MARICRUZ OCAMPO / NI PIRUJAS, NI BOCONAS, NI PECADORAS, NI LOCAS, NI ASESINAS

VOCES DE MUJERES

No se si es la presencia de un número cada vez mayor de mujeres en las legislaturas. No se si es que con la facilidad para grabar con nuestros teléfonos la falta de sensibilidad se hace más pública. Tal vez es que nos hemos vuelto más agudas para identificar insultos. O tal vez, solo tal vez,  muchos hombres no saben dirigirse de otra forma a las mujeres. No se por qué pero me parece que las descalificaciones y expresiones peyorativas por parte de funcionarios y legisladores en contra de mujeres que participan en la vida pública son, con cada vez más frecuencia, nota local y nacional.

Estos términos han sido utilizados por hombres, integrantes de diversos partidos políticos, gobiernos y legislaturas, tanto de izquierda como de derecha para referirse a sus compañeras, a las que militan en la oposición, a las parejas de gobernantes, a activistas y a mujeres en lo general con diferentes consecuencias. Por ejempoo, el otrora “autodefensa”, Manuel Mireles llamó “pirujas” a las mujeres derecho-habientes del ISSSTE en Michoacán, donde es delegado, sin recibir más que un “perdónenlo” del Presidente de México y como penitencia el compromiso de tomar capacitación en el INMUJERES. El polémico diputado del PT Gerardo Fernández Noroña, el mismo que dijo que Ruth Zavaleta “aflojó el cuerpo” cuando ella reconoció a Calderón como Presidente, llamó “bocona” y se ofreció “ponerle una chinga” a la Diputada del PAN Adriana Dávila, y de paso la vinculó con el delito de trata de personas en Tlaxcala sin tener ningún fundamento. Noroña se disculpó, pero inmediatamente volvió a sus acostumbradas andadas al insultar a la periodista Azucena Uresti en twitter.

En Querétaro, el Diputado local por el Verde Ecológista, Jorge Herrera, se refirió a la Diputada Laura Polo de MORENA como “pecadora” por su posturas políticas. La diputada ya denunció formalmente a su colega por sus comentarios machistas y misóginos y por impedirle ejercer su encargo al negarle el uso de la voz en reiteradas ocasiones en la comisión que comparten lo que, en mi opinión es sin duda violencia política en razón de género. En mi caso, el Coordinador de Asuntos Religiosos del Gobierno del Estado de Querétaro, Alan Ignacio Sánchez Gallardo, pidió mi destierro por oponerme a “las buenas leyes de Querétaro” y cerró su comentario diciendo que aquí no quieren “feministas locas, fanáticas y asesinas”. El funcionario sigue en su puesto y aun no he sido notificada de denuncias en mi contra por el delito de homicidio del que me acusa. Ya veremos en que termina. A nivel municipal, el Coordinador de Giras de Corregidora, Carlos Alberto Echeverría Bucio, dijo en redes sociales que Beatriz Gutiérrez Müller era “buen puta” (sic) uno de varios comentarios que realizó el funcionario, todos igualmente “elegantes”. En cuanto se dio a conocer, el presidente municipal de Corregidora, Roberto Sosa dió por terminada la relación laboral con el funcionario, único caso del que tenemos noticia en el que un funcionario ha sido sancionado o separado de su cargo. 

Los comentarios misóginos no son nuevos. Quién puede olvidar a Vicente Fox cuando nos llamó “lavadoras de dos patas” o al priistas Alejandro García Ruiz que dijo que “las leyes, como las mujeres, se hicieron para violarlas”. Su compañero de partido, Salvador Arellano compartió su profundo conocimiento agrario cuando dijo que la “tierra como las mujeres, hay que trabajarla”. El panista y ex gobernador de Baja California, Kiko Vega nos obsequió en la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer la frase  “Las mujeres estan rebuenas… rebuenas para cuidar niños y atender la casa”. El priista Jorge Hank Rohn durante se campaña a gobernador señaló que “su animal preferido” son las mujeres; Francisco Moreno Merino, del PRD, declaró que no hay “mujer bonita que no llegue a ser meretriz” y Joel Ortega Cuevas, siendo jefe de policía del Distrito Federal dijo que “es el día de las secretarias cuando los hoteles se llenan”. Más recientemente Héctor Alonso diputado de MORENA en Puebla nos pidió “pensar antes de abrir las piernas” para no andar pidiendo abortos aun en caso de violación infantil y el fashionista Pedro Haces Barba, también de MORENA, dió consejos de moda a las mujeres para vestir “menos provocativas” y así evitar el acoso de los hombres, porque “después no se aguantan”.

El machismo está permeado en todas las actividades de la función pública. Se escucha en los discursos de nuestros gobernantes, está incorporado en nuestros códigos, leyes y reglamentos y se utiliza como argumento para omitir cumplir con la norma e imponer castigos a las mujeres que ejercen libremente su sexualidad o a quienes no están a la altura de las expectativas de ser una “buena madre”. Las expresiones machistas y misóginas son un cáncer que se propaga con gran velocidad en el sector salud y en la educación, dentro de las fiscalías, en los juzgados y en los pasillos de todas las instituciones públicas. Un cáncer del que no nos dábamos cuenta por estar tan naturalizado en nuestra cultura.

Y tal vez es porque hemos descubierto la existencia de esa violencia en las expresiones cotidianas de nuestros políticos y la hemos identificado como tremendamente dañina, igual que un cáncer agresivo, que ahora la detectamos más fácilmente y la señalamos de inmediato. Porque, igual que ese cáncer, las mujeres estamos más dispuestas que nunca a combatirla.

¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!

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