LUIS NÚÑEZ SALINAS / LA LLEGADA DE FIDEL VELÁZQUEZ A LA CTM

LA APUESTA DE ECALA

Al administrar los dineros de un sindicato, una de las primeras observaciones es la cantidad grande —monstruosas cifras de los agremiados de las cuales disponer es solo cuestión de hacerlo— existe una tentación y mantener la cabeza fría es de verdad difícil.

Cientos de dolencias económicas que se tuvieron de niños, de adolescente, hambre y fríos son tal vez el eco de mayor impacto en la toma de decisiones en aquella línea frágil de lo moral y lo correcto, que en mucho, México de aquellos años estaba ávido de lograr tener por fin un poco de respiros, la segunda guerra mundial tiene a Latinoamérica colgado de un hilo, no solo por el temor de tener que participar y no vernos relegados del conflicto, sino que los sindicatos escuchan rumores de la aceleración de la economía por la venta de petróleo y el crecimiento de las divisas por la mano de obra que se fuga hacia el país del norte.

Vicente Lombardo Toledano y Fidel Velázquez (derecha). FOTO: ARCHIVO

La noche del 27 de febrero de 1941, después que fue elegido secretario general de la CTM, la cena de celebración se llevaría a cabo en el Castillo de Chapultepec, con invitación excelsa y personalizada, de tal forma que quien no la tuviera no podría ingresar.

La subida del camino desde abajo rumbo al Castillo, que esa noche tenía sus mejores galas tendría como invitados especiales a artistas de cine, de radio, de teatro y representantes de sindicatos norteamericanos.

Para el caso de Lombardo Toledano —el consentido del Tata Cárdenas— no pudo reelegirse y así Fidel tuvo el control total de la CTM, por el enojo, no iría Vicente a la reunión de festejo, pero sí su mano derecha Celestino Gasca, lo acompañarían el político de Jalisco Marcelino García Barragán, el encargado del campesinado nacional Henríquez Guzmán —que pronto sería promovido a la 15ª zona militar del propio estado de Jalisco—.

La intención era clara de Henríquez: hacerse “amigo” de Fidel para que lo lanzara como próximo candidato a la presidencia, y lograr el apoyo sindical —en México no se contaban los votos, eso era un ejercicio administrativo, realmente llegaba a la presidencia quien tuviera el “amigo” de los sindicatos, por su fuerza—

Así al llegar a la lujosa nave del Castillo de Chapultepec —construcción hecha por el virrey Bernardo de Gálvez y Madrid en 1786 y que duró varias décadas abandonado hasta que fue subastado por otro virrey— era el lugar ideal para la entronización del máximo líder sindical, que ejercía poder en los más altos índices de la política de 1941, incluyendo la propia visita del mandatario poblano Manuel Ávila Camacho —un regordete y borrachín presidente que no fallaba a ninguna comilona de Fidel—.

Sentado en la mesa principal con un banquete para más de dos mil personas, cena servida en tres tiempos con un menú de crema de sopa de elote, pavo asado a las brasas y cubiertas caramelizadas, así como vino tinto, brandy, y cerveza en algunos casos —la ocasión lo ameritaba— se desarrolló con la llegada de artistas como el cantor Jorge Negrete que ya había estrenado la cinta “¡Ay Jalisco No Te Rajes!” quien lo tenía en todo lo alto de la fama, acompañado por su esposa, la bailarina de Ballet Elisa Crochet Asperó.

Los productores de la cinta le habían hecho saber al charro cantor lo importante de que asistiera a la cena, debido a que Fidel era considerado «más que el presidente» y con ello negociar la censura de las películas, que era el incesante roce entre los productores y la secretaria de gobernación.

Gloria Marín acompañaba la mesa principal y no era del menester de todos, pero ya llevaba de idilio de Jorge Negrete más de tres meses, desde la misma filmación de la película, y con ello el enojo de la bailarina, quien ya tenía serias sospechas del infortunio romance.

