LUIS NÚÑEZ SALINAS / MIGUEL ALEMÁN Y LA CTM

LA APUESTA DE ECALA

Miguel Alemán Valdés hombre de fino bigote e imagen de actor de cine nacional —diseñada por René Cardona para su presidencia— le daba a tono con un mal humorado secretario particular Ernesto Uruchurtu Peralta, y quien ya lo tenían hasta el tope de molesto, esto debido a que la CTM estaba tratando de incidir en colocar a su “gallo” Adolfo Ruiz Cortines.

El presidente de la república estaba más que confundido, por un lado, él decidiría quien sería su sucesor, en una pacífica toma de decisiones —tal cual como lo habían escogido al propio— es verdad, la CTM influía en mucho en la decisión, por el apoyo, la administración de las “elecciones” que más que eso eran simples trámites para pasar por el mundo como una democracia —que no existía—.

Pero esta vez la afrenta era directa, Fidel Velázquez buscaba mandar en el país de costa a costa —laboralmente sí lo hacía— pero le faltaban dos grandes pilares del control: las divisas de dólares provenientes de los mexicanos trabajando en Norteamérica y el control total de las cúpulas empresariales —que con los sindicatos los tenía tomados de las solapas—.

Por otra parte, Miguel Alemán Valdés no se iba a “echar” un encontronazo con los empresarios de las cámaras nacionales, de CEMEX, de BIMBO, de La Costeña y de la recién HELVEX, quienes apenas se consolidaban como empresas del sector privado con alcances importantes, de hecho, supliendo actividades comerciales como la producción mueblera, minera —que caía en estos años en su producción— así como empresas del ramo automotriz que procuraban ponerse a la par del crecimiento de la posguerra.

Lo relevante del asunto era la intromisión de la CTM en asuntos particularmente de presidencia de la república, y que, por primera vez en varios periodos presidenciales, no se le tomaba en cuenta a don Fidel, en la toma de decisiones, a decir del presidente Valdés:

«ya en mucho don Fidel dista de tener una perspectiva sana de las implicaciones del país en asuntos internacionales, se ha dedicado de mejor manera a constituir un gran sindicato internacional en todo Latinoamérica, buscando un control total de las actividades empresariales desde la perspectiva sindical, y esto a largo plazo, lograría colapsar las economías… ¿imagina una huelga de todo el continente? Ya Fidel perdió el piso…»

Uruchurtu sabía que el cuidado de lo que dijera implicaba dos opciones, o quedar mal con el presidente —quien lo podría cobijar como próximo candidato a la presidencia— o quedar mal con Fidel —de quien debería de mantener cerca porque le daría la fuerza, una vez fuera designado candidato—, su intervención debería estar medida “con pinzas”

—Sr. Presidente es esencial una conciliación con don Fidel, de tal modo que todo se solucionara de manera pacífica.

—¡Pero este cabrón quiere meter la nariz en todo! y no lo voy a permitir, que se dedique a lo suyo.

—Ese suyo es de menester de toda la nación ¡controla a los sindicatos!

—¿Estas del lado de quien Uruchurtu?… no me parece en nada tu perspectiva.

—Estoy del lado de México Sr. Presidente…

—Pues te equivocaste de lado.

El presidente Valdés era reacio, cierto que su imagen fue diseñada para lograr mantener un atractivo visual de pacificador y buena persona, cercana a los ciudadanos, pero ya en corto, su mal humor era de fama con sus trabajadores.

Para marzo de 1950, Fidel Velázquez es reelegido como secretario general de la CTM, en busca de lograr consolidar un proyecto nacional, pero que a su vez —en corto— lo que se buscaba era el control total del país.

Reunión en Palacio Nacional, oficina de presidencia, 28 de marzo de 1950.

Para esta ocasión sabía Valdés que Fidel amaba los centenarios —moneda de 50 pesos con 1.20565 de oro puro y que se había renovado su acuñamiento en 1943, al ser suspendida en 1931— por ello le tenía un cofre con 50 monedas, en las cuales se relucía el brillo y peso, en un hermoso cofre de tallado en maderas de Michoacán.

La agenda versaba en donde colocarían a la CTM, debido que al reelegirse tendrían oportunidad de coincidir en los futuros industriales, económicos y de paz laboral —que en el mundo pulsaban huelgas importantes como la de Argentina, por el sindicato de Unión Ferroviaria, quienes habían solicitado asesoría al propio Velázquez— y que seguramente vendría a negociar con presidencia.

La llegada fue inmediata y no se solicitó asamblea mayor que ellos dos.

