los cargos son similares a los anteriores: haber recibido de una constructora un apartamento en la playa; ahora la denuncia es por haber sido “agasajado” con una Casa de Campo en las afueras de Sao Paulo.

Como se advertirá, el ruido mediático de la crisis venezolana no nos ha permitido analizar a profundidad lo que está sucediendo en Brasil. Con la totalidad de la clase política acusada y en investigación por corrupción, incluidas las grandes figuras como Lula da Silva y el gran Marco Bruto, Michel Temer, el país se encuentra al filo de una “salvación sin salvadores”. Es decir, librados de todos los personajes sobornados, es probable que no haya ni una figura de peso que pueda disputar la presidencia el año que viene, dado que todos estarán preocupados y luchando por no pisar la cárcel.

Sobre Lula hay que puntualizar lo siguiente: algunas de las acusaciones dejan pocas dudas sobre la posibilidad de que haya dejado florecer y ser partícipe de los desvaríos que produce el afrodisiaco del poder, lo cual es francamente lamentable. Como bien lo ha señalado el escritor Emiliano Ruiz Parra: “pensamos que Lula decepcionaría por neoliberal, no por corrupto”. No obstante, en el surrealismo político total, la única opción remota de Lula para evitar la cárcel, es seguir luchando por postularse y alcanzar la presidencia en 2018; ello, sujeto a que no lo encarcelen antes.

Finalmente frente a este escenario, llama la atención el silencio de nuestro Canciller sobre el drama brasileño; quizá pase por la razón política de evitar verbalizar que hay países donde un Poder Judicial Independiente, puede perseguir a políticos evidentemente ligados a tráficos de influencias y acuerdos vergonzantes; incluidos presidentes y sus círculos más cercanos, Quiza.

Es viernes ¡hoy toca! Diría Germán Dehesa..

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?.

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