MARICRUZ OCAMPO / Y LA CULPA NO ERA MÍA

VOCES DE MUJERES

El patriarcado es un juez/que nos juzga por nacer/y nuestro castigo/es la violencia que no ves

El 25 de Noviembre se viralizó lo que se convertiría en cosa de días en un nuevo grito de batalla del feminismo. La canción “Un violador en tu camino” de la colectiva chilena LaTesis llegó a todos los rincones del planeta en una réplica mundial que se escuchó en países de Europa, Asia y América. El 29 de noviembre, en plazas, parques, escuelas, universidades, paradas de autobús y del metro miles de mexicanas, colombianas, españolas, argentinas, uruguayas, niñas, jóvenes, mamás con bebés en brazos y abuelas con nietas de la mano, armaron la coreografía y repitieron la letra con adaptaciones regionales para señalar, en cada lugar, a las autoridades que han contribuido a perpetuar la violencia contra las mujeres.

Es feminicidio/impunidad para mi asesino/es la violación/es la desaparición

Debido a las marchas donde las expresiones de enojo han sido manifiestas con pintas y vidrios rotos, muchas personas han volteado finalmente a ver los reclamos de millones de mujeres, algunos desde un análisis profundo de la situación que guarda la violencia y discriminación contra las mujeres en México y el resto de nuestro continente; otros desde una enorme superioridad moral y llenos de indignación por las expresiones inapropiadas de “esas mujeres” han dicho “así no, esas no son las formas, no pueden y no deben manifestarse así .” Muchos más compartieron mensajes increiblemente vulgares que no pienso repetir aquí, no por censura, sino por su falta de ingenio y exceso de violencia. Por eso no me sorprende la aprobación ante la protesta cantada y bailada de las jóvenes:  “Así deberían actuar, no como las malditas feminazis”, “esas sí son mujeres no como las que enseñan las tetas y todo destrozan”, “esas mujeres sí me representan”.  Me da mucha pena romperle a algunos su nueva fantasía pero quiero compartirles un secreto, las jóvenes que vieron bailar en los videos son las mismas que como expresión de su indignación han tirado brillantina, han marchado con tambores, y si, incluso han pintado monumentos y estrellado vidrios.

Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía

Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía

Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía

Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía

La lucha por nuestros derechos, los de las mujeres y las niñas, ha tenido muchas formas de manifestación algunas totalmente ordenadas, otras silenciosas, otras con representaciones artísticas como los Zapatos Rojos o el performance que nos regalaron las chilenas. Sin embargo, no dejo de reconocer cómo, recientemente y como consecuencia de expresiones colectivas de decenas de miles que “se han pasado de la raya”, los gobiernos y las sociedades latinoamericanas han volteado a ver la terrible situación de desigualdad, violencia y discriminación que viven las mujeres, jóvenes y niñas de nuestro continente.

Es la tira/los jueces/los curas/el Presidente

Sin embargo, la lucha por los derechos de las mujeres ha sido una lucha de años. Por años hemos presentado las cifras de violencia. Por años hemos buscado reunirnos con gobernadores, funcionarios y legisladores y en las raras ocasiones que lo hemos logrado han hecho todo lo posible por demostrarnos que no quieren escuchar lo que tenemos que decir. Por años hemos dado conferencias y capacitaciones a funcionarios; hemos entregado miles de oficios y solicitudes de audiencia; hemos propuesto cambios a los programas de educación y a Códigos y leyes. Los resultados de esos esfuerzos han sido importantes pero aun insuficientes. Empero ni con las denuncias ante el Ministerio Público, ni con las quejas en derechos humanos, ni con cientos de marchas pacíficas por más de cien años, ni con campañas en medios y redes sociales, ni con sentencias de la Corte Interamericana, ni con la ratificación de convenciones y tratados, ni con recomendaciones de la ONU, ni con brillantina, ni guardando silencio  y tampoco protestando con pintas hemos logrado que el cambio a la mentalidad colectiva se dé con la velocidad que necesitamos para proteger la vida de miles de mujeres y niñas en Latinoamérica donde son asesinadas 14 diariamente, 10 de ellas en México.

El Estado opresor/es un macho violador

Por eso pregunto a quienes con todo lo que hemos hecho aun dicen “así no”, ¿qué mensaje si les haría escuchar, reconocer la violencia y tomar acciones contundentes para evitar los feminicidios, las violaciones, hostigamiento, acoso y abuso sexual, desapariciones, trata y explotación sexual de cientos de miles de mujeres y niñas? Nos urgen sus propuestas para estudiarlas, conceptualizarlas, desarrollar la metodología para aplicarlas e intentar lo que propongan con tal de dejar de llorar con las madres de las víctimas que nos toca acompañar.

El violador eras tú

El violador eres tú

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