Roberto Leal Díaz
Agencia Reforma
El pasado 15 de abril se celebró el Día Mundial del Arte, mismo que fue proclamado así por la UNESCO desde hace algunos años; esta fecha coincide con el nacimiento de Leonardo da Vinci, de tal forma que busca promover la creatividad, la diversidad cultural y el diálogo, abarcando principalmente la pintura entre las otras artes.
Coincide también que en estos días terminaba de leer un libro relacionado:
“Las dos hermanas. Antología de la poesía española e hispanoamericana del siglo XX sobre pintura” (Fondo de Cultura Económica, España, 2011). Y bueno, más allá de entrever que la selección tenga ciertas tendencias en los gustos y lecturas propias de quien hace el trabajo de antologar, el conjunto tiene muchos aciertos y encuentros o reencuentros felices.
Enrique Andrés Ruiz apunta en el prólogo sobre esta larga convivencia donde el verso y el poeta dialogan con la pintura, ya sea a través de una écfrasis, un homenaje, un paisaje o la visita a un museo: “La poesía y la pintura, como las quasi fratelli de la que hablaba Ludovico Dolce, ofrecen, sí, a lo largo de la historia, la comprobación de su hermandad”.
Al recorrer estas páginas, en efecto, se comprueba que ese espíritu fraterno se avivó en el siglo pasado con propuestas y aproximaciones poéticas de toda índole: en sonetos o en verso libre, poemas marcados por la brevedad o los de largo aliento, aproximaciones a lo anecdótico o a la mística, avivadas con el pensamiento o con la imaginación.
De cualquier forma, el libro abre con una antesala (muy atinada) a los poetas de Hispanoamérica que hicieron su obra en el siglo XX. Se trata del escritor cubano José Martí (1853-1895):
VERSOS SENCILLOS XXIV
Sé de un pintor atrevido
que sale a pintar contento
sobre la tela del viento
y la espuma del olvido.
Yo sé de un pintor gigante,
el de divinos colores,
puesto a pintarle las flores
a una corbeta mercante.
Yo sé de un pobre pintor
que mira el agua al pintar
—el agua ronca del mar—,
con un entrañable amor.
LOS PINTORES
No son pocos los textos en esta antología que abordan, directa o apenas sugerida, esa conversación silenciosa entre lo que se escribe en una hoja y lo que se sugiere en un lienzo.
Algunos ejemplos: Leopoldo Panero se ve (escribe) dibujando cuando era niño en su poema “Dibujo infantil”. Igual sabemos que la poesía de Rafael Alberti hizo evidente su estrecha relación con el arte pictórico:
Diérame ahora la locura
que en aquel tiempo me tenía,
para pintar la Poesía
con el pincel de la Pintura.
Y quizá el caso más evidente, donde el pintor ejerciera también el oficio literario, es el de Ramón Gaya, quien aparece en este recuento de poemas como pintor homenajeado y como pintor que se escribe e inscribe en su oficio:
DE PINTOR A PINTOR
Pintar no es ordenar, ir disponiendo, sobre una superficie, un juego vano, colocar unas sombras sobre un plano, empeñarte en tapar, en ir cubriendo.
Pintar es tantear —atardeciendo—
la orilla de un abismo con tu mano,
temeroso adentrarte en lo lejano,
temerario tocar lo que vas viendo.
Pintar es asomarte a un precipicio,entrar en una cueva, hablarle a un pozo y que el agua responda desde abajo.
Pintura no es hacer, es sacrificio, es quitar, desnudar, y trozo a trozo, el alma irá acudiendo sin trabajo.
LOS CUADROS
“El Cristo de Velázquez”, en un poema de Miguel de Unamuno, y en versos de José del Río Sáinz, otro cuadro del mismo pintor: la “Evocación del cuadro de las lanzas”.
Miguel Machado nos deja dos estampas de “Felipe IV” y “Carlos V”. Álvaro Mutis hace lo propio con un retrato de Sánchez Coello a Felipe II. Luis Cernuda es antologado con “Ninfa y pastor, por Ticiano”.
Entre algunos otros trabajos afortunados en la écfrasis de una obra, el poeta mexicano Víctor Manuel Mendiola (1954) se adentra con un soneto en la figura de “Madame X. Un retrato de John Singer Sargent”. Cito la primera parte:
Ella está detenida en un espacio
¿de su recámara? ¿del vestidor?
¿del baño? ¿Desde qué ángulo interior ella inclina su torso muy despacio?
