MARICRUZ OCAMPO / MI POSTURA

VOCES DE MUJERES

Voy a dirigir este texto a los que me han enviado mensajes diciéndome que no se deben “violentar los derechos de terceros por exigir respeto de los suyos” con ánimo de plantear un argumento. Inicio señalando que por lo que entiendo la violencia a que se refieren son los actos de vandalismo que fueron difundidos por medios de comunicación realizados por personas, en este caso en su mayoría mujeres, en la vía pública de una zona limitada a menos de seis cuadras en la CDMX. Si es así considero importante señalar que si bien es cierto que compañeras asistentes a la marcha participaron en ellos (muchas de ellas han reconocido esa participación en sus medios y redes sociales), también ha sido reconocido por el Gobierno contra quien se realizaban las protestas que hubo personas infiltradas, mujeres y hombres, que buscaban caldear los ánimos como ha ocurrido en otras manifestaciones de las que se busca obtener un botín político. Ahora bien, si bien mi forma de luchar en pro de los derechos de las mujeres hasta la fecha no ha incluido expresiones como las de ellas, puedo comprender con claridad el por qué de sus acciones y me sumo completamente a su indignación. Como menciono arriba, la violencia a la que se han referido es una expresión física cuyos efectos se ven reflejados en objetos materiales, muebles e inmuebles y cuyo impacto es principalmente económico. Sin embargo existen otros tipos y modalidades de violencia, y me voy a referir a una violencia cotidiana, naturalizada que se expresa de manera mucho menos pública, que impacta en la vida de una persona, una familia o una comunidad y cuyo efecto es incalculable. Esta violencia se manifiesta en la falta de acciones de un gobierno para generar condiciones para que un grupo o grupos pueda transitar con seguridad, como es el caso especial de las mujeres, jóvenes y niñas. También se expresa en la omisión legislativa para garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos de un grupo o grupo de personas, como es el derecho a una vida libre de violencia o al libre desarrollo de la personalidad que tiene efectos negativos particulares en las adolescentes y las jóvenes. Esta violencia la experimentan con mayor frecuencia las mujeres que pertenecen a un grupo o grupos que sufren mayor vulnerabilidad, como es el caso de las estudiantes, las trabajadoras, mujeres indígenas y mujeres migrantes y se da con una alta frecuencia al interior de instituciones cuya misión es procurar justicia o salvaguardar la integridad física de las personas. Esta violencia silenciosa, cotidiana, histórica casi universal también es perpetrada por los y las integrantes de una comunidad ya sea escolar, laboral o religiosa, en contra de personas que pertenecen a un grupo o grupos tradicionalmente discriminados o subyugados por sus condiciones particulares, como es el caso de miles de mujeres que pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual. Es una violencia que además se justifica o se ignora por personas que ocupan puestos importantes de poder como cargos públicos, dirección de empresas, congregaciones eclesiásticas, incluso desde organizaciones sociales, como ocurre en estos momentos en legislaciones locales que buscan eliminar la protección a mujeres víctimas de violación o que defienden el matrimonio infantil. Es además un tipo de violencia que no tiene un espacio en las notas periodísticas de los medios de comunicación tradicionales como radio, prensa y televisión pero que se ha visto exacerbada por las nuevas formas de comunicarnos como son las plataformas digitales y redes sociales lo que ha contribuido a generar nuevas modalidades de violencia como el ciber acoso. Esta violencia a la que hago referencia ha sido experimentada por más del 66.2 por ciento de las mujeres mayores de 15 años en México y culmina, en su expresión más extrema en el asesinato de una mujer cada 180 minutos. La violencia a la que me refiero, y que como vemos impacta de manera particular a las mujeres, pareciera distar mucho de otras formas de violencia terrible que ha sumido a zonas enteras de nuestro país en la barbarie como es la generada por la delincuencia organizada, que ha tenido un impacto particular en la población masculina, pero que ha resultado en el aumento significativo de la violencia contra las mujeres como es la explotación sexual, la trata de personas, la esclavitud y el feminicidio, donde las mujeres jóvenes y las niñas son las principales víctimas. Además, a las agresiones de que son víctimas las mujeres por el simple hecho de serlo, debemos sumar las que devienen de su condición etaria, de preferencia sexual, de identidad de género, de nivel de escolaridad, de origen étnico, estado civil, de pobreza, etc. No entraré en detalle en los números de violaciones, abuso sexual, hostigamiento, lesiones, etc., porque nunca terminaría, solo quiero llamar la atención al hecho de que esa persona, esa institución, esa comunidad, esa iglesia, ese gobierno, ese medio de comunicación que hoy señala y exige respeto a las manifestantes que realizaron actos vandálicos violenta de forma cotidiana los derechos humanos de miles de mujeres y niñas en México. Concluyo. En un mundo ideal, podríamos argumentar que “el problema es muy delicado y se tiene que atender pero sin realizar hechos que generen violencia”. Sin embargo volvamos al origen de las protestas (no fue una y no ha sido la única) y aceptemos, que estemos o no de acuerdo en la forma, el tema de fondo es la violencia constante en contra de las mujeres y la violación de sus derechos por las instituciones, por la comunidad, por los medios y por individuos que se siente empoderados por el ambiente de impunidad y corrupción que impera en cientos de ciudades en México así como por la indolencia para combatirla de los actores políticos, empresariales, religiosos y otros en sitios de poder y toma de decisiones. Como mencioné al inicio de este texto, de manera general me opongo a expresiones como las que los medios de comunicación han insistido en difundir, pero comprendo la rabia y la indignación de las compañeras y me sumo a ella, (aun cuando pienso que no está en mi expresarme de esa forma) por eso les pido que no insistan en que condene sus acciones. Hago votos porque muy pronto todos y todas podamos ver más allá de esos vidrios rotos, de esas paredes pintadas, de ese monumento que será resanado y surja una indignación colectiva que nos lleve a señalar y a exigir acciones contundentes por parte de las autoridades, que nos impulse a intervenir cuando vemos como agreden a una joven, que nos sumemos a la búsqueda de una niña desaparecida, que nos llene de rabia cada feminicidio pero sobre todo que nos lleve a la reflexión sobre quienes somos como sociedad y como personas.

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