MARICRUZ OCAMPO / LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

VOCES DE MUJERES

Las mujeres que denuncian violación se enfrentan a una grave realidad, son culpables de lo que les ocurrió en tanto no demuestren lo contrario. Sus cuerpos se convierten en la escena del delito y son tratadas como evidencia y no como víctimas. Sus vidas, sus decisiones y sus acciones son cuestionadas en cada uno de los pasos que tienen que seguir durante el proceso penal y sus reacciones son observadas con lupa para determinar si mienten o exageran. Cuando una mujer es víctima de una violación pierde el derecho a la presunción de inocencia.

Si denuncia y todo va bien su cuerpo será revisado de cabeza a pies. Le realizaran exámenes internos de boca, vagina y ano. Pasarán hisopos por todo su cuerpo, buscarán bajo sus uñas, tomarán muestras de sus fluidos y peinarán su cabello y zona púbica. Con una cámara documentarán cada lesión, cada rasguño, cada rincón de su cuerpo. Recogerán su ropa, toda su ropa. Y ese examen solo ocurrirá si las autoridades cuentan con personal capacitado. Si no, le pedirán que regrese al otro día o en varios días, eso si, será su responsabilidad preservar la evidencia del delito por lo que no deberá bañarse, cambiarse de ropa, peinarse, orinar o limpiar sus genitales hasta que regrese a fiscalía.

Si todo va bien le preguntarán que hacía, donde se encontraba, cual es su relación con el agresor. También la cuestionarán sobre su vida sexual y su pareja sentimental, sobre su ropa y consumo de alcohol y drogas. Le pedirán que explique una y otra vez que ocurrió, como ocurrió, que recuerda. Si todo va bien tendrá golpes y heridas, desgarre vaginal o anal, mordidas en el cuerpo, huesos dislocados o dificultad para caminar porque eso demostrará que dice la verdad. Si no tiene heridas visibles o si tiene hemorragias internas, dudarán de ella porque hay fiscales y policías que desconocen que muchas mujeres se paralizan cuando son violadas, muchas veces sus vaginas lubrican cuando son violadas y muchas veces obedecen las instrucciones de su agresor cuando son violadas porque es difícil resistirte cuando tienes una pistola en la cabeza. Si todo va bien le ofrecerán medicamentos para evitar un embarazo y tratamiento para prevenir una infección de transmisión sexual. Si no, se enfrentará a un fiscal que pondrá en tela de juicio su dicho, que la mandará a su casa sin abrir una carpeta de investigación o que le dirá que seguramente vino a denunciar por temor a que la regañen sus papás o que lo hace para joderle la vida a un pobre infeliz.

Si todo va bien y resultó embarazada podrá acudir a un hospital público a interrumpir el embarazo. Si todo va bien dará gracias a Dios por vivir en Ciudad de México. Si no, se enfrentará a médicos y enfermeras que argumentarán la objeción de conciencia para condenarla a una maternidad no deseada como castigo por permitir que un hombre hiciera uso de su cuerpo, porque una mujer decente habría luchado hasta morir por defender su honor.

Su vida cambiará por completo, los efectos de la violación durarán años o pasarán años antes de que se presenten. Si todo va bien tendrá a su alrededor a personas que la aman y que le servirán de apoyo, podrá atender su depresión, miedo, vergüenza y culpa con ayuda de profesionales que comprenden la violencia sexual y sus consecuencias. Si no, será víctima del estigma que viene de haber sido ultrajada por un extraño o por un conocido y enfrentará sola su dolor. Si todo va bien dormirá tranquila porque compró un perro guardián, porque ahora trae gas pimienta en su bolsillo, porque ya no viaja en transporte público. Si no, el terror se apoderará de sus noches, las pesadillas serán recurrentes y no habrá perro o gas o encierro que le devuelva la tranquilidad.   

Si todo va bien, no perderá su empleo, ni a sus amigos, ni a su familia. No perderá su vida.

Si no, será señalada siempre como culpable y lo habrá perdido todo.

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