Generalmente escribo sobre cine, televisión y, en realidad, sobre cultura geek. Aunque sí he cubierto exposiciones y entrevistado a grandes artistas, nunca lo había hecho desde la columna. Pero esta vez no podía dejarlo pasar: se trata de la muestra Después de Warhol, impulsada por una de las mejores personas que conozco.
Sobra decir quién fue Andy. Probablemente sea el artista más comercial que ha existido, y su modelo funcionó a la perfección. No hay duda de que, si siguiera vivo, le sorprendería —y seguramente le enorgullecería— ver hasta dónde ha llegado su obra. Y, sin duda, estaría feliz de saber que en Querétaro es el protagonista de una exposición gratuita y para todo público.
Sé de primera mano que el esfuerzo no fue sencillo; una exposición es mucho más que colgar cuadros. Como en cualquier discurso genérico de político , “se requieren voluntades”, pero esas suelen aparecer cuando hay grandes beneficios económicos. Lo fácil es cobrar; lo difícil es hacerlo por amor al arte, tocar cien puertas y que se abran dos.
Vivimos tiempos particularmente convulsos a nivel mundial: Rusia pulveriza Ucrania; Estados Unidos, Israel, Irán y Gaza protagonizan conflictos que parecen no tener fin; y en México ni se diga: asesinatos diarios, carreteras inseguras y gobernadores señalados por vínculos con el narcotráfico. Entre tanta oscuridad, todavía hay quienes buscan acercar la cultura a todos —gratis—, demostrar que el arte es un lenguaje universal capaz de trascender fronteras y, con suerte, inspirar a algún niño o niña a convertirse en artista.
Estoy seguro de que será una de las mejores exposiciones del año, no solo por lo que representa la obra de Andy Warhol, uno de los artistas más influyentes de la historia, sino por lo que significa para la cultura en Querétaro. Esta muestra marca un parteaguas para una ciudad que hoy se consolida como referente cultural del país y demuestra que eventos de este nivel ya no ocurren únicamente en la Ciudad de México. Merece un reconocimiento el Museo de Arte Contemporáneo Querétaro por impulsar y colaborar en proyectos así. Un debut brillante para el Cluster de Industrias Creativas y su directora, Melissa Bringas, a quien dedico esta columna.




