Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Con el tigre suelto (1)

No habían pasado ni 15 días de las elecciones de julio de 1988 –el año en que calló y se “cayó” el sistema- y las protestas contra el fraude electoral iban en aumento. Si Manuel J Clouthier asombraba con su marcha, Cuauhtémoc Cárdenas no sólo llenaba el zócalo sino que lo desbordaba.

El Secretario de la Defensa Nacional, Juan Arévalo Gardoqui, ordenó redoblar la seguridad en torno al Presidente de la República, Miguel de la Madrid y del candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, así como de los edificios públicos emblemáticos: el Palacio Nacional, en primer término.

La preocupación del gobierno crecía la par de las protestas en las calles. Percibían que la situación estaba cerca de salirse de control, que “el tigre” estaba por abandonar su jaula.

Manuel Camacho Solís, entonces operador de Salinas, buscó a Porfirio Muñoz Ledo, brazo derecho de Cárdenas en el Frente Democrático Nacional y a José Luis Salas Cacho, coordinador de la campaña de “Maquío”, candidato del PAN, para buscar una salida a la situación y advertirles:

-Oigan, tengan mucho cuidado en las manifestaciones porque se les pueden salir de control. Hay muchos otros intereses que a lo mejor ustedes no saben ni conocen. Tu sí, Porfirio, porque tú estuviste por acá, pero son intereses que se pueden infiltrar y esto puede terminar en algo peor que el 68.

Salas Cacho –según nos contó él mismo para el libro 1988 El Año que Calló el Sistema- le respondió al enviado de Salinas que “no podíamos dejar de convocar a las marchas porque estaba muy enojada la gente, y si no le dejábamos manifestar ese enojo, se iría por otro lado”.

Esa vez, Camacho no logró su cometido. Pero siguió insistiendo. Volvió a buscar al coordinador del sinaloense. El priista fue más explícito en el porqué de su planteamiento. Una advertencia hacia lo que podría ser ocurrir con otros “tigres” sueltos, los “tigres” del sistema:

-Tú no conoces los poderes que están abajo del sistema –le dijo-, tienes narcotráfico, tienes la guerrilla, tienes el ejército, tienen los propios grupos de poder del PRI, tienes los gobernadores, las centrales obreras, las Iglesias… Todos estos poderes juegan y juegan presionando al sistema. Entonces, si no hay quien los conduzca y conozca, no hay manera de controlarlos. Yo lo que les quiero decir es que esto se puede ir a un derramamiento de sangre, a un golpe de Estado…; la guerrilla o el narcotráfico pueden salirse de control.

Después de esa conversación, Salas Cacho fue a ver a Clouthier.

El Maquío aceptó reunirse con Camacho y escuchar personalmente lo que los salinistas advertían podría pasar. Pero ni así quedó convencido el ex Presidente del Consejo Coordinador Empresarial y candidato presidencial del PAN.

“Nosotros vamos por la anulación de la elección”, soltó con su vozarrón Clouthier ante dos rostros que palidecieron al oír su determinación: el propio Camacho Solís y Luis H Álvarez, presidente de Acción Nacional.

Impacientes, los “tigres” de uno y otro lado, daban vueltas en sus jaulas.

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