Los lectores me preguntan si practico el surrealismo y, en su caso, que dé un ejemplo de mi práctica personal. Respondo. Cuando era niño ¡Ahuu!, una costumbre de la educación era que los niños, ante las visitas, en forma poco espontánea, dieran prueba de inteligencia precoz. Nos preguntaban: ¿Cómo hacen los gatos? Uno respondía “Miau”. ¿Y los perros “Guau”? Mi padre descubrió que era una prueba bastante boba y entonces me hizo que ante las visitas cantara: “Mi caballo bayo” o “Rosita Alvírez”. Aunque no sabía nada de surrealismo, me gustaba repetir el pasaje: “Rosita estaba de suerte, de los tres tiros que le dieron, sólo uno era de muerte”. Algo del surrealismo se me pegó, ahora, y algunos lectores al saber la causa podrán decir, al terminar la lectura de los Jicotes: ¡Con razón! Les confieso, al escribir mis textos tarareo la siguiente canción: “A veces me siento y pienso. Y a veces… nomás me siento”.






