RAFAEL CARDONA / LA MUECA DE LOS MUERTOS; EL GARABATO

EL CRISTALAZO

Quizá el garabato sea el estornudo del dibujo.

El trazo inconsciente y caprichoso, la líneas sin significado, el aborto de un rostro, el desahogo de un signo. El signo y el garabato, decía Paz en un título cuya contradicción explica los intentos y los resultados, cuando lo sublime alcanza apenas a lo grotesco, cuando la sonrisa se vuelve mueca.

También la política puede convertirse en garabato.

El puente mal hecho, el tren nunca acabado, la seguridad jamás recuperada. Garabatos verbales, discursos vacíos, retóricos, repetidos y repetitivos, monotemas machacados, rumiados hasta darles la triste textura del chicle masticado (dice JSH), con los cuales quieren siempre los gobernantes justificarse por la dificultad del empeño agravada por el fardo del horrible pasado.

Pero como dijo el general Pedro María Anaya: si el pasado hubiera sido bueno, usted no estaría aquí.

Pero hay otras muecas y otros garabatos en la vida de los mexicanos, y son la terrible expresión de los asesinados, los colgados en puentes y árboles, las cabezas sin cuerpo, los dedos crispados de brazos mutilados por la furia de los machetes.

Ya hemos aprendido a convivir no sólo con el recuerdo de los muertos, sino con la muerte misma, a quien somos capaces de invitarla a comer, ahí junto a los colgados de Uruapan, sofocados de nuevo en la humareda de las hamburguesas callejeras.

Los nuevos sacrificios humanos no se hacen en la cima del teocali sino en oscuros bodegones donde los sicarios envuelven como tamales pestilentes los cadáveres de sus víctima y los tiran en las carreteras, en las veredas, en los pastizales abandonados para ocupación de quienes hacen carrera política vendiendo la piedad post mortem para desaparecidos y osamentas de ocasión, como en Veracruz, como en Coahuila y otros lugares del país.

¡Ah!, el muerto y el garabato, como en aquel maravilloso relato de Nelly Campobello, según el cual varios soldados ajustician a un hombre frente a la ventana de una niña cuyos ojos atentos observan la escena. Los militares obedecen la orden de un capitán con la espada al cielo, y cuando disparan, el ajusticiado rebota en el suelo por el impacto de las balas y después se queda inerte bajo la vista femenina.

Tres días se queda ahí tirado.

“…Ya me había acostumbrado a ver el garabato de su cuerpo caído hacia su izquierda con las manos en la cara, durmiendo allá, junto de mí. Me parecía mío aquel muerto…

“…Un día, después de comer, me fui corriendo para contemplarlo desde la ventana. Ya no estaba. El muerto tímido había sido robado por alguien, la tierra se quedó dibujada y sola. Me dormí aquel día soñando en que fusilarían a otro y deseando que fuera junto a mi casa.”

Desear en el fondo de la mente otra muerte para regocijo de la mirada.

Pero si este cuento pertenece a la sombra de la literatura, hay cosas en la vida diaria, tristemente reales contra las cuales se estrellan las explicaciones y los análisis desde la cima del poder.

No es posible persistir en las interpretaciones de la realidad con base en diagnósticos tan tirados de la cabellera: la violencia es consecuencia de un fraude electoral y el garrotazo al nido de las avispas.

Eso fue hace trece años y los muertos de hoy son consecuencia de las circunstancias de hoy, con raíces en el pasado, sí, pero también con soluciones en el presente. Pero vemos más los antecedentes y menos los hechos del presente.

Sin embargo,  la realidad ya ha recibido un ultimátum. Ya se le ha dicho cómo se le va a enfrentar, con la atención de las causas sociales de la violencia, no con la guerra. Entonces, pregunta el memo, ¿para qué hicimos la Guardia Nacional si con  dádivas electorales basta?

Y la realidad, sonríe, como lo ha hecho, con angas y mangas, durante los últimos trece años en la tierra michoacana, por decir sólo un lugar, donde todo se ha ensayado, desde la ocupación militar hasta las guardias rurales, los policías comunitarios contra los caballeros templarios y todo cuanto quiera la imaginación, pero día con día frente a los mismos resultados.

