RAFAEL LORET DE MOLA / *LA PEOR ARISTOCRACIA / LOS RESCOLDOS DEL PRI

VENENO PURO

Uno de mis colegas colombianos me hizo una observación a bocajarro, casi sin defensa posible:

–Cuando escuchamos y observamos lo que pasa en tu país nos da la impresión de que están retornando al pasado… de la misma manera como el PRI regresó a la Presidencia.

Esto es como si fuéramos en sentido inverso a los pueblos en desarrollo dispuestos a salir de sus propios abismos. A diferencia de ellos, a nosotros nos han situado en los filos de las barrancas para que podamos ser lanzados hacia el vacío del silencio, la ominosa quietud de los postrados. ¿Democracia? No, hemos caído en manos de una nueva y esnobista aristocracia a la cual no le interesan las vidas de los reporteros, ni las de sus trabajadores, sino sólo la especulativa acumulación de riquezas y de poder a la sombra de su maridaje con un gobierno en condición de concesionario y, como tal, únicamente receptivo respecto de quienes les ofrecen “moches”, igualas, comisiones o cualquier tipo de ganancia para acrecentar fortunas personales.

Por eso el país está en efervescencia –a pesar de la indiscutible popularidad del presidente- y da la impresión de que viajamos de nuevo hacia el Jurásico acaso porque en Chicxulub, Yucatán, cayó el aerolito que extinguió a los dinosaurios. No hemos encontrado el equilibrio, ni duda cabe. Lo percibimos en 2000 cuando Fox, un minuto después de sentarse en la silla presidencial, alegó que no sabía lo mucho bueno del legado priista y optó por olvidarse del cambio y apostar por el continuismo; también al trocarse la democracia en demagogia y posibilitar con ello el juego de las encuestas que pretendió justificar la asunción de Calderón al poder; y, finalmente, la misma sensación nos invadió cuando el mediático Peña inició su andanada de “decisiones” de las cuales se deslindó en cuanto los grandes consorcios privados le pasaron facturas y debió inclinarse por las reformas antipopulares, sin consenso y en vías de un solemne fracaso. Como los cangrejos, con respeto a otras acepciones del término.

Por ello, a los presidentes democráticos del mundo, a cuantos conciben la paz con la convivencia y solidaridad con otras naciones que sufren, a los mandatarios humanistas para quienes preservar una vida, en cualquier parte del mundo, es alimentar el ideal de justicia plena, les pedimos hacer llegar a México una recomendación: un llamado para que cesen las persecuciones descocadas, solicitando la renuncia de quienes han sido señalados por crímenes y negligencias –desde la fuga de “el Chapo” Guzmán Loera hasta el asesinato de periodistas recurrentes en Veracruz y otras entidades-, llamando a la cordura para que nuestro mandatario no olvide que debe de ser un representante del pueblo mexicano y que gane la historia como ha dicho es su propósito principal.

Por las alcobas

No hay duda de que Manlio Fabio Beltrones Rivera, un político de muy largo andar y ex gobernador de Sonora cuando ocurrió el magnicidio de su paisano Luis Donaldo Colosio, sin que definiera su versión sobre tales acontecimientos –viajó en el avión con el asesino material Mario Aburto Martínez hasta la Ciudad de México, luego del bárbaro crimen-, conocía al dedillo al sistema político mexicano y pretendió al inicio de su gestión en su frustrada presidencia del PRI, ahora suela entre arribistas, sacar raja de ello para intentar poner, como decían sus adoradores, las cosas en orden. ¿Al estilo de quién? ¿Acaso pensaba en Fernando Gutiérrez Barrios, su mentor, y en la subsecretaría ejercida durante el sexenio de Carlos Salinas? ¿O más atrás quizá cuando se iniciaba bajo la férula de Gustavo Díaz Ordaz? De una manera u otra, fracasó rotundamente y bien hizo en retirarse en apariencia. Lo inexplicable sería que quiera volver en condición de sepulturero o, peor aún, de ladrón de cadáveres como el del PRI.

Beltrones es un hombre por el cual han pasado distintos estilos, desde la bravuconería al estilo de Humberto Moreira Valdés, hasta la sobriedad de Jesús Reyes Heroles, sin llegar a tener la brillantez del gran politólogo veracruzano. Ahora domina Sonora pero su minita, aunque su hija Silvana cubriera el Senado hasta septiembre pasado, está por extinguirse.

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