MÁS EVANGELIZACIÓN, SE PROPONE EL OBISPO

Que sea el tiempo de una gran oportunidad para que, con renovadas fuerzas, continuemos con la misión permanente que es la forma privilegiada de ser Testigos del Señor, proclamó el Obispo Faustino Armendáriz. FOTO: DIÓCESIS DE QUERÉTARO

En su mensaje de Pascua a todos los fieles de la Diócesis el IX Obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez, pidió que frente a la maldad humana y ante el rechazo a Jesús, se revitalicen y dinamicen los procesos evangelizadores en nuestras parroquias, sea el tiempo de una gran oportunidad para que, con renovadas fuerzas, continuemos con la misión permanente que es la forma privilegiada de ser Testigos del Señor. No perdamos la alegre oportunidad de ir ‘corriendo’ en busca de nuestros hermanos para compartir nuestra fe.

Al exaltar el día santísimo de la Pascua del Señor resucitado y citando el Evangelio, proclamó: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo para ser mis testigos en Jerusalén y en todos los confines de la tierra». (cf. Hch 1, 8).

En cuatro puntos condensó el pastor de la grey católica su convocatoria en el Domingo de Resurrección.

1. Llegue a todos, el eco esperanzador que la Iglesia proclama en la noche santa de la Resurrección: ¡Cristo ha Resucitado! Pues en este día tan solemne, todos los bautizados revivimos la experiencia de María Magdalena, que con el corazón lleno de tristeza y desilusión llora ante el sepulcro del Señor, en ese lugar desierto, oscuro e inundado de silencio, es donde ella tiene un encuentro con el Resucitado, un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la Bondad y la Verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí por qué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. «Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad.

2. Este encuentro con el Señor Resucitado, da paso a que ella (María Magdalena) se convierta en testigo de una Esperanza Nueva, en efecto después de tener la experiencia con Jesús Resucitado, Ella corre hacia los otros discípulos, que al igual que ella habían sufrido la experiencia desalentadora de la Cruz, pues con la muerte de Jesús, todo parecía haber terminado, el proyecto de vida ofrecido era una ilusión, ideas bonitas pero que al final parecían fracasar. Pero ella discípula misionera con el corazón desbordante de alegría ‘corre’ y Anuncia: «He visto al Señor» (Jn 20,18).

3. Los discípulos del Jesús, nosotros los bautizados, hemos visto como el mundo rechaza la propuesta de Vida que Jesús vino a Proclamar, al igual que hace dos mil años, Jesús hoy es rechazado: El Amor en persona intenta ser sometido a la maldad humana, la Verdad escarnecida por la mentira, y la Misericordia injuriada por la venganza. Pero en esta sociedad liquida la Esperanza no puede dejar de brillar, antes bien, en medio de la oscuridad del mal, debe hacer un contraste que la distinga con facilidad. En efecto, Cristo que parecía derrotado en la Cruz, pasando por las lacerantes lanzas de la autosuficiencia e indiferencia de la sociedad, golpeado por el látigo dominador de la mentira, el orgullo y la violencia, Él se ha abierto paso, a pesar de que aún existen momentos en el que la fe parece no tener sentido: cuando las tinieblas invaden la tierra, y el silencio de Dios es total, cuando la esperanza parece una palabra vacía. Es cuando la voz de los discípulos-misioneros de Jesús Resucitado, debemos proclamar con alegría que Cristo vive inmortal y glorioso, y de ellos nosotros somos Testigos.

4. Para eso Dios nos ha donado su Espíritu: Recibirán la fuerza del Espíritu Santo para ser mis testigos en Jerusalén y en todos los confines de la tierra. (cf. Hch 1.8). Es mi deseo que estas solemnes fiestas de Pascua, todos nosotros renovemos nuestro encuentro personal con Cristo Resucitado, pues solo una experiencia viva y constante con el Señor, nos habilitarán para dar Testimonio al mundo de lo que llevamos en nuestro corazón. Hoy la sociedad reclama de cada uno de nosotros ser paginas vivas el Evangelio del Señor, hoy tenemos la delicada y alegre responsabilidad de ser Testigos que proclamen al mundo: «Hemos visto al Señor».

5. Que la Efusión del Gozo Pascual, revitalicen y dinamicen los procesos evangelizadores en nuestras parroquias, sea el tiempo de Pascual una gran oportunidad para que, con renovadas fuerzas, continuemos con la misión permanente que es la forma privilegiada de ser Testigos del Señor. No perdamos la alegre oportunidad de ir ‘corriendo’ en busca de nuestros hermanos para compartir nuestra fe.

Finaliza el Obispo Faustino: De corazón les imparto mi Bendición. Felices Fiestas Pascuales. Dado en la Ciudad episcopal de Santiago de Querétaro, Qro., Domingo de Resurrección, 21 de abril de 2019. Año Jubilar Mariano.

POR: FERNANDO VENEGAS

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