LUIS NÚÑEZ SALINAS / LA SOCIEDAD SECRETA DE LOS 5 DIAMANTES

LA APUESTA DE ECALA

La Sociedad Secreta fue una organización de 5 grandes líderes en México, que estuvieron al tanto de gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados y cuanto empresario de alcurnia o gran dirigente trataba de diferenciarse de entre los demás, en ello estaba el cuidado de la nación —inclusive colocaban presidentes de la república— desde 1929.

Para Fidel Velázquez —el miembro 2 de esta organización— era le momento de darle un poder diferente —como si nunca lo hubiera tenido— a la radio y la televisión.

«que de ahí emanen los próximos dirigentes de México, que deseamos, sean libertadores de la palabra»

Hacía saber de esta decisión a los otros 4 pertenecientes a esta sociedad secreta, que se distinguían entre sí, por portar un anillo con herraduras de caballo, en oro y la base de obsidiana, así como un pequeño diamante por el lugar que le correspondía, si fueras el 5 tendrías el anillo completo y si fueras el 2, el mismo número de piedras.

A quien portaba el anillo con el número 1, su clave era por lógica: “diamante uno”, nunca mencionaban su nombre y estaba prohibido en reuniones darse un abrazo, fuera en público o privado, solo se estrechaban la mano y el de rango mayor apretaba el codo de aquél de rango menor, así, guardias presidenciales lograban saber que estaban ante uno de esta sociedad secreta, que operaba y decidía por encima de su superior.

Hubo ocasiones que diamante uno, era de menos rango político que el presidente de la república —algún empresario poderoso— y el mandatario debía rendirle el mismo culto y respeto.

En esta ocasión la plática versaba sobre si lograban o no, darle oportunidad a los políticos en Querétaro para lograr ser gobernador del estado, estaban dos grandes candidatos, por un lado, el candidato local y por otro el secretario del sindicato de radio y televisión de todo México: Rafael Camacho Guzmán.

Un líder sindical de cepa y un dolor de muelas de Fidel Velázquez —aunque en extremo querido por él propio— pero que sabía acerca un plan nacional de desarrollo industrial que permeaba a esa entidad, la intención de la reunión de esta sociedad era consolidar al estado para que creciera y desalojara esa carga industrial que ya tenía al área metropolitana de la ciudad de México, al borde del colapso.

Los millones de dólares bajados al Estado de Querétaro por el Banco Interamericano de Desarrollo en obras de industrialización y parques, dejaban grandes cicatrices de antiguas tierras de cultivo —las inundaciones darían factura de ello— pero le avizoraban un futuro claro e industrial.

Por ello era razón de los cinco, tener claro que Rafael Camacho Guzmán era el propio y el dicho, por aquello de algunos que tuvieran dudas, acerca de que era lo mejor por parte de lo que le convenía al país.

Cetemistas: J. Cruz Araujo, Fidel Velázquez y Rafael Camacho Guzmán. FOTO: ARCHIVO PLAZA DE ARMAS

Así, sin más, el candidato ganador fue Camacho y era menester de Don Fidel Velázquez hacérselo saber, sin olvidar que Rafael —o el Cacho Guzmán como le conocían muchos en la CTM— debía poner interés en los más desprotegidos, y hacer todo lo posible porque la brecha de salarios no se disparara.

Conocedor de lo pícaro y borrachín que era el líder sindical de la radio y televisión—y mano derecha de Fidel— le tendió una broma en compañía de su secretario Nezahualcóyotl de la Vega —quien luego ocuparía el puesto de Camacho Guzmán hasta su deceso— la broma consistía en hacerle saber que los cinco, no le habían dado la venía para ser gobernador de Querétaro, y para ello idearon hacerlo en el Sanborns de los azulejos, así —pensaban inocentemente ellos— no haría alguna trifulca o escándalo.

¡Donde les llega Camacho Guzmán un poco pasado de brandis! a la cita acordada previamente, al verlos los saludó como siempre, altamente educado con Don Fidel y en extremo “pelado” con el Mtro. Neza, como de cariño le decía.

—¡Mi estimado Don Fidel que gusto los ojos que le miran! ¿están bien todos por su casa?

Fidel rio entre dientes mirando a De La Vega, mientras Camacho se acercaba a Neza.

—¡Grandísimo cabrón! andas ya de lambiscón de Don Fidel ¿qué no te da pena?… ¡mira nomás hasta su centenario le trajiste!… ¡eres un verdadero lamebotas!…

Todo el restaurante de los hermanos “borns” como le decía Don Fidel, estaba repleto, no solo de la élite política, sino de empresarios y amigos que se reconocía y respetaban entre sí.

—¡Siéntate, Rafael te tengo malas noticias! — dijo Fidel atento a que le escuchara.

Camacho se puso pálido y lleno de temor.

—¡No la chingue Don Fidel! me espanta…

—Pues en solicitud de que nos viéramos, yo hubiera esperado hasta diciembre, pero te tengo que decir que ya platiqué con mis amigos del anillo de herraduras, y pues ¡no vas para gobernador de Querétaro!