Carreteras tomadas, bloqueos, incendios, asesinatos, descuartizados y cadáveres en el paisaje de sus caminos.

Por eso así dice el Señor Presidente:

“…muy lamentable este caso. Desde ayer se está atendiendo, lamento mucho que se presenten estos hechos de violencia tremendos y que pierden la vida seres humanos, y además por la forma en que se realizan estos crímenes.

“Vamos nosotros a seguir combatiendo la delincuencia, pero no vamos a caer en la trampa de declarar la guerra, como lo hicieron en otros tiempos, que fue lo que nos llevó a esta situación de inseguridad y de violencia.

“Nosotros vamos a seguir atendiendo las causas que originan la violencia. Vamos a seguir combatiendo la pobreza, creando empleos, atendiendo a los jóvenes, que haya bienestar.

“La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. Y puede llevarnos tiempo, pero ésa es la mejor estrategia.

“La otra, está demostrado que fracasó. Precisamente (se) inició ahí en Michoacán, ahí fue donde se declaró la guerra al narcotráfico y se le pegó un garrotazo a lo tonto al avispero, y se produjo mucho daño, mucho sufrimiento al pueblo de México.

“Entonces, se están presentando estos actos, sí son lamentables y constituyen todo un desafío para las autoridades, pero vamos a seguir con la misma estrategia. Y estamos seguros de que va a haber buenos resultados”. Pero los días corren por su propio sendero.

Ninguna verdad supera a los hechos reales y visibles y hoy tenemos los peores resultados jamás vistos en materia de violencia. También tenemos la mayor cantidad de explicaciones de nuestra historia.

Pero si no se puede dominar a la realidad, sí se puede extinguir el dominio de la propiedad de quien haya delinquido y con infames recursos se haya hecho de bienes, opulentos o no, como la casa del chino Ye Gon,  cuyo precio ha  sido inflado desde el arranque de la subasta, de esta nueva casa de almonedas del gobierno, donde todo se vende a martillo, como todo se consulta a dedo alzado, mientras los malos asaltan hasta la Casa de Moneda.

En este caso no se solicitó la valuación ni la intermediación de la ONU, como se hizo con  el avión presidencial José Maria Morelos, cuyas alas se cubren de telarañas en los Estados Unidos, porque ni se vende ni se deja de pagar su “estacionamiento” en hangares lejanos, mientras se sigue acumulando un gasto inútil.

Antes siquiera volaba y costaba. Hoy nomás cuesta y no vuela.

Pero la extinción de dominio es otra cosa. Es la legalización de un acto confiscatorio. Bastan estos dos artículos para darse cuenta de la injusta voracidad de la ley recientemente publicada.

“Artículo 8. La acción de extinción de dominio se ejercitará a través de un proceso jurisdiccional de naturaleza civil, de carácter patrimonial y con prevalencia a la oralidad, mediante una vía especial y procederá sobre los Bienes descritos en el artículo anterior, independientemente de quien lo tenga en su poder o lo haya adquirido.

“El ejercicio de la acción de extinción de dominio corresponde al Ministerio Público.

“El proceso de extinción de dominio será autónomo, distinto e independiente de aquel o aquellos de materia penal de los cuales se haya obtenido la información relativa a los hechos que sustentan la acción o de cualquier otro que se haya iniciado con anterioridad o simultáneamente.

“Artículo 9. Los elementos de la acción de extinción de dominio son:

1. La existencia de un Hecho Ilícito;

2. La existencia de algún bien de origen o destinación ilícita;

3. El nexo causal de los dos elementos anteriores, y

4. El conocimiento que tenga o deba haber tenido el titular, del destino del bien al Hecho Ilícito, o de que sea producto del ilícito.

“Este elemento no se tendrá por cumplido cuando se acredite que el titular estaba impedido para conocerlo”.

Cualquier parecido con la Ley de Herodes, es mera coincidencia.

Comentarios

Comentarios