—Presidente buenos días, le traigo los mejores deseos y mayores gracias de la confederación, a quienes por confianza me han dado la oportunidad de volver a ser su líder.

—¡El mejor que se pudieran tener en estos tiempos don Fidel!

—Me halaga.

—Todos quienes conformamos la presidencia le tenemos este humilde obsequio, que busca de manera personal, lograr la unión y el trabajo conjunto de los procesos y administraciones de los sindicatos, en pro de mantener esta paz social y de hermanamiento que siempre hemos visto en los proyectos a su cargo.

Al abrir la caja Fidel quedó encantado con el detalle —cientos de carencias que se viven diariamente como un extraído de clases de pobreza, estos regalos le dan un bálsamo a su percepción de la realidad— así que dejó a un lado la fricción y le dio un fuerte abrazo al presidente —que lo sorprendió—.

—Inmensas horas de angustia viví de niño por la falta de llevarme un mendrugo de comer, estos detalles reconstruyen mi aceptación de donde vengo y para que estoy en este plan de acompañarle Sr. Presidente.

—Al contrario, Fidel me honras con tu amistad y acompañamiento, ahora dime ¿cuál es tu plan de lograr un crecimiento de la mano de presidencia?

La explicación versaba en lograr que se abrieran nuevas oportunidades para el ingreso de empresarios de otros países, siempre y cuando respetaran las oportunidades de los sindicatos, los contratos colectivos de trabajo y la colocación de sus ingresos al nuevo sistema de IMSS, que ya tenía sus nuevos frutos con el diseño del nuevo Centro Médico Nacional La Raza

—Respetaremos los sindicatos, pero la inversión extranjera la deberé consultar con la legislatura.

—Pues esperamos o ¿ya les voy diciendo?

—¡ya diles!

—¿Qué vamos a hacer con los sindicatos ferrocarrileros, petrolero, mineros y de electricistas?

—Tengo un plan Fidel… tengo un plan.

Para 1952 el presidente de México junto con Fidel, asestaron una estocada al sindicalismo nacional y fracturaron las estructuras de específicas organizaciones, colocando a “preferidos” como el charro Alfonso Ochoa Partida —en el sindicato de ferrocarrileros— para que desde presidencia se supiera todos los movimientos, mismos que estaban alineados al plan de desarrollo industrial, debido a que algunas alas de sindicatos en México, no obedecían a la CTM.

A este proceso se le anexaron dirigentes para los electricistas, petroleros y mineros, quienes al sentirse observados comenzaron a rediseñar dentro de las organizaciones, un sistema de control y confianza, para determinar quienes eran fieles o infiltrados.

«Fidel Velázquez, como el exponente más calificado en favor de la unidad del proletariado, ha contribuido grandemente a que la Confederación alcance niveles antes no tenidos y a rehacer la unidad del movimiento obrero de México; pues si bien la CTM por sí sola representa el mayor porcentaje de los trabajadores organizados, las diferencias creadas por diversas razones y el ejercicio irrestricto de la libertad de asociación, multiplicaron el número de pequeñas centrales que por fortuna, ahora, al igual que algunos sindicatos industriales autónomos, con excepción de una pequeña organización»

Diría años más tarde la historia de Fidel.

Para 1953 la CTM había limpiado de comunistas y rijosos a todos los sindicatos que durante años le habían dado un dolor de cabeza a presidencia de la república, empresarios y paraestatales.

En agradecimiento, presidencia constituyó un poder absoluto a la CTM por varios años, logrando una paz medida y dirigida, no sin dejar a un lado que era lógico continuaran algunas rencillas laborales, pero a niveles escalados pocas.

—¿Ves Presidente? todo se arregló.

Para 1952 había en México 108 huelgas, de las cuales la Junta de Conciliación y Arbitraje había desechado como inexistentes a más de 38 de ellas.

«El 28 de Febrero de 1950 el Sindicato Nacional de Telefonistas declaró la huelga contra la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana, con lo cual buena parte del país quedó incomunicada. Al adquirir Teléfonos de México las propiedades de la Mexicana, el 16 de marzo se firmó un nuevo contrato con los trabajadores, que así obtuvieron un aumento del 10% en sus salarios. El 3 de julio, estalló nuevamente la huelga, pero se solucionó en 24 horas; y el 11 de noviembre por tercera vez, en todo el país, dando ocasión al gobierno para incautar los bienes de la empresa.»

Oficina de presidencia.

—Lupita comunícame por favor con Fidel Velázquez, creemos necesario ya ir buscando el control total de la telefonía en México, es imposible ya trabajar con estas personas.

—¡Sí señor presidente! le comunico…

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