Maricruz Ocampo

EQUIDAD DE GÉNERO

Una reflexión sobre quienes somos

La migración es inherente a la naturaleza humana, ha ocurrido desde la prehistoria y es la razón de que se poblaran todos los rincones de nuestro planeta. La migración ha sido motivada por muchas razones, algunas tuvieron que ver con grandes descubrimientos otras con la represión o la explotación de territorios a costa de las personas originarias, como ocurrió en nuestro continente. Las migraciones que marcaron el siglo XX fueron principalmente por conflictos armados y hambruna. Las primeras dos décadas de nuestro nuevo milenio han mostrado crudamente migraciones masivas, acompañadas de actos heroicos de compasión. Pero también nos muestra el surgimiento y resurgimiento de expresiones de xenofobia y discriminación en gran escala por personas que alimentan mutuamente sus prejuicios.

Querétaro no ha sido la excepción. Al leer los comentarios de decenas de queretanos y queretanas en contra de los emigrantes, algunos francamente violentos e incitando a agredirlos me invadió una gran preocupación. Y es que esta violencia demuestra que como personas no comprendemos las dimensiones de la tragedia humanitaria que provoca que miles de hombres, mujeres, niños y niñas se vean en la necesidad de dejar atrás todo, de salir de sus casas y caminar literalmente miles de kilómetros exponiendo sus vidas en busca de una posibilidad, igual que hicieron los ancestros de muchos y muchas de los que se sienten con el derecho de maltratarlos.

En 2017 se incorporó al diccionario la palabra APOROFOBIA que acuñó la socióloga Adela Cortina. Aporofobia, el rechazo al pobre, una de las marcas más características de nuestra historia. Porque este rechazo y violencia contra los migrantes centroamericanos no es por ser extranjeros ni es porque son de una “raza” diferente. Es porque son pobres. Los extranjeros que han llegado a tierra queretana con medios para invertir o para gastar en restaurantes y hoteles o a comprar artesanías no son víctimas de rechazo porque ellos traen dinero en sus bolsillos. A esos si les recibimos con entusiasmo.

Los que inspiran desprecio en algunos queretanos y queretanas son los pobres, y no solo los hondureños y haitianos, sino también los mexicanos de otros estados que se han visto sumergidos aún más en la miseria por la corrupción de nuestros políticos. Porque en México nos han enseñado a equiparar pobreza con delincuencia.

El rechazo a la pobreza despierta en muchos una honestidad brutal y ofensiva que nos pone de manera cruda desnudos frente al mundo al que mostramos sin pudor las horribles marcas que ha dejado en nuestra piel la falta de compasión por los que no tienen nada.

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