Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

El fraude del 88 (I)

El tema ya lo han vuelto a poner sobre la mesa algunos de sus protagonistas –Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Bartlett particularmente-: El fraude que se cometió en las elecciones presidenciales de 1988.

A 29 años de distancia la pregunta no es si el PRI-gobierno de aquel entonces cometió fraude en aquellas elecciones presidenciales que disputaron Carlos Salinas de Gortari por el PRI, Cuauhtémoc Cárdenas por el Frente Democrático Nacional, Manuel Clouthier por el PAN y Rosario Ibarra por el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Y no es esa la pregunta central, porque desde entonces, desde 1988, todos supimos –vimos y atestiguamos de muy diversas maneras- que se había cometido un gran fraude.

La duda es –y lo era desde entonces- el tamaño del fraude: ¿Qué tan grande fue?

-¿Fue tan grande que realmente el ingeniero Cárdenas le ganó la Presidencia de la República a Salinas?

-¿O fue “no tan grande”, como llegó a reconocer el propio Miguel de la Madrid?, y en realidad lo que el PRI había perdido –y que arrebataron-, fue la mayoría en el Congreso (pero que la Presidencia si la habrían logrado mantener).

A la fecha, no hay manera de probar ni una, ni otra.

No hay manera de probarlo porque las boletas electorales de aquella elección fueron quemadas en el último año del sexenio de Salinas con la aprobación de los panistas, encabezados por Diego Fernández de Cevallos, quien para entonces se había convertido en un asiduo a Los Pinos.

Los cardenistas, historiadores y un buen número de ciudadanos pidieron que al menos se guardasen las boletas para que, al menos en alguna fecha posterior de la historia, se llegara a saber quién ganó realmente las elecciones del 88.

Pero el panismo –gran beneficiario del fraude en ese sexenio- junto con los salinistas y el priismo duro, prefirieron guardar el secreto y convirtieron en cenizas las boletas.

Salinas nunca ha reconocido una posible derrota en esa elección que lo llevó a Los Pinos. Defiende su “triunfo” alegando que las actas distritales están ahí, en el Archivo de la Nación, y que pueden revisarse y ver que él ganó.

Sólo que no hay nadie serio que crea en esas actas.

En el imaginario colectivo, en la historia hablada y en aquella que se cuenta en las veredas y los pueblos, la historia del 88 habla del “fraude electoral”, de la “caída del sistema” y del triunfo de Cárdenas en la elección presidencial.

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GEMAS: Intercambio de tweets a propósito de las elecciones de 1988: De Felipe Calderón para el ex secretario de Gobernación Manuel Bartlett: “Otra purificación Morena: Barttlet (sic) suspendía el conteo de votos en el que ganaba Cárdenas. Hoy santo varón del peje”.

De  Bartlett a Calderón: “Hipócrita; él, Salinas y Fernández de Cevallos quemaron los paquetes electorales del 88. Defraudadores”.

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