A cuarenta años de México 86, releer México 86: Mi Mundial, de Diego Armando Maradona, editado por Editorial Planeta, es volver a pisar el Azteca, un 29 de junio. Porque si algo deja claro el libro, es que ese Mundial no se entiende sin su final.
Maradona no escribe para la estadística. Escribe para el que sintió el vértigo. Cuenta cómo vomitó antes de salir del túnel, cómo Mattäus no le despegó la marca, cómo el silencio cayó en el Azteca cuando Alemania empató 2-2 en seis minutos. Y cuenta sobre todo ese pase. Minuto 83, campo abierto, Burruchaga solo. Un toque de zurda que no fue gol, pero valió una Copa. “Yo no la metí, pero hice que la metieran”, dice Diego en el libro, con la humildad del que sabe que el 10 no solo juega: hace jugar.
Este libro rescata esa voz sin filtro.
Diego habla de Valdano, de Brown, del error que casi cuesta todo. Habla de cómo Alemania era una máquina, de Rummenigge, de
volver y de cómo, cuando el partido olía a tiempo extra y a tragedia, apareció él. No para de gambetear. Para pensar. Para regalar la asistencia más importante de su vida.
Esa final no fue perfecta. Fue sufrida, a contracorriente, ganada con el corazón, como dice el tango. Y México fue testigo desde Querétaro y en todo el mundo miles de fanáticos se reunieron frente a un televisor para ver a un argentino volverse mito en suelo mexicano. El Azteca fue altar; nosotros, sin saberlo, fuimos parte de la historia.
Hoy, con el fútbol lleno de poses, leer a Diego es urgente. Porque esa final no la explican los resúmenes. La explica él. Y nos recuerda que las Copas no las levantan los equipos: las ganan los hombres que se niegan a perder, como aquel 10 que en México 86 jugó como si el fútbol le debiera algo.
El espíritu de Maradona rondará en el alma, y en el corazón de los argentinos bajo el liderazgo de la Pulga, Messi, el próximo domingo en la final del campeonato mundial 2026. Entre España y Argentina.
Cabalístico. Aunque son dos potencias campeonas del mundo, solo se cruzaron una vez en el Mundial de Inglaterra 66. Le ganaron los argentinos a los españoles 2-1. Será este el marcador del domingo y la furia española podrá doblegar a la argentina de Messi. En México, la afición está con los españoles, porque los argentinos han sido nuestros verdugos en los Mundiales.
Maradona siempre estará presente en los Mundiales. Porque mientras en cualquier barrio del mundo un niño siga soñando con dar un pase de gol en una final, la verdad de México 86 seguirá viva. Y esa final tiene sello. Maradona l.