Se puso pálido Rafael Camacho Guzmán… ¡se aguantó lo más que pudo! pero se le notaban sus nudillos blancos de la presión en la mesa, al pasar el primer mesero le dijo enfático:

—¡Tú cabrón tráeme un coñac! el más caro y el mejor…. ¡pero ya cabrón!

El mesero se adelantó para ir al bar —que por ser las nueve de la mañana no estaba abierto pero el capitán de meseros de inmediato le dio la llave para que lo abriera—.

—¡Pues no hay de qué preocuparse Don Fidel! yo aguanto como los meros machos y pues si así lo quiere el partido ¡así mero lo respeto! y estoy para servirle.

—¿Ves Nezahualcóyotl? ¡así mero me gustan mis hombres! obedientes y bragados no los pinches “caritas” bien peinados de palacio nacional.

—¡Pues mis respetos Don Fidel! aquí en Don Rafael Usted cuenta con un aliado fino.

Los dos soltaron la carcajada a todo lo que daban sus pulmones, y el mesero de inmediato puso la botella de cogñac Martell, Appellation d’Origine Contrôlée, que disimulaba muy mal lo nada barato que fuera.

—¡Es una broma Rafael! venga un abrazo a nuestro nuevo gobernador de Querétaro— dijo Don Fidel levantándose de la mesa y aun soltando largas carcajadas.

—… pero que jijos de la rechingada son Ustedes dos… ¡sí me la creí!

8 de mayo de 1980, Querétaro, patrullas de Policía Judicial afuera de la Prepa Sur.

—Aquí comando dorado uno… cambio… estudiantes se desplazan hacia encontrarse con el camión de presidencia.

—¡Paren en seco!… repito… ¡paren en seco!…— dictaba la procuradora.

Más de veinte patrullas de la judicial se desplazaron hacia enfrente de la prepa sur de la UAQ, cuatro judiciales por patrulla le hacían el ojo a los estudiantes que no pasaban de más de 17 años —preparatorianos y normalistas— que trataban de bajar hacia el encuentro del presidente José López Portillo, quien venía de visita oficial.

La orden del gobernador Rafael Camacho Guzmán había sido enfática:

«No quiero a ningún pinche peludo de la UAQ delante del presidente, si es necesario que los paren en seco»

Le advertía a la procuradora del Estado la Lic. Hilda Marta Ibarra —a quien por cierto no le temblaban las manos, ya había mandado agarrar a varios estudiantes a punta de macanazos en las inmediaciones del Cerro de las Campanas— a lo que de inmediato se realizó el operativo que llamarían: Operación Ópalo.

Un jefe famoso de los policías era José Luis Miller Nava, quien ya se le tenían varios asuntos con los universitarios, porque golpeó a varios de ellos en un bar del centro histórico “El Cortijo de Don Juan” alegando que en Querétaro los estudiantes eran igual que ladrones, y así cundió la fama, ser universitario en este estado, era igual que ser delincuente y así se los hacía saber la procuradora.

En aquel entonces los comerciantes de las calles aledañas a Plaza de Armas estaban enojados con el gobernador porque ya se hacían los trabajos para cerrar las calles y convertirlas en andadores —decía Camacho que Querétaro debía parecer Europa— y las ventas se disminuyeron.

Así los estudiantes recibían dinero para comidas y reuniones por parte de locatarios del centro histórico, que les apoyaban en su movimiento.

Las patrullas y los estudiantes aún no se hacían daño, pero “el tiro estaba cantado” decían ellos, y “estamos listos para reaccionar”

Le mandan por vía radio banda civil avisos al chofer del gobernador Camacho que los estudiantes estaban tomando fuerza en las instalaciones de la prepa sur y que los normalistas ya habían entrado al plantel.

Los judiciales les reportaban aproximadamente ocho mil en total, contando maestros y padres de familia —cifra exagerada— y Camacho dio la orden de replegar con gases lacrimógenos. Los primeros disparos al aire fueron de calibres gruesos y los estudiantes a la misma vez se aventaron al suelo… después de varios segundos los judiciales entraron a los jardines de la prepa y comenzaron a agarrar a macanazos y cachazos a papás y maestros, sin preguntar.

A su vez varios cartuchos de gases lacrimógenos hicieron estallar los patios y todos salieron corriendo, varios estudiantes se regresaron y decidieron enfrentar a los judiciales —a quienes ya les tenían asuntos guardados como el estudiante Iván, que fue baleado en Cerro de las Campanas— así que se comenzó una pelea campal que sorprendió a los judiciales —que ya iban entonados con su fama de mariguanos—.

Todo esto se llevaba a cabo mientras cientos de estudiantes corrían para ponerse a salvo, y los judiciales se vieron rebasados, así que comenzaron en las patrullas a perseguir a cuanto estudiante encontrara, tirarlo, darle su “calentadita” y después subirlos a las patrullas.

