MARTHA ANAYA / EMBARRADOS

ALHAJERO

El silencio de Eduardo Medina Mora para explicar las “graves” razones que lo llevaron a renunciar como ministro de la Suprema Corte, terminó por embarrar a múltiples actores políticos. De ayer y de ahora.

Y valga decirlo de una vez: no hubo una sola voz –ni siquiera del PRI-, que saliera a defender al ex secretario de Seguridad Pública, ex director del Cisen, ex embajador de México en Washington.

¡Todo lo contrario! Lo zarandearon por todos lados y hasta demandaron -en voz de Germán Martínez- se active la investigación en su contra por los sucesos de Atenco, tal como lo ordenó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Pero, decíamos, no sólo a Medina Mora le llovió ayer desde la tribuna del Senado por su historial y su silencio:

Se va en la misma burbuja de descontento con la que llegó, más la ignominia y la vergüenza de no querer venir a explicar por qué renuncia –diría la senadora Malú Micher. ¿Qué cola trae este señor? ¿Se muere de vergüenza o le importa un comino esta soberanía?

Los propios senadores, sus antecesores, fueron recriminados por haber votado a favor de su nombramiento como ministro de la Corte hace cuatro años, aun a sabiendas de su “cuestionada” trayectoria, como también apuntó la petista Geovanna Bañuelos.

Y a los actuales, los que ocupaban ayer mismo los escaños en el Pleno, fueron señalados por los de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda y Samuel García, en el sentido de que si había motivos suficientes para cuestionar la honradez del ministro, “se debió haber acudido a un juicio político para que diera la cara”.

Gustavo Madero, del lado de Acción Nacional, apuntaría a la responsabilidad que le correspondía al Presidente de la República en esta situación: “Si simplemente se acepta la renuncia y se da carpetazo, sería cerrar el círculo de impunidad que queremos combatir”. De ahí que solicitara a la Presidencia de la República “nos diga cuáles son las causas graves para que le aceptara la renuncia”.

Pero la peor parte se la llevarían los ministros que aún permanecen en la SCJN. Cortesía, sí, del moreno Félix Salgado Macedonio, quien sin el menor reparo acusaría:

“Eduardo Medina Mora encabezaba una banda de delincuentes en la Suprema Corte…, y siguen ahí algunos ministros y jueces sospechosos. El Poder Judicial tiene que sacudirse ese tipo de ministros… ¡Faltan más! ¡Faltan otros! Y seguramente irán poniendo sus renuncias porque están muy embarrados y no van a aguantar”.

Bueno, hasta Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, fue reconvenido por el senador Emilio Álvarez Icaza por andar “ventilando” en medios la investigación contra el exministro. ¡Salpicadero, pues!

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GEMAS: ¡Merecidísimo! Va para doña Rosario Ibarra de Piedra -férrea luchadora por los desaparecidos desde los tiempos de la Guerra Sucia en que perdió a su hijo- la Medalla Belisario Domínguez este año.

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