La miro pensativa en la labor del cuadro: el traje negro en largo lacio, seda con luz de perla. En el palacio
—¿la casa es un palacio?— está el color.
Pero el color proviene de otra parte: del rostro y de los hombros. La blancura termina y recomienza en esa cara como si fuera inaccesible un arte más vivo que este rostro en la pintura.
En el retrato el corazón se aclara.
LOS HOMENAJES
En este apartado habrá que destacar la célebre “Oda a Salvador Dalí” que escribiera Lorca. Por otra parte, ya referíamos líneas arriba el caso de Leonardo da Vinci y su homenaje, que va en estas páginas de la mano con un poema de Rubén Darío (“Salutación a Leonardo”); pero también cabe destacar referencias a Rubens (en un poema de Rafael Cadenas) o Cézanne en versos de Villaurrutia, así como tantos otros como Goya, Ticiano y Rembrandt.
Me quedo ahora con un soneto de Severo Sarduy (Cuba, 1937–París, 1993) para celebrar al pintor italiano Morandi:
MORANDI
Una lámpara. Un vaso. Una botella. Sin más utilidad ni pertenencia que estar ahí, que dar a la conciencia un soporte casual. Mas no la huella del hombre que la enciende o que los usa para beber: todo ha sido blanqueado o cubierto de cal y nada acusa abandono, descuido ni cuidado.
Sólo la luz es familiar y escueta, el relieve eficaz; la sombra neta se alarga en el mantel. El día, quedo, sigue el paso del tiempo con su vaga irrealidad. La tarde ya se apaga.
Los objetos se abrazan: tienen miedo.
LOS PAISAJES
Otros versos de esta antología son, literalmente, paisajes que parecieran enmarcados en la memoria del poeta. Destaco uno de Julio Herrera y Reissig (“Claroscuro”), otro de Ángela Figuera Aymerich (“Remanso”), y el que transcribo a continuación de Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926–Barcelona, 1995). El texto obedece a una de sus estancias en Venecia y cautiva, sin duda, porque tiene la gracia de entreverse acompañado como un borrón (dos pinceladas) en esa pintura que nos comparte con su poema:
RIVA DEGLI SCHIAVONI
La ciudad ya no es sino acuarela de sí misma, y vamos como dos pinceladas que no encontrasen sitio entre la niebla.
Lejos queda la isla de San Giorgio, y más lejos los mástiles y torres —pero eso no es aquí, que ya la mano al dejar el pincel ha puesto coto a lo que desde el muelle contemplamos.
LOS MUSEOS
Son pocos registros, pero también hay poemas que se detienen a evocar el tránsito de los poetas entre las galerías de arte y los espacios propios de exhibición pictórica; Enrique Díez-Canedo nos comparte sus “Impresiones de museo”; Hugo Padeletti hace lo propio en el Louvre; Rosario Castellanos conversa ensimismada “Mirando la Gioconda” y, en el Museo del Prado, Jaime García-Máiquez no deja de sonreírse con ironía:
EN EL MUSEO
A veces, observando a la gente ambulante por los lentos pasillos del Museo del Prado, no puedo contenerme y me pongo a su lado para saber qué opina —con un gesto pedante— de un conde, un santo, un dios o de un perro elegante.
Os aseguro que lo mejor que he escuchado son esos comentarios del niño malhablado al mirar una Venus desnuda por delante.
Cuando esa gente huye y en la misma salida afirma ciegamente haberlo visto todo, no haber dejado ni una sala olvidada, me entristezco pensando que hay quien deja la vida jactándose, saciada de eso mismo, de modo que, mirándolo todo, no han contemplado nada.
Dada la diversidad de voces, son alrededor de 150 los escritores antologados (algunos pocos con más de un texto). Queda abierta la invitación para regresar a ciertos poetas y poemas ya clásicos, pero también a sorprendernos con otros menos leídos o con pintores o cuadros hasta entonces al margen de nuestra cultura.
Es normal que, en las preferencias muy personales, seguro hubiera elegido otros poemas para Octavio Paz o rescatar homenajes a pintores como Van Gogh, o cuadros emblemáticos como “El Guernica” (que los hay), pero eso no pasaría de ser un ejercicio ocioso de la memoria y de mis lecturas.
Sobre el libro ya citado, el trabajo de Enrique Andrés Ruiz es muy recomendable y, en efecto, el espíritu fraterno entre poesía y pintura, esas dos hermanas a las que refiere, tienen mucho que decirnos ahora que en abril se ha tenido a bien calendarizar el Día Mundial del Arte.






