Maricruz Ocampo

VOCES DE MUJERES

8 de marzo

El ocho de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Ese día desde hace varios años realizo un ejercicio de reflexión que me permite ver en el retrovisor los logros del último año para hacer ajustes en el GPS de la ruta de mi trabajo por mejorar las condición de vida de las mujeres y las niñas que comparten mi metro cuadrado. 

Este año he decidio comenzar dando las gracias a un infinito número de amigas entrañables que dan el bello nombre de sororidad al trabajo unido de las mujeres. Mil gracias a esas guerreras incansables que me han enseñado a entender que las diferencias nos hacen únicas, a las que nos alientan a que luchamos juntas, a las que nos suman para que cada quien ponga lo que puede y las que siempre aportan lo necesario. Como mujeres nos fortalecemos cuando sabemos apreciar nuestro propio valor y el valor de cada una de las que nos acompañan, por eso me sumo al trabajo y reconocimiento de todas y cada una de ellas. Me sumo a las más fuertes, modelos a seguir, para aprender de ellas, para aliarme con ellas, para inspirarme en ellas y aplaudirles el esfuerzo y trabajo hacen todos los días para apuntalar nuestros sueños. Me sumo a las más jóvenes para animarme con su energía, para reflejar su luz y para compartir su entusiasmo. Me sumo a las mayores que me comparten sus experiencias y su espíritu inquebrantable y quienes me invitan todos los días a no olvidar nunca nuestra historia. 

En segundo lugar este ocho de marzo debo hacer hincapié en que la erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas nos compete a todas y todos. Es un día ideal para recordarle a los gobernantes, empresarios, educadores, científicos y líderes sociales que luchar para erradicar la violencia contra las mujeres es cosa de hombres no de machos. Por eso es vital que cada día más compañeros se sumen a la lucha contra la violencia de género, porque los hombres pueden ir a lugares donde las mujeres aun no podemos; ustedes tienen la atención de sus compañeros que cierran sus oidos cuando las voces son de las mujeres; a ustedes los siguen sus amigos y emulan sus acciones. Por eso cuando un hombre en una posición de liderazgo levanta la voz y se suma al reclamo en contra de la violencia que sufren las mujeres las cosas cambian. Cuando un hombre señala a otro por hacer chistes misóginos que denigran a las mujeres las cosas cambian. Cuando un hombre detiene a su compñero antes de acosar a una jovencita en la calle las cosas cambian.Cuando un hombre interviene para impedir que otro golpee a una mujer las cosas cambian. Cuando un hombre asume su compromiso y comparte la crianza de sus hijos e hijas y la carga del trabajo doméstico las cosas cambian. Cuando un hombre respeta a las mujeres por el simple hecho de ser personas las cosas cambian. Compañeros, sin su ayuda la lucha por el reconocimiento pleno de los derechos humanos de las niñas y mujeres será más lenta. Parafraseando a Martin Luther King, a las mujeres nos lastiman menos las agresiones de los desconocidos que el silencio cómplice de nuestros amigos.

En tercer lugar este ocho de marzo debo señalar de manera enérgica que las autoridades siguen sin asumir su responsabilidad en la lucha por la erradicación de la violencia contra las mujeres y continúan generando políticas públicas sin perspectiva de género que no aportan a la defensa de los derechos humanos. Es necesario que todos los servidores públicos entiendan que es su deber actuar de manera contundente y comprometida dejando de lado las simulaciones y revanchas políticas por el bien de miles de mujeres y niñas. Alos legisladores y legisladoras, les pedimos que entiendan que el bien común  no existe si no se garantizan los derechos de cada persona en lo individual. Eso es algo que las mujeres comprendimos hace muchos años. 

Desde de que las activistas que nos precedieron consiguieron el reconocimiento de nuestro derecho a participar en las elecciones en 1953 miles de mujeres hemos luchando sin interrupción contra la opresión que viven millones  de mexicanas por su condición de probreza, por el color de su piel, por su estado civil, por su preferencia sexual, por su identidad de género, por su edad y por la falta de oportunidades que limitan su desarrollo pleno y el ejercicio de su autonomía. La lucha por los derechos de las mujeres ha transformado para bien a toda nuestra sociedad por eso espero que todas las autoridades recuerden que su falta de acciones y sus intentos por obstaculizar nuestro trabajo como integrantes de la sociedad civil organizada solamente contribuye a hacer más firme nuestro empeño y a estrechar los lazos que nos unen entre nosotras. Que quede claro, no cejaremos en nuestro compromiso de erradicar la violencia de género y seremos vigilantes del trabajo que como servidores públicos hagan en favor o en contra de las niñas y mujeres de México.

Finalmente mi deseo para el siguiente año es uno que tomé prestado de Pía Barrios. Deseo un México donde todas las personas seamos imprescindibles, donde nadie sobre, donde todos y todas quepamos con nuestras diferencias únicas y donde la dignidad humana sea el motor que nos mueva y trabajemos por responder esta pregunta ¿Si el mundo en el que vivo no me gusta, qué estoy haciendo por cambiarlo? 

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