Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Fue teledestape

El dirigente nacional del PRI los citó temprano en las oficinas del partido. Convocados estaban los secretarios del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y los líderes de los sectores (actualmente son ocho). Las diez de la mañana era la hora esperada. Ante una gran pantalla, los priistas –encabezados por Enrique Ochoa Reza- aguardaban la transmisión del mensaje que daría el presidente Enrique Peña Nieto en Los Pinos. Para todos era claro que había llegado el momento del“destape”. Sólo les faltaba corroborar el nombre del Elegido. Recibir la señal de los mismísimos Pinos. Aguardaron casi una hora. En el Salón Adolfo López Mateos ocupaban lugares de honor los familiares del hasta ese momento, secretario de Hacienda (su padre don Dionisio, su esposa Juana y hermanos) hasta que finalmente apareció Peña Nieto.

Y junto con él, un José Antonio Meade en cuyo rostro se reflejaba la felicidad. Lo que siguió –tanto en Los Pinos como en el PRI- fue escuchar al Presidente anunciar la renuncia de Meade a Hacienda, colmarlo de elogios y luego “desearle el mayor de los éxitos en el proyecto que ha decidido emprender…”. Así, de esa manera tan críptica y sutil, Peña Nieto enviaba la señal de humo blanco a Meade. En cuanto terminó la transmisión del mensaje presidencial, el Presidente del PRI se volvió hacia sus invitados –los miembros del CEN y de lo sectores- y en pocas palabras Ochoa Reza les dijo: Ya vieron…, este es nuestro candidato; ahora cada quien haga lo que tiene que hacer…

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LOS AMIGOS DE MEADE.- En Los Pinos, los aplausos hacia el elegido se alargaban. No hubo necesidad de que Peña Nieto dijera formalmente que Meade sería el candidato del PRI. Todos lo sabían (unos desde días atrás, otros fueron avisados la noche anterior) y como tal fue recibido. Entre los asistentes estaban colaboradores y amigos como Mikel Arreola, Vanesa Rubio, Miguel Messmacher, Eduardo del Río, Gabriel Garza. Sin olvidar a José Antonio González Anaya (su sucesor en Hacienda) y Carlos Treviño (nuevo director de Pemex).

Otros más lo aguardaban en el camino y a su paso en cada uno de los sectores del tricolor –la mejor recepción fue la de la CNOP-, o bien le enviaban mensajes entrañables Augusto Gómez Villanueva, José Ramón Martell, Mariano González Zarur, José Yunes, Heriberto Galindo, Gerónimo Gutiérrez, Salvador Arriola, Ernesto Cordero, Daniel Karam.

A Luis Videgaray pocos se atrevían a mencionarlo. No sólo por haber “destapado” a Meade antes de tiempo (lo que provocó que se apresuraran las cosas), sino porque en el mensaje de Peña éste tuvo un lapsus y en lugar de referirse a “la renuncia del secretario de Hacienda” dijo “la renuncia del canciller…”

Error que notó de inmediato el propio Presidente y corrigió entre risas, a sabiendas de que esto sería “nota”. Pero lo que sí corría entre los chats de los priistas, era esta frase: “El ‘despistado’ era el Presidente…; el que sí sabía quién sería el candidato era Videgaray”.

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