Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Comienza el ocaso para Enrique Peña Nieto

Quinto año de Gobierno. Quinto Informe Presidencial. No importa cómo se celebre –si ante el Congreso o frente a un público escogido en el patio del Palacio Nacional-, el hecho es que al arrancarse del calendario esa fecha, otro México nos espera.

Porque el quinto Informe, en el calendario político de nuestro país, significa dos cosas:

-Por un lado, es el último acto republicano el que el jefe del Ejecutivo se muestra con todo el poder que le da llevar cruzada al pecho la banda presidencial.

-Por el otro, anuncia que pronto, muy pronto, las miradas se volverán hacia alguien más, hacia el posible sucesor.

Ocurría cuando el PRI era partido hegemónico. Pero también con el PAN en Los Pinos. El quinto Informe, en ambos casos, ha llevado tras de sí el anuncio del declive del poder en turno y el anuncio de nuevos tiempos.

Decía José López Portillo que con el Quinto Informe comienza la puesta de sol, “se asiste al ocaso; se siente que otro sol va a nacer”.

Y es que a partir de ese momento, en la clase política, no hay quien piense en otra cosa –de por sí las ansias están desatadas desde hace rato-; y la presión de los distintos grupos para que el Presidente de la República señale ya al ungido, se hace más y más fuerte.

Algunos mandatarios han logrado contener la fuerza de las cargadas. Pero no mucho. La mayoría de los “destapes” de los últimos sexenios han tenido lugar entre finales de septiembre y mediados de octubre. Noviembre cuando más.

Hay un “ambiente enrarecido” en esas fechas, describió Miguel de la Madrid, porque allá abajo suele darse “una guerra de baja intensidad” entre los precandidatos y sus grupos de apoyo.

Así era en sus tiempos, los 80’s. Pero las cosas no han cambiado tanto. ¡Por supuesto que el ambiente está enrarecido! ¡Y claro que hay una guerra de baja intensidad entre los aspirantes!

Lo diferente, quizás, es que esto comenzó, con fuerza y de manera abierta, mucho antes. La renuncia de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia del PRI, hace un año, sería una de sus manifestaciones.

Hoy esa “guerra” –como hace 30 años- ha vuelto a enfrentar en el priismo a dos bandos claramente distintos y distantes: los políticos y los tecnócratas.

El PRI obsequió a Enrique Peña Nieto la apertura de candados para que en su baraja sucesoria pueda incorporar precisamente, bajo el manto de “ciudadanos simpatizantes” al equipo tecnócrata que le ha acompañado a lo largo del sexenio, bajo la tutela de Luis Videgaray.

Con ese trofeo en las manos, el Presidente de la República llega y se presenta a su quinto Informe. Triunfo que anuncia a la vez que ha llegado la hora de empezar a decir adiós.

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Gemas: Obsequio de Luis Donaldo Colosio poco antes de ser postulado candidato del PRI a la Presidencia: “El pueblo ya no permitiría que las decisiones regresen a los escritorios, a las burocracias o a las cúpulas.”

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