Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Peña Nieto destrozó al PRI, pero seguirá controlándolo

Militantes priistas de raigambre resumen en un par de frases lo que fue su relación con el Presidente de la República durante estos seis años que volvieron al poder y la relación que demandó a su vez el mandatario mexiquense hacia el partido:

“Enrique Peña Nieto buscó recrear el presidencialismo de Gustavo Díaz Ordaz y de Luis Echeverría (definiendo directamente al Candidato presidencial) y exigió del partido subordinación al Presidente al estilo mexiquense.

¡Terminó destrozándolo!”

Tienen muchas preguntas. Pero hay dos de fondo, importantes, que buscan respuesta:

-¿Qué pasó después de haber ganado la Presidencia en el 2012 para que tuvieran que ir con un candidato ciudadano en esta elección?

-¿Y por qué se regresó a la cooptación de la candidatura presidencial del PRI?

Recuerdan que desde que se definió la candidatura presidencial en 1981-82, el famoso “dedazo” comenzó a hacer agua. Baste recordar la renuncia de Javier García Paniagua a la presidencia del PRI el mismísimo primer día de la campaña de Miguel de la Madrid.

Lo que ocurrió en 1987-88 fue aún más grave. Los integrantes de la Corriente Democrática (que rechazaban el “dedazo” y pedían una elección democrática de su candidato presidencial) terminaron saliendo del PRI, con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo a la cabeza.

En 1994 fue aún peor. La decisión presidencial a favor de Luis Donaldo Colosio provocó el llamado “berrinche” de Manuel Camacho Solís y, más tarde, por razones aún extrañas, ocurrió el asesinato del candidato presidencial priistas.

Fue en razón de todo ello que en 1996 los priistas metieron los famosos “candados” para que sólo pudieran ser candidatos presidenciales del PRI sus militantes y hubiesen participado además en algún cargo de elección popular.

Y en el 2000, con Francisco Labastida se dio el cerrojazo a aquella historia.

Pero al regresar el PRI a Los Pinos con Enrique Peña Nieto –cuya candidatura se forjó con el apoyo de los gobernadores del tricolor-, el mexiquense, ya como Presidente de la República, buscó recrear el presidencialismo de los tiempos más duros y demandó la subordinación del partido.

Valga ver tan sólo la cantidad de dirigentes del PRI que han pasado durante su gobierno y que él ha confirmado y atestiguado como “primer priista” del país:

César Camacho, mexiquense, el que más duró en el cargo: tres años. Manlio Fabio Beltrones, víctima de traiciones palaciegas, renunció a los 10 meses; Carolina Monroy, dejó el encargo contra su voluntad a los 20 días del encargo; Enrique Ochoa –a partir de aquí todos fueron por prelación-, quien no tenía la menor idea de lo que era el PRI, preparó tan mal la elección presidencial que fue obligado a renunciar a los diez meses (dos antes de la jornada electoral); René Juárez llegó a “salvar” lo posible. Es decir, prácticamente nada. Renunció a los 75 días porque, diría, la Presidencia del PRI requiere un trabajo “de tiempo completo” (él prefirió la diputación).

Claudia Ruiz Massieu quedó al frente entonces. Hoy será ratificada para concluir (en septiembre del año entrante) el periodo que le correspondía a Beltrones.

Es la sexta dirigente del PRI en los seis años de gobierno del mexiquense (la quinta en los últimos tres años).

Pero si contamos la cantidad de Presidente del PRI que ha impulsado Peña Nieto, habría que anotar a otros tres: Humberto Moreira, Pedro Joaquín Coldwell y Cristina Díaz.  ¡Nueve en total!

¡Y se lo permitieron! Pero por si fuera poco, hoy de nueva cuenta se queda con el control del partido.

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GEMAS: El Alhajero se toma unos días de descanso. Nos reencontramos en estas páginas el lunes 3 de septiembre.

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