MARICRUZ OCAMPO / DECLARA TU INDEPENDENCIA

VOCES DE MUJERES

La polémica polarización de México sigue y sigue dando nota. Un día es porque a un programa de televisión se le ocurre hacer una parodia de la población “rica y blanca” del país; otro porque el “pueblo bueno y sabio” festeja con cumbias guapachosas el año de la elección de su Tlatoani. Un día “Chalecos Amarillos MX” (del que ya se deslindó el movimiento internacional) se opone a todas y cada una de las acciones que les quitan privilegios; otro los pejistas pregonan que el sargazo en el Caribe fue enviado a propósito por “nuestros adversarios” solo para afectar el gobierno de AMLO. Un día el partido narrado a voz de jarro desde noticieros de derecha y de izquierda es “Chairos vs Fifís”, otro es “Whitexicans vs Prietos”, un día es”Pobres Muertos de Hambre vs Tengo Cosas de Marca”. Estos encuentros se han convertido en los nuevos “clásicos” de la afición mexicana que han venido a substituir al Chivas vs América, al Cruz Azul vs América, al Pumas vs América y al “todos vs el América”. Total, parece una encomienda estar divididos en múltiples pedazos por clase, raza, etnia, orientación sexual, práctica religiosa y preferencias políticas.

Esta polarización no es nueva. Ha sido parte de nuestras vidas desde siempre. Los que son más o menos de mi rodada recordarán como la televisión abierta siempre ha ensalzado la blancura de los ricos que también lloran y ha presentado a las personas de piel oscura como un grupo inferior e ignorante del que está permitido burlarse. Hoy en día los “niños bien” hablan del “código postal” como una señal de distinción y exclusividad; utilizan artículos con enormes monogramas “MK”, “LV”, “TH”, para que no quepa duda de cuánto portan y se les ve llorar por Notre Dame en selfies harto estudiadas de su último viaje por Europa. En el otro extremo se señala a cualquier persona con dos pesos de más en la bolsa o un carro menos jodido que el propio como alguien que seguramente no hizo nada para merecer su fortuna (que los hay) o como a un corrupto que lo obtuvo de manera mal habida (que también los hay) elevando a una cuasi santidad vivir en la estrechez que hoy se llama austeridad.

Estas manifestaciones de los extremos deja a millones de mexicanos y mexicanas atrapadas en el centro de esta absurda disputa, expulsados de ambos grupos por indefinidos en el México del “estás conmigo o contra mí”. En su pírrica lucha olvidan que habemos personas que no vemos las cosas en blanco y negro sino en diferentes tonos de grises y banderas arco iris. Desdeñan a los que aplaudimos acciones del gobierno federal pero que somos muy críticos de otras. En sus batallas twitteras, instagrámicas y/o facebookeras desprecian o aplauden los mensajes de personas indignadas por la discriminación clasista, homofóbica y sexista tolerada por las autoridades supeditando su bando en la lucha por los derechos humanos a si la apoya o no el presidente.

Desafortunadamente quienes más se aprovechan de esta polarización irracional, incoherente, descabellada, insensata, ilógica, disparatada e inadmisible son los políticos y sus partidos, los grupos antiderechos y los grandes corporativos que buscan convencernos de lo “erróneo” del pensamiento del de enfrente para satisfacer su hambre feroz por el poder. Vemos como cierran filas alrededor de sus caciques, como legislan con fe ciega sin cuestionar ni un punto y coma, como promueven discursos de odio desde curules, púlpitos y conferencias mañaneras, nocturnas y crepusculares. Y mientras tanto, en medio de sus tropelías miles de ciudadanos vemos como políticos de 4a y políticos de la 4a violentan nuestros derechos y el estado de derecho.

Habemos en cada rincón de México ciudadanos y ciudadanas que todos los días intentamos con nuestros medios hacer oír un mensaje diferente y crítico que lleve a cambiar las cosas; habemos los que todos los días desde pequeñas o grandes trincheras nos enfrascamos en tratar de mediar entre los polos para salir raspados por todos lados; habemos los que nos expresamos y abogamos en contra de la criminalización de la pobreza y la migración y que aplaudimos los éxitos de quienes triunfaron porque aprovecharon las oportunidades que les presentó la vida.   

Para disminuir esta gran brecha que acrecienta los conflictos sociales que pretenden erigir muros físicos o virtuales para fomentar prejuicios simplistas que fracturan a la sociedad entre ricos y pobres, entre blancos y no blancos, entre sur y norte y que parecen agravarse día a día, debemos considerar que la verdadera transformación de México vendrá forzosamente de esos ciudadanos y ciudadanas del centro crítico. Por eso nos urge identificar, convencer, apoyar y postular candidaturas verdaderamente ciudadanas, que se alejen de la injerencia de uno u otro partido, de uno y otro extremo y que nos permitan cumplir de una vez por todas con nuestro sueño político. Llegó la hora de declarar nuestra independencia.

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