El oficialismo nos pide venerar al imaginario “humanismo mexicano” de Tartufo y su heredera, asegurando que ha mejorado la “redistribución de la riqueza nacional”, y hay voces que coinciden de buena fe en tal mejoría.
La realidad demuestra que se trata de una burda patraña:
1) Ciertamente el aumento en los salarios, que pagan los patrones, alivia en alguna medida la situación angustiosa de muchas familias mexicanas, pero el alza de precios en los insumos va diluyendo inevitablemente tales beneficios. Además, el más importante sustento para infinidad de hogares en México no proviene de riqueza creada o propiciada por el gobierno sino (para vergüenza nacional) por las remesas de 60,000 millones de dólares anuales y sin las cuales habría un estallido social.
2) No es motivo de festejo el manejo económico cuatrotero, pues sidurante el llamado neoliberalismo crecimos entre el 2 y el 2.5 por ciento, en los últimos 8 años descendimos al 1 y al 0.8 por ciento.
3) Es un embuste del tamaño del Universo el que estos pillos hayan redistribuido riqueza. Lo que han distribuido es deuda; una infame deuda que gravita sobre todos los mexicanos (incluidos los más pobres) y que también pagarán la nuevas generaciones. En efecto, después de arrasar con todos los fondos públicos fideicomitidos y demás ahorros gubernamentales han hipotecado criminalmente al país.
La deuda nacional acumulada en 200 años por 10.5 billones de pesos, la rufianada, violando sus promesas, la ha incrementado a 22 billones.
Todo gobierno debe socorrer siempre a quienes se hallen en condiciones infrahumanas pero es inmoral imponer a los mexicanos de hoy y del mañana una carga derivada de 3 infamias:
- El inmenso saqueo de la familia imperial y sus compinches. Todos ellos proletarios resentidos que pasaron rápidamente a potentados.
- El obsceno derroche en obras saturadas de corrupción, ostentosas, inservibles, con sobrecostos permanentes, que dañan a la naturaleza.
- La entrega de dinero a millones de mexicanos para mantenerlos sumisos a sus verdugos y ciegos votantes.
El atraco del huachicol fiscal (que según el gobierno es de 600,000 millones de pesos) resulta una propina comparado con los 11.5 billones de nueva deuda pública. Por eso son una porquería los servicios de seguridad, salud, educación y todos los demás.
Por fortuna, mientras esta gusanera se ahoga en su pudrición México está despertando.





