Rafael Cardona

EL CRISTALAZO

Surrealismo; osamentas y absurdos

Durante meses, por no decir años, un grupo de vivales sacó los dineros suficientes para buscar en el convento de las Trinitarias de Madrid, los pocos huesos disponibles del cadáver de don Miguel de Cervantes, porque al parecer la osteopatía (bello disfraz para vivir del cuento) es el arte de inventar la necesidad de osamentas venerables. O rentables, como en este nuevo caso.

También hay osteología de la demagogia, como en México, cuando bajo la presidencia de un  hombre asaz inculto como Felipe Calderón y durante los fracasados festejos por el Bicentenario de la Independencia, se produjo un ataque de “huesomanía” y el ridículo no se hizo esperar: en las urnas doradas de la columna del Paseo de la Reforma  había hasta vértebras de barbacoa.

Pero ahora sobresale en el catálogo de las cosas curiosas, una noticia proveniente de España. Dice así:

“…Una juez de Madrid ordenó la exhumación de los restos del pintor español Salvador Dalí, fallecido en 1989, para obtener muestras  y practicar la prueba biológica de determinación de la paternidad de Pilar Abel, que presentó una demanda para ser reconocida como hija del artista.

“Sobre la decisión, Pilar Abel dijo que “el ADN dirá la verdad”. Añadió que se trata de un reconocimiento a su “lucha” después de una década de demandas.

“Quiero saber quién soy”, manifestó la que asegura ser hija de Salvador Dalí, según le explicó su madre, que prestaba servicio doméstico en Cadaqués (Gerona, noreste de España) en casa de unos amigos del artista.

“Pilar Abel, nacida en Figueras (Gerona) en 1956, está convencida de que, ahora, “todo irá muy rápido”, ya que el juicio está fijado para mediados de septiembre, “así que tendrán que volar con la exhumación si la jueza no dice otra cosa”.

Si las cosas son como uno supone, no es necesario esperar otra década para satisfacer la curiosidad de doña Pilar quien desea vehemencia saber quién  es.

Pues al parecer lo simple es saber cómo es: una oportunista inclemente,  cuyo deseo de sacarle dinero a las fundaciones con el legado de Dalí, no se satisfará sino hasta el último peldaño del ADN, porque al parecer la cosa ha sido sencilla y muy realista: don Salvador tenía fácil la bragueta y decidió, un día de tantos, beneficiarse con la señorita del servicio doméstico en la casa de unos amigos (como Arnold Schwarzenegger, el “Robofuck”), tras lo cual llegó doña Pili al mundo. Y tan, tan.

“Abel está “muy contenta” con el Estado, que figura como parte demandada como heredero del legado de Dalí —fallecido en 1989 sin dejar descendencia— y su herencia pasó a manos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España y de la Fundación Gala-Dalí-, por entender (sic) que se ha demostrado que la justicia funciona”.

Pues he ahí el cabo interesante y surrealista del cochupo.

El asunto merece un comentario, creo yo, porque hay un rasgo de anticipación poética tras él.

Cuando los artistas integrantes de ese movimiento jugaban a muchas cosas (cadáveres exquisitos, hallazgos de arte en las vetas de la madera calcada; obras absurdas nacidas de sueños de opio, etc.), André Breton, irritado por cómo Dalí se había metalizado y convertido en una voraz máquina de hacer dinero a toda costa; de la extravagancia a la traición, mezcló las letras de Salvador Dalí en un  anagrama de anticipación:

Las letras en desorden dicen: “AVIDA DOLLARS”

Y hoy, una mujer de visible avidez monetaria, invocando derechos de sangre, viene a reclamar una herencia y a remover las cenizas del pintor. Eso no lo habría soñado Breton. Ni Max Ernst o Luis Buñuel.

–Maestro, ¿no le gustaría volver a filmar con Dalí, hacer con él otra película?

–¿Qué?, ¿Con Dalí? No, eso es agua bajo el puente”, me dijo Don Luis una tarde en Félix Cuevas. En foin.

“La Fundación Gala-Dalí, que gestiona el patrimonio del pintor, anunció en un comunicado que presentará un recurso en los próximos días contra la decisión judicial de exhumación”.

Pero no deberían los custodios ser tan “tiquis miquis”, si hasta a doña María Félix la sacaron de su ataúd (¿o sarcófago de faraona?) para satisfacer las pesquisas codiciosas de sus pérfidos hermanos. La ambición, como los ladridos de los perros, no deja dormir ni el sueño eterno.

Y si usted quiere algo más para seguir con el surrealismo, le regalo el nombre de esta comisión  del Senado de la República: una orgullosa placa en la puerta del corredor circular de tan insigne edificio, dice a la letra:

“COMISIÓN ESPECIAL PARA EL DIAGNÓSTICO Y REFLEXIÓN SOBRE EL TEXTO QUE CONFORMA LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS”.

Si no fuera una grosería les podríamos decir a los inventores e integrantes de esta comisión, ¡Ay!, no mamen.

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