Como los judiciales vieron que los normalistas apoyaban a los de la UAQ, deciden meterse a la Normal del Estado y comenzar la “corretiza” de mujeres y maestras, mismas que no fueron nada quietas y decidieron agarrar a pedradas las patrullas y golpear a los judiciales, a quienes replegaron —no sin antes dejar a varias mujeres descalabradas— de tal forma que la avanzada que había tratado de acercarse en el Teatro del seguro social —IMSS— y darle un pliego petitorio al presidente López Portillo.

Saberse que el paro de los normalistas era para gestionar la compra de un camión para llegar a las instalaciones y una biblioteca.

Cuando se supo de los universitarios correteados en la prepa sur de la UAQ, de inmediato estudiantes de las secundarias federales corrieron a hacerles compañía, pero varias patrullas ya habían bloqueado el acceso por parte de la calle de Hidalgo, dejándolos encerrados.

El comandante de fragata y diplomado de estado mayor presidencial Antonio Cabrera Ozaga se acercó al presidente López Portillo, le entregó una ficha de lo que los militares le habían reportado al mando central, de aquellas acciones que en ese mismo momento estaban ocurriendo, 8 de mayo de 1980, el presidente leía:

«Disolución, golpes y tiros a estudiantes de Querétaro, gases lacrimógenos son activados en los patios de una preparatoria local llamada Salvador Allende, judiciales del estado han apresado a estudiantes (no sabemos la cantidad de ellos) golpeados y fracturados de brazos, así como varios descalabrados, piezas dentales rotas y se ha disminuido una marcha estudiantil que requería de su presencia Sr. Comandante Supremo de Fuerzas Armadas… hasta este momento el reporte… firma»

López Portillo finalizando el evento, le pidió de favor al gobernador Camacho Guzmán, se fueran juntos en su camioneta de comitiva y así sin más, bajó a todos los que iban a bordo, tomó el volante el propio presidente y sentó a su lado al gobernador —rechinando llanta se alejaron rumbo al Cerro de las Campanas, a su vez tres camionetas de color verde mate con matrícula de Campo Marte fueron detrás de ellos—.

Iban a toda velocidad cuando el presidente le da a Camacho Guzmán la misma tarjeta que le dio el guardia presidencial Ozaga.

Cuando llegaron a la comida, el presidente le permitió hablar a uno de los estudiantes, un joven preparatoriano escuálido con un traje que a leguas se miraba no era de su medida, pero en sí el porte y la atención la obtuvo del presidente.

Están en los patios de la Casa Conín, ubicado junto al templo de San Felipe Neri.

—Dime muchacho soy todo oídos, pero te recuerdo que no es un dialogo, solo quiero el reporte, no que sucedió, sino que chingados quieren como estudiantes ¿no han aprendido que a madrazos no se arregla nada? aparte se ponen con sansón a las patadas, el gobierno no es represor, pero tiene mucha fuerza y no la vamos a medir aquí.

—Solo queremos que se refuerce la seguridad en nuestro centro universitario, varios judiciales se han metido a golpear estudiantes y disparan en contra de nosotros por cualquier cosa.

—Mira muchacho, yo también fui revoltoso estudiante, y daba guerra como el que más, pero no era pendejo, sabía y tenía mis límites y medía muy bien a quien darle el chingadazo, así que ve y diles a tus compañeros que le bajen de huevos a su desmadre, que yo me comprometo a que todo se arregle, les voy a poner orden y una que otra cabeza caerá… ¡pero ya párenle cabrones o esto se va a convertir en un 2 de octubre! ¿entiendes?

—¡Sí señor presidente!

—Pues mira te voy a dar esta tarjeta y quiero que te pares en palacio nacional el próximo lunes, pides hablar directamente con el Lic. Jesús Reyes, el te va a decir que hacer y de verdad agradezco tu tiempo y atención, espero que nunca olvides que hablaste con el presidente de la república.

Para el 9 de mayo de 1980 salen a las calles de Querétaro estudiantes de la UAQ, de la Normal y de las secundarias federales para hacer una manifestación, la exigencia era clara ¡paren la represión!

Comandaba la marcha el indignado rector Lic. Mariano Palacios Alcocer, quien estaba de verdad molesto por estas acciones represivas y que de no hacer un paro total de las represiones por parte del gobernador Camacho, esto podía escalar a dimensiones como en el 68.

Gobierno del Estado destituyó a la procuradora, a mandos policiacos, judiciales y a más de 35 involucrados en la operación ópalo, quienes habían ya guardado a varios estudiantes en las instalaciones de Ocampo y Zaragoza, y que no les quedó otra que regresarlos a sus familias —después de su buena bañanda al estilo judicial: peñafiel con chile piquín en la nariz—.

En la siguiente vez que se miraron el gobernador Camacho Guzmán y el presidente López Portillo fue en la reunión general de la CTM, no se abrazaron, solo se saludaron y Camacho le tomó el codo cuando estrechó su mano.

Ozaga se dio cuenta que estaba ante “diamante tres”

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