Un futuro próspero para los mexicanos, promete el abanderado de Morena

Precandidato: Andrés Manuel y Adolfo Ríos, su carta para el Municipio de Querétaro. FOTO: SIETEFOTO
Precandidato: Andrés Manuel y Adolfo Ríos, su carta para el Municipio de Querétaro. FOTO: SIETEFOTO

Como un superhéroe que acabará con la corrupción, la inseguridad y traerá mejores sueldos y un futuro próspero para los mexicanos, Andrés Manuel López Obrador se presentó ayer al medio día en la Plaza de Armas de la capital queretana.

Hora y media antes de su llegada, los organizadores se tronaban los dedos por la llovizna que comenzaba a caer de un cielo gris oscuro, como presagiando tormentas.

Los vendedores provenientes de la Ciudad de México, hacían su agosto vendiendo cachuchas (60 pesos), impermeables (30 pesos), paraguas (100 pesitos) y chalecos (300 pesos el básico), todos con la marca Morena y algunos con la caricatura del precandidato presidencial.

En las bocinas suena Cristian Castro con su anticlimática canción ¡Azul!:

–Este amor es azul como el mar, azul…

A unos metros del templete que tiene como fondo una lona con la imagen de Juárez, Hidalgo, Doña Josefa… el priísta Mauricio Ortiz Proal comenta a este armero los motivos por los que se bajó de la interna priísta por la presidencia municipal capitalina:

-No encontré las condiciones de equidad en la dirigencia estatal. Pero haré todo lo posible por sumar votos para la campaña de José Antonio Meade.

-¿No te vas a subir al templete con López Obrador?, le preguntó puntilloso Sergio Venegas Alarcón?

— Nombre don Sergio, yo me quedo de este lado. Es más,  ya me voy… no sea que luego se diga ‘andaba ahí para que lo invitaran’.

Son las once de la mañana y la llovizna arrecia.

Arturo Borbolla, empresario del sector salud en Querétaro, se asoma a la Plaza. Platica con algunos amigos. Se le nota tranquilo entre la izquierda mexicana. Cree en el proyecto de López Obrador desde hace tiempo.

En los portales, guareciéndose de la lluvia,  indígenas que venden sus famosas muñecas otomíes se mezclan con quienes ofrecen los productos de AMLO y Morena.

11:15. Suena la última –profundísima- canción de Cristian Castro:

– Mañana, mañana será un día muy triste
Por que tu te irás y no volverás ya jamás a mi lado
Mañana, mañana será un día muy triste
Y el sueño de amor que vivimos tu y yo
Ya lo habrás olvidado 

 

En el templete, afina su guitarra Arturo Rueda, el líder de los comerciantes de la calle de Ezequiel Montes, que por sus críticas a la obra del alcalde Marcos Aguilar, fue madreado el año pasado.

Pero aquí está para cantar. Y se suelta primero con el himno de Morena, para luego adentrarse en los ritmos de Compay Sedundo y su Guantanamera:

-Guantanamera, guajira guantanamera
Guantanamera, guajira guantanamera
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma…

Y luego interpreta el Noa Noa de Juan Gabriel.

Ufff.

Hasta que el maestro de ceremonias anuncia que “en breve llegará Andrés Manuel”.

La gente aplaude, como queriendo entrar en calor.

Irónicamente, mientras el pueblo se mojaba en la plancha de Plaza de Armas, esperando al tabasqueño, la presidenta estatal del PT, Gabriela Moreno Mayorga, degustaba –a buen resguardo- un humeante café en el 1810.

El maestro de ceremonias pasa lista:

Corregidora, El Marqués, Jalpan, Pinal, Cadereyta, San Juan, ¡Rusia!. La risa de los asistentes retumba frente a las oficinas del gobernador Francisco Domínguez, que -demasiado cuidadoso- no le mereció ni una sola mención.

SUPER LÓPEZ OBRADOR

Son las 12 del día y por 5 de Mayo rueda una Taho blanca que transporta el superhéroe que acabará con los males de nuestro país: Andrés Manuel López Obrador.

Lo bajan unos metros antes de Plaza de Armas, frente al viejo Congreso del Estado, hoy oficinas del Tribunal Superior de Justicia.

