Rafael Cardona

EL CRISTALAZO

El rescate y el fraude ciudadano

No, no había redes sociales en 1985. Ni falta hicieron. Tampoco había teléfonos celulares y la comunicación se logró.

La sociedad. Movida por la mano invisible de su propia capacidad, organizó cuanto debía, movilizó lo necesario, caminó en un sentido muy parecido al de estos días y sin embargo ayer y hoy se engulló el anzuelo del amarillismo (entonces) y las redes amarillas (hoy), frente a los cuales no hay vacuna posible.

Antaño y hogaño  hubo espacio para las mentiras, las deliberadas y aquellas cuyo motor fue simplemente la idiotez contagiosa  del rumor, del chisme.

Hubo un caso famoso, el imaginario niño “Monchito” cuyo lamentos de dolor se escuchaban a través  de las piedras derruidas de un edificio cercano al convento de La Merced.

“Monchito” (derivación pedolálica de Ramoncito, como Ramón Aguirre entonces jefe del DDF), se llamaba el niño inventado por cuya agonía lloraban y lloraban los lectores de la prensa vespertina. “Monchito” jamás existió.

Y sin embargo tuvo trascendencia internacional: esto público “El País”, en octubre del 85:

“Equipos de rescate, voluntarios y profesionales, mexicanos y extranjeros, han luchado en vano durante toda una semana para salvar la vida de un niño de nueve años, “Monchito”, de quien se creyó haber recibido señales acústicas emitidas desde debajo de las toneladas de escombros que les sepultaron a él y a su abuelo durante el terremoto del 21 de septiembre. Las tareas de rescate de “Monchito” han puesto de manifiesto el desbarajuste, la desorganización y la desinformación que han reinado en México desde el día del terremoto. Las escenas junto a la vieja casa colonial alcanzaron en ocasiones altas cotas de superrealismo y podrían haber servido para un melodrama si no estuviesen en juego la vida de un niño y la desesperación de una familia…”

Pues se la tragaron con todo y el melodrama de la vida de un niño y la desesperación de una familia. ¿Cuál familia?

Hoy la vida de Frida es (o fue) motivo de congoja y el nudo en la garganta de quienes quieren vivir en la eterna idea de la desventura y con ella alimentar los medios y el morboso apetito de un público tan desinformado como nunca antes. Hoy se informan por las redes sociales las cuales son un  prodigio al servicio de la invención, la credulidad instantánea, la bobera y en muchos casos la estupidez.

–¿Cuál es la diferencia entre el “Monchito” del 85 y la “Frida” del 17? Ninguna. La velocidad del rumor, la abundancia de mensajes y el uso de las redes sociales, hechas, al parecer, para mojarras idiotas.

Esto se divulgó ayer por la tarde:

“La Secretaría Marina confirmó que no existe una niña llamada “Frida Sofía” enterrada entre los escombros del derrumbe del colegio Enrique Rébsamen.

“La dependencia menciona que sí hay una persona que posiblemente esté con vida, pero podría tratarse de una persona desaparecida del área de intendencia

“Queremos informarles que con base en los equipos que tenemos, en todos los medios de rescate, hay indicios de que posiblemente haya una persona con vida todavía. Hay rastros de sangre y fotografías de como si se hubiera arrastrado y posiblemente sea una persona todavía con vida”, dijo Enrique Sarmiento Beltrán, subsecretario de la Marina.

“El funcionario señaló que la Secretaría de Educación Pública, la delegación Tlalpan, la Semar y la Sedena han realizado un conteo de los alumnos con la dirección de la escuela y “tenemos la seguridad que todos los niños o desgraciadamente fallecieron o están en los hospitales o están a salvo en sus casas”.

“Solamente del personal de intendencia tenemos una adulta que posiblemente fuera quien nos da los rastros”, agregó

“El funcionario puntualizó sobre la versión de que exista una niña llamada Frida Sofía “nosotros no tenemos conocimiento, nosotros nunca tuvimos conocimiento de esta versión, y no creemos, estamos seguros de que no fue una realidad, puesto que, repito, se corroboró con la Secretaría Educación Pública, la delegación y con la escuela”.

Así crearon al “Chupacarbas” y en tiempo remoto a la melodiosa “Bruja” chupadora de niños y ombligo conyugal (‘ora sí maldita bruja); “La llorona”, hasta “El ánima de Sayula” cuyas preferencias sexuales lo harían integrante actual del movimiento LGTB… etc.

Mucho se habla de la contribución de la omnipresente e infalible sociedad organizada y solidaria en la atención de este desastre; su importante contribución, la cantidad de brazos generosos sin los cuales todo sería más difícil (y es cierto) , pero estos expertos en el rumor y su dispersión, estos saboteadores de la confianza; todos quienes inventan edificios a punto de derrumbe (en La Condesa, como era necesario) sin más autoridad excepto su dicho; aquellos quienes juegan con los deditos inquietos en las redes sociales, también son  parte de la sociedad cuya concurrencia y ocurrencia juega al desplante contra la responsable labor de los soldados (cotidiana, no de ocasión cada treinta años),  los marinos, los ingenieros de la electricidad y el agua potable y muchos otros servicios como los médicos, los de asistencia y los de auxilio diverso quienes con alto sentido de responsabilidad ayudan siempre. Siempre.

Los rumores no los esparce nadie desde el gobierno. Los hace (parte de) la sociedad.

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