Acompañaban en la mesa también José Rodríguez el director de la cinta —y quien buscaba la CTM pusiera dineros para otra película igual que se planeaba: ¡Así se quiere en Jalisco!— así que estaba la ocasión para que todo saliera a pedir de boca.

Al paso del tiempo de la fiesta y las bebidas, el ambiente en la mesa iba subiendo de tono, en tanto se descubría que la esposa de Jorge Negrete le lanzaba indirectas a Gloria Marín, en el tenor de hacerle ver que estaba al tanto de las infidelidades de su esposo con ella misma.

Los productores no deseaban que aquello escalara, pero ya uno, José Rodríguez estaba bastante tomado y lanzo el primer arponazo:

—Díganos don Fidel ¿qué le parece la pareja más famosa de México? — refiriéndose a Negrete y Marín.

—Yo creo que la Sra. Elisa Crochet y don Jorge Negrete, deberían de hacer la película juntos.

—¡No serviría don Fidel— aseveraba el charro cantor con voz bravía— aquí mi bailarina no le atina a lectura alguna de los libretos y tiene una mala memoria… ¡de válgame, Dios!

Se levantó Elisa Crochet y caminó por toda la pista central del castillo, lanzando mentadas de madre a Gloria Marín y Negrete.

—¿No va a ir por ella don Jorge? — atinó Fidel.

—¡Que se regrese como pueda! — estoy harto de sus desplantes y correrías, ¡a ver muchachos a tocar y todos a bailar que esto no es un velorio!

La fiesta continuó hasta altas horas de la noche, en donde ahora sí sin esconderse, Negrete y Marín le dieron vuelo a los arrumacos y muestras de cariño delante de toda la concurrencia.

28 de febrero de 1941, oficinas de la CTM, reunión entre Manuel Ávila Camacho y Fidel Velázquez, 7:30 am.

—Que pinche dolor de cabeza me cargo Fidel ¿no tienes algo para la cruda?

—No Sr. presidente, solo que me espere y ahorita mando por unos caldos de pollo, es cosa nomás de unos veinte minutos, y nos los traen.

—Pues pídeme dos.

La reunión era el comienzo de lograr lo que Velázquez ansiaba desde la conformación de la CTM y Lombardo no le hacía caso:

«lograr que todos los trabajadores gocen de servicio médico, no gratuito, sino que una parte lo pague él —la mínima— otra el gobierno y una más el patrón, para que se tenga un verdadero sentido de pertenencia a las instituciones y lograr con ello un trabajador fuerte y sano, cuidado y si se extendiera a su familia ¡qué mejor!»

—Mira Fidel— sorbiendo el jugoso caldo de pollo con verduras— lo que pides está cabrón, por una parte, los patrones me van a mandar a la chingada si se me ocurre decirles eso, y por otro ¿cómo aseguras que el trabajador va a pagar su parte?

—Lo hacemos obligatorio para todas las partes, además la legislatura ya lo votó.

—¿Obligar al estado a pagar acceso a la salud? ¿eres comunista? una cosa es que lo hayan votado y otra que lo echemos a andar.

—Si lo patrones no quieren pagar su parte los multamos, es solo cosa que nos pongamos de acuerdo con los legisladores y que lo suban a votaciones.

—Tú sabes que pinche desmadre es la legislatura ¿a poco crees que será fácil crear en esta ley de salud para los trabajadores una pena a los patrones?

–Tu dame permiso de negociar y en un año te tengo el proyecto ¿me dejas?

—Pues claro, faltaba más ¡pásame los frijoles!

Ya el general Alberto Tejada había hecho una propuesta de un Seguro Social —que en Veracruz lo mandaron muy lejos, por aquello de que pareciera idea comunista— y en una entrevista logró hacerle llegar el proyecto a Fidel, quien le pareció una excelente idea, con la condición de que debería dejarlo que la CTM fuera quien la propusiera y dejara claro que era para el beneficio de la clase obrera.

Cuando Fidel aceptó la cita de Jorge Negrete, seguro estaba que la iba a reclamar el desajuste de la anterior fiesta, así que fue cauto en recibirlo y escucharlo.