Y la nube de fotógrafos, camarógrafos, reporteros, seguidores y mirones, impiden que el precandidato de Morena avance a buen ritmo.

Le toma 12 minutos subir de tres zancadas al templete instalado frente al Palacio de la Corregidora.

La gente lo ovaciona. Algunos lo ven con adoración. Han venido de Oaxaca, Sonora, Guanajuato y hasta Chiapas, para verlo de cerca.

No se aprecia demasiado acarreo.

Presentan al presídium:

Tatiana Clouthier, Yeidkol Polenvsky, Ricardo Monreal, Carlos Peñafiel y el presidente estatal de Encuentro Social, el ex portero del América, Adolfo Ríos.

Este último (será el candidato a la alcaldía capitalina, adelantó AMLO), le da la bienvenida a López Obrador. Lo elogia y le dice que va en la senda del triunfo con el apoyo de todas las mujeres.

Y ya.

Le toca hablar a ya saben quien.

Se da gusto. Golpea al presidente Enrique Peña. A Ricardo Anaya y a José Antonio Meade. Son de la mafia del poder, dice.

Y nomás le faltó la máscara de superhéroe, porque el escudo que –asegura- le da el ser un hombre honesto, ya lo trae.

Por eso actúa como tal:

-Voy a acabar con la corrupción de una manera fácil: Si el presidente no es corrupto, los gobernadores, alcaldes y en general, no serán corruptos.

También prometió devolver la seguridad a los mexicanos.

Es más, dijo que no utilizará el Boing presidencial, el TP-01, “porque no le voy a faltar al respeto al pueblo de México”.

Que tampoco vivirá en Los Pinos y que –ya de paso- venderá la flota de aviones y helicópteros del gobierno.

El Estado Mayor pasará a ser parte del Ejército.

La gente aplaudía a rabiar.

Felices de escuchar cómo todos sus males se resolverían de golpe.

Pero faltaba más.

-Voy a desaparecer la Reforma Educativa. Y le voy a subir el sueldo a los maestros, a los policías, a los soldados y marinos. Vamos a estar mejor, decía convencido.

Y la gente asentía, como hipnotizada.

-Ya le ofrecí a Trump el avión presidencial. Ese no lo tiene ni él, sostiene con una seguridad de prestidigitador.

La gente cree a pie juntillas todo lo que dice el superhéroe tabasqueño.

Y habló y habló.

Como en sus mejores tiempos, si es que tuvo mejores, pues hoy encabeza todas las encuestas: cuchareadas y serias.

En los portales, a pocos metros de distancia, un panista y un priísta observaban el fenómeno lopezobradorista.

El ex alcalde blanquiazul de San Juan del Río, Francisco Layseca y el joven tricolor, Juan Vázquez, escuchan a Andrés Manuel, que hipnotiza a la multitud.

Y el agua no paró. Llovió prácticamente durante todo el mitin.

El tabasqueño baja del templete. Se dirige a su camioneta. Y Adelanta:

-”Muy bueno Adolfo Ríos, de primera… Se hizo una encuesta en Querétaro y él fue el mejor calificado y estoy muy contento por eso. Ahora me estoy enterando de que lo incorporaron en una encuesta para Querétaro y él ganó la encuesta. Fue el mejor calificado, suelta.

Adolfo sonríe. Ya tiene media elección ganada con la bendición de López Obrador.

El precandidato de Morena se va con los suyos. Los espera otro mitin esa misma tarde en San Luis Potosí.

Los asistentes –unos mil calculan algunos envidiosos- se retiran poco a poco.

Una señora regordeta le dice sincera a su marido

-Con que cumpla la mitad de lo que prometió, me doy por bien servida.

El señor, que a todas luces -se adivina-, no manda en su casa, agacha la cabeza y algo dice entre dientes.

-¡Qué dijiste!

-Nada, nada.

Al pobre hombre que en su bolsillo izquierdo llevaba un llavero con el logo del PRI, sí le estaba lloviendo sobre mojado.

Andrés Manuel se fue.

Volverá ya como candidato presidencial.

A encantar serpientes.

POR: SERGIO ARTURO VENEGAS RAMÍREZ

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