Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Claudia (también) hace historia

Claudia Sheinbaum ha quedado inscrita en la historia de nuestro país como la primera mujer electa por el voto de la gente, que gobernará la capital de la República.

Pero no sólo eso, bajo los colores de Morena y de la mano de Andrés Manuel López Obrador, rindió el que fuera el gran bastión del PRD durante 21 años, dándole ayer el cerrojazo con señalamientos de “corrupción” y de “traición” a la democracia”, al sol azteca y al último de sus gobernantes electo bajo sus siglas: Miguel Ángel Mancera.

Cuauhtémoc Cárdenas, quien arrebatara al PRI el poder de la capital del país en 1997 y fuese su primer gobernante de izquierda, era ayer –junto con otros grandes gobernantes del DF, como Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard– testigo ilustre de esta nueva página. Pero el más contento de los presentes en la sede del Congreso de la CDMX, era sin duda el Presidente de la República. López Obrador lucía orgulloso escuchando a Sheinbaum, le aplaudía constantemente, la miraba con profundo cariño y hasta le levantaría el brazo al término de su mensaje a manera de triunfo. Cierto que Claudia es la consentida de Andrés Manuel. Nada era gratuito. La nueva jefa de Gobierno leyó pausadamente, a lo largo de 35 minutos, un discurso espléndido: preciso, directo, fuerte, simbólico, emotivo. Comenzó por los señalamientos al abandono del servicio público y a la democracia, a un gobierno que se dedicó al espionaje político, en el que regresó la corrupción, que privilegió el interés clientelar y la ganancia inmobiliaria sobre el interés público. Los primeros aplausos los arrancó cuando mencionó justicia en los feminicidios, y cuando aseguró que los damnificados del sismo dejarán de convertirse en deudores de la banca y que recibirán apoyos directos para la reconstrucción. AMLO aprobaría con movimientos de cabeza, el anuncio de que se triplicará el presupuesto para agua y drenaje. Diputados locales, federales, senadores, alcaldes, (algunos) miembros del gabinete –Olga Sánchez (Segob), Javier Jiménez Espriú (Comunicaciones), Miguel Torruco (Turismo)- e invitados especiales como Elena Poniatowska no dejarían de sorprenderse ante el anuncio de su primera medida de Gobierno. Se remontó Claudia Sheinbaum a 1968. A la advertencia del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz al movimiento estudiantil antes de la masacre de Tlatelolco: “He sido tolerante hasta excesos criticado, pero todo tiene un límite…”. Dicho lo anterior, anunció: “En cumplimiento de una de las demandas del movimiento estudiantil de 1968 y en la facultad que me otorga como jefa de Gobierno la Constitución Política de la Ciudad de México, he pedido al secretario de Seguridad Pública la desaparición definitiva del cuerpo de Granaderos”. La ovación se desgranó en el recinto de Donceles. Así escribiría las primeras líneas de esta nueva etapa en la historia de México-Tenochtitlán.

GEMAS: Obsequio del panista Juan Carlos Romero: “Estoy convencido de que el problema mayor de nuestro país es un problema de la quiebra del alma, de las instituciones y de los valores”.

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