“El progreso consiste en renovarse”, aseveraba el filósofo español Miguel de Unamuno; coloquialmente lo entendemos como “renovarse o morir”; así lo asume esta casa editorial, que en días pasados inauguró sus nuevas oficinas en la ciudad: un edificio espléndido para la labor periodística, un espacio con un futuro prometedor para el trabajo crítico y profesional para así proponer una nueva etapa para El Periódico de Querétaro, con mayor presencia en la vida pública del estado.
Es ésta, una casa para el periodismo que se reconoce desde los espacios que construye con las obras de arte que lo acompañan y la memoria que elige preservar. En Plaza de Armas, cada una de esas decisiones responde a una misma convicción, definir identidad y con ello, informar y formar opinión desde una postura clara frente a la responsabilidad que implica la labor de comunicar.
El diseño arquitectónico fue el primer gran acierto. Concebido por el arquitecto queretano Miguel Concha; el edificio que alberga a reporteros, diseñadores, fotógrafos y editores, es un espacio sobrio, que dialoga con el entorno y acompaña la labor que ahí se realiza a diario. En una época acostumbrada al impacto de la inmediatez, esta obra apuesta por la proporción, la luz y el equilibrio, dando lugar a la reflexión, al pensamiento y las ideas.

El segundo y muy significativo acento, ha sido que el Consejo Administrativo y Editorial decidiera abrir sus puertas a sus colaboradores y lectores rodeado de arte. Y más aún, cuando las obras expuestas llevan la firma de Leonora Carrington. Ocho esculturas, provenientes del generoso préstamo de coleccionistas privados, dialogan con el entorno y transforman este micro cosmos en una conversación entre periodismo y arte, así como entre la búsqueda cotidiana de la verdad y la capacidad de imaginación para ampliar nuestra comprensión de la realidad.
El gesto de inaugurar sus instalaciones con una muestra de esta envergadura trasciende lo protocolario: reafirma el compromiso de Plaza de Armas con un periodismo cultural serio, crítico y académico; entendiendo que la cultura ocupa un lugar central de la vida pública. La arquitectura, el arte, la literatura y el pensamiento son formas de entender una sociedad y su contexto.

Ninguna institución que tenga como principal función informar, abrirse al debate y propiciar el dialogo puede construirse únicamente mirando hacia el futuro, también necesita reconocer la historia que la hizo posible. Y es el reconocimiento a la memoria, el tercer y más relevante acierto de Plaza de Armas.
La sala de redacción llevará el nombre de Sergio Venegas Ramírez (El Armero), periodista cuya reciente partida dejó una profunda ausencia entre quienes compartieron con él el oficio cotidiano de informar. Nombrar el espacio en el que diariamente se escribe la crónica inmediata de Querétaro es mucho más que un homenaje; es reconocer que el periodismo se construye sobre personas, sobre conversaciones, sobre generaciones que transmiten experiencia, ética y compromiso. Que una redacción conserve el nombre de uno de los suyos significa que la memoria seguirá trabajando junto a quienes narran los acontecimientos. Ese relato también encuentra continuidad en la historia de Plaza de Armas como proyecto editorial familiar.

En un momento en que la mayoría de los medios enfrentan la velocidad de lo inmediato y la incertidumbre de los nuevos modelos de comunicación, la permanencia de un rotativo construido desde una sólida convicción editorial adquiere gran valor. No solo representa la continuidad de una empresa, sino la de un diálogo sostenido durante décadas con quienes cohabitan desde la historia, el presente y el porvenir en sus páginas.
Don Sergio Venegas Alarcón, piedra fundacional de esta historia, a través de Plaza de Armas ha acompañado la transformación política, social y cultural de Querétaro, haciendo de su esfuerzo como informador un testigo privilegiado de la evolución de nuestro estado. Las nuevas oficinas representan la continuidad de ese compromiso con las generaciones que vendrán.

Quizá ésa sea la imagen que permanecerá con el paso del tiempo: un edificio que se orienta hacia el futuro desde la claridad de su arquitectura; una apuesta por el arte que recuerda que la cultura es parte esencial de la vida pública; un equipo editorial que honra la memoria de quienes dedicaron su vida al periodismo; y un proyecto familiar que decide seguir escribiendo su historia desde el periodismo de fondo.
Las nuevas oficinas de Plaza de Armas abren sus puertas recordándonos justamente eso: que un periódico no solo informa; también construye memoria, forma comunidad y contribuye a que una sociedad se comprenda a sí misma.






