Raúl Castellanos Hernández

DEL ZÓCALO A LOS PINOS

Maduro representa la podredumbre de un ideal de izquierda.

Como aquí lo apuntamos el punto de no retorno en Venezuela llego el domingo; Nicolás Maduro como también lo señalamos llevo hasta las últimas consecuencias su determinación de elegir a “su” Constituyente; la jornada resulta altamente violenta, 12 muertos se suman a los más de cien en los recientes meses; en contraparte y en contradicción con la propaganda del gobierno el abstencionismo fue mayor al esperado; las condenas internacionales no se hicieron esperar.

La Sociedad Interamericana de prensa –SIP- condeno la agresión a periodistas y medios de comunicación independientes durante la jornada, y las amenazas en televisión en vivo y a todo color de Maduro quien dijo “estamos en combate comunicacional otra vez contra las mentiras de las televisoras”. En respuesta, con marcado énfasis el presidente de la SIP. Matt Sanders mostrando su preocupación advirtió “lo que podría quedar de manifiesto en un posible texto constitucional, es la reducción de las libertades de prensa y expresión como lo registra la Constitución de Cuba”.

Ya entrado en gastos el gobierno pidió a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones que investigue a la cadena Televen por “apología del delito”, por transmitir en vivo las protestas sociales. La SIP señalo que ha denunciado la intimidación, violencia institucional y física durante la cobertura periodística y las detenciones arbitraria de comunicadores, también ha denunciado el uso de restricciones estatales en la distribución de papel prensa, cancelación de licencias, procesos administrativos y judiciales y ataques, por parte de las “milicias bolivarianas” –grupos de choque al servicio del régimen- a las sedes de de medios de comunicación; todo ello en un desesperado intento para silenciar a quienes realzan la narrativa de la represión.

Ya en la locura mediática, Maduro desestimo las sanciones impuestas por Estados Unidos y se declaro orgulloso de las mismas; dijo “me siento orgulloso de la pretendida sanción de “mister emperador Donald Trump, por haber convocado al pueblo a votar libremente para elegir una Asamblea Constituyente”; al tiempo que “presumía” el boletín del Consejo Nacional Electoral con los resultados de la elección; ya en plena euforia agrego “yo no recibo ordenes del imperialismo, no recibo ordenes de gobiernos  extranjeros, ni hoy ni nuca obedeceré órdenes imperiales, soy un presidente independiente, además antiimperialistas al cien por ciento” y concluyo “estoy contra el imperialismo norteamericano, anticolonialista, antirracista, estoy contra el Ku Klux Klan que gobierna la Casa Blanca”.

En este contexto, en la madrugada del pasado lunes, los dirigentes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, que se encontraban bajo arresto domiciliario; el primero recién desde el el ocho de julio y Ledezma desde hace dos años, fueron detenidos nuevamente  en sus casas de Caracas, por agentes de la policía política y –supuestamente- llevados a la prisión militar de Ramo Verde. El Tribunal Supremo de Justicia justifico la decisión argumentando que ambos planeaban fugarse –del país-; por supuesto presentaron ninguna prueba de que esa fuera la intención de los líderes en prisión domiciliaria.

Según nota de El País “La detención, que se produce en medio de un clima de elevadísima tensión social y política y con el país prácticamente dividido, contribuyo a aumentar las condenas de la comunidad internacional. El Gobierno estadounidense rechazo la decisión de Maduro a través del Sub Secretario Adjunto para Asuntos de Hemisferio Occidental, Francisco Palmieri, ‘Esta acción es una prueba más del autoritarismo del régimen’ escribo en Twitter. El Departamento de Estado exigió la ‘inmediata’ liberación de los arrestados”.

Por su parte el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein declaró “Me preocupa profundamente que los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma hayan sido nuevamente puestos bajo custodia de las autoridades venezolanas tras la revocación de su arresto domicialiario”.

De última hora, ayer tres hechos agregaron mayor tensión; Oriette Ledezma denuncio no saber nada sobre el paradero de su padre, no tener ninguna noticia y “estar sumamente preocupados por su estado de salud”; en frente del gobierno Cilia Flores, esposa de Maduro declaró que la Asamblea Constituyente electa el domingo se instalará hoy “con plenos poderes”; y según la agencia Reuters, sólo 3.7 millones de personas votaron hasta las 17.30 hora local del domingo, según datos del mismo Consejo Nacional Electoral, lo que siembre la duda –o certeza- sobre la manipulación de los 8.1 millones de votos anunciados el mismo domingo.

Como se advertirá, la vuelta a prisión de Leopoldo López y Antonio Ledezma es inadmisible. Pero más allá de dicha obviedad, quisiera reflexionar sobre el hecho de que varios actores que se jactan de tener convicciones de izquierda no le retiran su apoyo al gobierno de Maduro porque lo consideran una traición a los ideales revolucionarios.

En redes he encontrado expresiones de luchadores sociales mexicanos que apoyan ciegamente la dictadura venezolana, la justifican y defienden con autocomplacencia e intolerancia.

A varios de ellos se les admira y respeta por las luchas por la democracia que han realizado, por su defensa al respeto a los derechos humanos. Pero de ahí a que defiendan el régimen de Maduro alegando “Constituyente o barbarie”, o apelen a la libre determinación de los pueblos, hay un lamentable trecho.

Maduro representa la podredumbre de un ideal. Los referentes de izquierda que lo apoyan están anclados en los maximalismos del pasado. Lo más triste es ver cómo activistas jóvenes caen en la defensa de ese discurso maniqueo. Que quede claro: estar en contra de Maduro no es hacerle el juego a Peña, o a la derecha, o a Trump. Es un compromiso con la gran causa del hombre.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…

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