Así hoy, como hace 16 años, celebramos el privilegio de informar a nuestros lectores a través de 5353 ediciones y cumplir el proyecto de un nuevo diario con acento local en donde se pudiera encontrar la información más importante, complementada con las mejores plumas de México y Querétaro.
El nombre, PLAZA DE ARMAS, marca utilizada desde hace tres décadas por nuestro director editorial en diversos medios impresos y electrónico, junto con la poderosa imagen de El Marqués de la Villa del Villa del Águila, autor del tricentenario Acueducto, sellarían la identidad de El Periódico de Querétaro, el primero nacido en internet y luego transportado al papel.
En las redes logró El Armero Sergio Arturo Venegas Ramírez, a quien rendimos tributo póstumo, las grandes exclusivas internacionales sobre el secuestro del candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos en 2010 y la recaptura de El Chapo Guzmán en 2016, noticias replicadas en los principales medios nacionales e internacionales, además de su cobertura de los cónclaves para elegir a los papas Benedicto XVI, Francisco y León XIV.
Eso y más ha encontrado y encontrará el lector, objetivo central de nuestro trabajo, en estas páginas porque, como bien decía el ex rector de la UAQ Hugo Gutiérrez Vega, la tarea periodística es un compromiso con la verdad que es camino, proceso y meta de todos los días.
Bien sabía el ilustre “Premio de Literatura Xavier Villaurrutia” que el silencio es fuerte, pero la palabra certera es capaz de iluminar las zonas más oscuras de la condición humana y de la sociedad, aunque a veces afecte a los grupos de poder.
Por eso en esta fecha, como hace 16 años, refrendamos nuestro compromiso con los lectores que nos favorecen con su confianza y agradecemos el apoyo de los compañeros reporteros, redactores, columnistas, editores, diseñadores fuentes de información oficiales, privadas y sociales, anunciantes, impresores, distribuidores y voceadores, así como de los primeros socios que creyeron en el proyecto de un nuevo periódico local sin más límite que la ética profesional y el respeto a los valores tradicionales, las creencias, las preferencias y la pluralidad.
Y aquí seguimos, ¡al pie del cañón!