La oficina principal de la CTM era fastuosa a más, obras pictóricas de Siqueiros —regalos personales a Fidel— una cantina que era la envidia de cualquier bar de lujo de la ciudad de México, todos los periódicos planchados —para no mancharse las manos de quien lo leyera— así como una amplia mesa de caoba brillante con un frutero que no era posible alcanzar, además de quien se sentara, sabía que el lugar especial era el de la reluciente silla con adornos de leones en las patas y en la cabecera.

Jorge Negrete no se amedrentó y le lanzó la broma cruda:

—Esto no es pobreza don Fidel, ¡son chingaderas! el pueblo muriéndose de hambre y Usted con sus extravagancias.

El comentario no le hizo la menor mella al líder sindical, cauto y tranquilo le invitó un tequila en una lujosa copa de cristal cortado —prohibidas en el país— y recapitulo la agenda.

—Dígame mi buen amigo Jorge ¿Qué le trae por acá?

—Solamente platicarle una situación con los trabajadores de la industria del cine, mire don Fidel, no acabamos de comprender porque el gobierno les da tanta manga ancha a las producciones españolas en México, ¡no ocupan a nuestro gremio! ellos traen todo, que el de la cámara, que el de luz, que el de la tramoya, y nosotros nomas mirando.

—Fue un convenio que se hizo con España.

—Si, pero nos está danto en toda la madre.

—¿Qué propone?

—Que formemos un sindicato de trabajadores del cine.

—Ya existe.

—Sí, pero más allá, que si yo voy a filmar una película obliguemos a que todos sean mexicanos, desde el maquillista hasta el actor.

—Son solo aspectos de tu percepción Jorge, mira dame unos meses y te tengo respuesta, por favor, con cautela para no armar un escándalo.

Al paso de los meses don Fidel no le concedió ni una sola audiencia al charro cantor y éste, decidió armar el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana, con todas las de la ley y acercó a todas las grandes figuras del cine nacional, a lo que las cenas del líder de la CTM fueron abandonadas por la crema y nata del espectáculo mexicano, quienes muchos de ellos ya habían sido galardonados internacionalmente.

En respuesta las casas de cine —incluyendo a los hermanos Rodríguez— decidieron una reunión para observar como lograban hacer caer la fama del charro cantor.

Oficinas de Churubusco Films, a un costado del Bosque de Chapultepec, 19 de agosto de 1941.

—¿Inventar que Jorge Negrete es homosexual? por supuesto que eso no correrá por el gremio, desprestigiaría a nuestro cine nacional y las ganancias de taquillas por todo el país y Sudamérica, no estoy de acuerdo con manchar así el nombre, tendríamos pérdidas millonarias.

—No tenemos otra salida, el sindicato de trabajadores que formó está levantando huelgas en diferentes casas cinematográficas, tenemos que pararlo en seco.

—No se me ocurre nada— decía el productor de Poza Films.

—¿Porqué no empujamos la carrera de ese actorcillo de las carpas? ¿cómo se llama? Pedro Infante creo, canta, actúa y tiene carisma con la gente.

—¡Claro! que le compita y le bajamos los sumos de grandeza, hacemos películas de corte campirano y aparte decimos que a Negrete nunca le gustó vestirse de charro, por un lado, le pegamos y por otro levantamos un nuevo ídolo nacional.

Así para 1942 René Cardona dirigió y recibió apoyos por parte de la CTM —utilizando a trabajadores españoles no sindicalizados— para filmar la película “Jesusita en Chihuahua” quien iba a ser protagonizada por Jorge Negrete, pero se puso a Pedro Infante —que para ese entonces había tenido tres películas sin ton ni gloria: Un burro de tres baturros, El Organillero y Puedes Irte Sin Mí— y que le había sorprendido de inmediato el interés de los directores de cine para con su figura.

En un telegrama fechado del 20 de agosto de 1941 se leía:

Jorge Negrete. No es posible que continuamos con el proyecto de la filmación de Jesusita En Chihuahua. Gracias por su atención.

Firma: René Cardona André.

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