El fotoperiodismo permite mirar de cerca historias que suelen permanecer en la intimidad, pero que permean las emociones e invitan a la reflexión. Muchas veces, hasta al cambio social. Para Patricia Aridjis Perea, fotoperiodista mexicana, hacer fotos no siempre cambia lo que se ve. Sin embargo, cree que el diálogo entre una fotografía y el espectador sí impulsa cambios.
Cree también que las fotografías que ha tomado en sus 30 años de trayectoria son una forma de mirarse a sí misma, de conectar con el dolor ajeno y el propio.
El viernes de octubre en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), su conferencia magistral inauguró la primera edición del Festival de Fotografía ‘Perspectivas 442’ en el estado. Las palabras de la fotógrafa motivaron a jóvenes estudiantes a acercarse más al fotoperiodismo y a la sociedad civil en general a cambiar su forma de apreciar la fotografía y dialogar con ella desde la mirada crítica.
En el trabajo de Patricia Aridjis Perea, las relaciones familiares, las ausencias y las labores de cuidado se convierten en una forma de explorar experiencias que atraviesan la vida de muchas mujeres.
Durante su encuentro con jóvenes, la fotoperiodista mexicana habló de dos proyectos personales que parten de experiencias distintas, pero que comparten una preocupación por los vínculos afectivos: ‘Mis dos madres’ y una serie documental sobre cuidadoras primarias.
La memoria de la orfandad
El primero nació de una historia familiar marcada por dos pérdidas. Aridjis Perea contó que su madre biológica murió cuando ella tenía siete años y que también perdió a su madre adoptiva, fallecida el primero de enero, años después. Ambas madres forman parte de un proyecto fresco que explora la maternidad, las ausencias y las distintas formas en que una persona puede convertirse en madre.
“Tuve esa fortuna de tener una mamá donde nací del vientre y otra donde nací del corazón”, compartió ante estudiantes que acudieron a escucharla.
La muerte de su madre adoptiva la llevó a experimentar nuevamente la orfandad, aunque desde otro momento de su vida. La experiencia, explicó, es dolorosa y constituye el punto de partida de un trabajo en el que vuelve sobre los vínculos que la formaron y las personas cuya ausencia permanece.
La relación entre la vida personal y la fotografía también aparece en otro de sus proyectos, dedicado a las cuidadoras primarias. Aridjis explicó que asumió el cuidado de su madre y de su padre, quien tiene 90 años, y que esa experiencia le permitió conocer de cerca las exigencias de una labor que implica tanto afecto como dificultades cotidianas.
“Es un acto amoroso, pero a la vez es un acto muy difícil”, recalcó.
A partir de su experiencia, la fotógrafa comenzó a documentar historias de otras cuidadoras. Aunque reconoció que también ha encontrado hombres comprometidos con estas tareas, afirmó que la mayoría de las personas que ha conocido en ese papel son mujeres.
En su caso, cuidar a sus padres también significó replantear su propia vida. Aridjis explicó que no tuvo hijos y que, de alguna manera, sintió que había maternado a sus padres, especialmente cuando la enfermedad de su madre hizo necesario atenderla como a una niña.
Su testimonio abrió una ventana a una dimensión del trabajo documental que no siempre se percibe en las imágenes terminadas: detrás de cada proyecto hay experiencias, preguntas y vínculos que pueden llevar a una fotógrafa a mirar su propia historia desde otro lugar.
Estética de la conmoción
La conversación también llegó a la forma en que se construye una mirada fotográfica. Una buena fotografía, para Aridjis, no recae únicamente en la técnica. Es importante, sí; pero no constituye el único criterio para valorar una imagen.
“Yo hablaría de fotografías que nos conmueven”, aclaró.
Para ella, la mirada se desarrolla con el tiempo, la práctica y el contacto con el trabajo de otras personas. También explicó que una imagen no necesita mostrarlo todo: a veces, dejar preguntas abiertas permite generar más emociones que ofrecer respuestas explitas.
Este es el cambio, la conmoción. El diálogo y la invitación a que los ojos de quien aprecia la fotografía, miren más allá de lo plasmado en el soporte.
En los proyectos sobre sus madres y las cuidadoras primarias, la fotografía se convierte así en una vía para aproximarse a experiencias íntimas que también tienen una dimensión colectiva. Las historias de duelo y cuidado pertenecen a quienes las viven, pero también permiten reconocer vínculos, responsabilidades y ausencias que forman parte de muchas otras vidas.
Patricia Aridjis compartió a Plaza de Armas que su cobertura en Querétaro todavía busca un rumbo, aunque, por el trabajo de personas cuidadoras, le gustaría documentar a quienes ejerzan estas labores. “Si hay por aquí (en Querétaro) una cuidadora, podría ser”, planteó.
La conferencia de Aridjis tuvo lugar en el marco de Perspectivas 442, un nuevo festival que busca acercar la fotografía contemporánea a la comunidad universitaria y abrir espacios de encuentro entre fotógrafos consolidados y nuevas generaciones.
“Me encanta el trato con los jóvenes. Me encanta dar talleres; me encanta. Aprendo más de lo que doy, la verdad”, reconoció con una sonrisa en el rostro al finalizar su conferencia.
La recién inaugurada exposición de la fotoperiodista, “Ojos de Mujer Volando”, puede visitarse en el Museo de Arte de Querétaro (MAQRO) hasta el primero de noviembre del presente año. Se trata de una retrospectiva como homenaje a todas las mujeres que le han permitido formar parte de su vida personal y fotográfica. “A través de sus historias cuento la mía”, reconoce.





