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Morena no trae candidato; trae pleito

Desliz

por Gildo Garza
29 junio, 2026
en Editoriales
Carta a Santa Claus: los niños malos de la política queretana
5
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Morena no llega dividida a 2027; llega desnuda.

Sin mando, sin método, sin nadie que ponga orden en la casa antes de salir a tocarle la puerta al PAN.

Lo que pasó esta semana con los registros en Querétaro no fue una demostración de fuerza. Fue una confesión hecha en público, con cámaras y todo. Morena enseñó nombres, no proyecto; enseñó ambición, pero ni rastro de conducción. Y mientras tanto el PAN ya camina, ya opera y ya entendió algo que a Morena todavía se le escapa: que la gubernatura de 2027 no se gana en 2027, se gana este año, el que sigue y el de después, mientras adentro sigue la pelea de quién merece la corona.

Porque ahí está la ventaja brutal del PAN: gobierna.

Y gobernando, bien o mal, trae presupuesto, agenda, obra, alcaldías metropolitanas y una narrativa de estabilidad que se repite todos los días hasta que la gente ya ni la cuestiona, simplemente la da por hecha.

Morena, en cambio, sigue creyendo que la marca nacional alcanza para romper Querétaro sin pisar Querétaro.

No alcanza. Nunca ha alcanzado. Y la postal del registro lo dejó ahí, a la vista de cualquiera que quisiera mirar.

Santiago Nieto se registró en línea. Desde su pantalla, desde su comodidad, como quien manda un correo. De él habrá capítulo aparte.

Chema Tapia se presentó con credencial de Morena en mano, como si el plástico tuviera la facultad de borrar la memoria de todos los demás. Hace apenas unos meses, la propia dirigencia nacional decía que no era parte del movimiento. La quemada se la dio la propia presidenta Claudia Sheinbaum, después de que a Chema Tapia se le señalara por el saqueo al FONDEN y por enriquecerse con contratos en plena pandemia de COVID.

Hoy resulta que sí era de Morena, que siempre lo fue, que todo fue un malentendido.

El que no era, ya es. El que estaba afuera, ya está adentro con todo y reflector. A la militancia de siempre se le exige disciplina y antigüedad; a los recién llegados, con tal de que sumen, se les abre la puerta sin hacer preguntas.

Ricardo Astudillo llegó cobijado por el Verde, y sería una tontería subestimarlo: el PVEM pesa, negocia y sabe mover una elección cerrada cuando le conviene. Pero Astudillo arrastra también su bolsita, y no es pequeña: a ratos la soberbia le gana al oficio, y eso se nota hasta en cómo trata a quienes lo ayudan. Si quiere jugar en grande, primero tendrá que entender que una candidatura no se construye quedando bien en la foto y fallando en el cuarto de atrás.

Y luego, como siempre, Gilberto Herrera volvió a ser Gilberto Herrera: el aprendiz de brujo de cada elección. Se registró y, en automático, sacó la cargada: beneficiarios, colonias, gente de Cadereyta, los grupos de siempre, todos puestos ahí para arroparlo como si llegara en hombros a salvar al pueblo que él mismo dice representar.

Eso es lo que a Herrera le gusta de la política: la escena, la porra programada, el aplauso dirigido, la fantasía de que sin él no existe Morena ni existe la gente.

Pero una cargada no es una candidatura, por más que la disfracen de plaza llena. Y la etiqueta de #CeroChambas no le cayó del cielo: se le quedó pegada porque, detrás de tanta consigna y tanta pose de iluminado, sigue faltando lo único que de verdad cuenta: resultados que sumen votos fuera de su corral de siempre.

En medio de tanto ruido, los únicos que se vieron serios bajo el proyecto 4T, fueron Luis Humberto Fernández y Beatriz Robles. Luis Humberto llegó con técnica, territorio y una lectura política aterrizada, sin necesidad de vender humo ni improvisar discurso. Su tarea, la de siempre para los perfiles serios, será convertir esa seriedad en algo que también emocione, porque en campaña la razón rara vez gana sola.

Bety Robles, con todas sus cargas a cuestas, apareció más ordenada que la mayoría: tiene estructura, relación con el centro y la paciencia que a otros les falta. Puede no gustarle a todos, pero no se ve perdida, que ya es más de lo que se puede decir del resto.

Astrid Ortega también se registró, aunque su caso pesa distinto al de los demás.

Se le acabó la comodidad de la licencia, y con ella, el beneficio de la duda. Si quiere competir, va a tener que volver a Cadereyta como candidata y como alcaldesa al mismo tiempo, sin poder esconderse en ninguno de los dos papeles. Y Cadereyta no es sala de espera de nadie: ahí hay inseguridad, reclamos, desgaste y ciudadanos que no viven de discursos sucesorios ni se conforman con promesas para después. Astrid no puede pedir Querétaro si todavía no termina de responder por su propia casa.

Mario Mauro, Agustín Hernández y Laura Polo completan la fotografía, más como comparsa que como protagonistas. Pueden sumar votos, hacer ruido o negociar algo en el camino, pero hoy ninguno aparece como un polo capaz de poner orden en una sucesión que nació, desde el primer día, sin árbitro y sin reglas claras.

El fondo es brutal y no admite maquillaje: el PAN trae gobierno, estructura y tiempo de su lado. Morena trae aspirantes, pleitos viejos y facturas internas que nadie ha pagado.

No es que la elección se le venga encima a Morena.

Es que la sucesión ya le explotó en la cara, y todavía no se ha dado cuenta de cuántos pedazos quedaron tirados.

Colofón.

Ahora sacan unas órdenes de compra, de la celebración de Los Arcos y los quieren vender como la gran investigación contra Felifer Macías.

Nada nuevo: al puntero siempre le van a pegar.

Los documentos son públicos, nadie los escondió. Lo que hay es un intento torpe de envolver costos de artistas, montaje y logística con celofán de escándalo. Eso se revisa y se discute, sí. Pero de ahí al Watergate queretano hay un tramo que no cierra.

Un alcalde no carga en la cabeza cada línea del presupuesto de cada evento; para eso están tesorería, comités y comprobaciones. Es como pedirle a un abogado que sea contador de memoria.

Hasta ahora lo que exhiben no es corrupción: es mala lectura, o narrativa a la medida…

Mientras tanto, el Zona Fest en el Corregidora mostró músculo de calle: pantallas, ambiente mundialista, familias enteras. Felifer respondió después de la tormenta: boletos agotados, el espacio sigue hasta la final, artistas reprogramados. Trae calle, trae gente, trae vitrina diaria rumbo a 2027.

Y eso es lo que les duele: que mientras unos arman expediente con retazos, Felifer llena cancha y marca el paso.

Sigamos con los sobres amarillos tamaño Camacho Solís, parece que les ardió mucho.

Chiste local.

A chambear.

@GildoGarzaMx

Etiquetas: candidatoELECCIONESMorenaPAN

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