LUIS NÚÑEZ SALINAS / EL JOVEN SACERDOTE CLAVIJERO

LA APUESTA DE ECALA

Es tal vez el momento de mayor impacto en la vida del joven Francisco Javier Clavijero, por una parte, su acentuado amor por lo nativo, por las culturas y por su historia —qué decir de su naturaleza, los animales y lo exótico de estas tierras— le permitían tener una perspectiva casi esquizofrénica de como fueron creados estos lares, por su cabeza las disertaciones de la atención que puso el creador para con detalle construirles.

De nadie era ajeno su amor por la historia de los naturales, su discrepancia con las autoridades de la Compañía de Jesús —que limitaban el acceso— acerca de que ingresaran a estudiar formando indígenas, era famosa por toda la Nueva España.

El valor de mayor atención a la cultura llamada mexica —en el centro mismo de la capital de la Nueva España, es más, los edificios actuales habían sido construidos por encima de los basamentos y arquitectura original— le tenían en un arduo trabajo para comprender lo que había desaparecido, pero también, lo que había quedado.

«… nada queda de aquel majestuoso sistema de irrigación, de aquellos palacios tan altos que le daban una extrañeza a las realidades, vestigios quedados en los bosques y ciudades cercanas son sometidos por la naturaleza, las fuertes raíces han hecho lo suyo, y sin mano de persona alguna, han destrozado los corazones de aquellas antiguas ciudades, era un reino de otra formación, pareciera que Dios tenía un paraíso en otro lugar»

Para los europeos la perspectiva de lo natural de estas tierras, les parecía que no estaban bien hechos, algunos panfletos circulaban por las ciudades de la Nueva España alegando que la creación —la visión— de Dios para estas tierras era disminuida, que aquí no se había terminado el trabajo y que inclusive los naturales estaban no hechos a imagen y semejanza.

Esta visión permeó las altas esferas de la nobleza de la Nueva España, y acrecentó la perspectiva de las castas, si para unos españoles que se casaron con indígenas tenían hijos morenos se les negaba el vocablo de criollos, y se les quedaba como mestizo.

Este tema era de incumbencia del joven Francisco Javier, quien se hizo adecuado en estudiar lo natural —que lo repasaba de su niñez— y dejaba claro su pensamiento de no tener diferencia alguna entre unos y otros, entre criollos y mestizos…

«pues no será la piel, la forma, la complexión o el sexo de los naturales quien establezca la diferencia entre unos y otros, no será por mercado que fueran unos para otros en el sentido mismo de la naturaleza de saberse varones y mujeres, me parece falto de toda proporción guardada que se crea que un criollo y un mestizo fueran diferentes… deseo inclusive resaltar que los naturales tiene en sí una simbiosis con lo que lo rodea, con lo que los construye… hemos destruido un imperio lleno de bondades y privilegios…»

La mayor moda de los años de sacerdote de Clavijero eran los neonaturistas, toda una “parvada” de intelectualoides que haciéndose sabedores de estudios de Bachiller, eran lo suficiente para hacer todo un estudio de la naturaleza de las cosas y de los animales, de contar bajo sesudo estudio, las condiciones de aves, reptiles y mamíferos, así como el de desdeñar cualquier habilidad de los animales, para considerarlos “monstruos”, “extraños seres” “adefesios de la naturaleza”

Lo que más le llamaba la atención de estos “modernos” naturistas a Clavijero eran su ingreso total a que la vida se formaba por “moléculas orgánicas” —entendiendo moléculas como la parte mínima de un ser vivo, que ya no era posible ver— y en atención a esto resurgía aquella idea aristotélica del epigenetismo.

«…una mezcla de sustancias de la madre y del padre dan como resultado la creación del embrión»

A lo que Clavijero alegaba que la unión de la cópula entre machos y hembras —de igual modo que los humanos— se da por lo natural, sin mezclas —años de ver a los animales reproducirse en las comunidades indígenas le quedaba claro el asunto—.

Esto le trajo varias llamadas de atención por parte de sus superiores, a lo que siempre alegó que la naturaleza da la vida, sin considerar lo profundo de lograr saber que de un macho y una hembra habrá cría y que, de lo contrario, un macho y un macho en un corral, jamás crearía vida —ni siquiera era de entenderse estos conceptos en aquellos tiempos—.

Nueva Galicia, catecismo a niños de comunidades indígenas, 1766.

En aquella región gobernada por la casa de Austria —con permiso del Rey de España por supuesto— estaba diferenciada de algunas zonas de la Nueva España por los colegios que levantaban la perspectiva y calidad de vida, como en la ciudad de Querétaro, los jesuitas hacían que la población tuviera alcances de las realidades que les rodeaban, no solo por estar ante zonas preparadas académicamente —en Querétaro todas las órdenes permitidas en la Nueva España tenían colegios para españoles, criollos e indígenas— sino que el catecismo era el buen pretexto para lograr que los naturales se acercaran a una comprensión, sí desde la fe, pero también en lo político y social.

Estando el joven sacerdote Clavijero dando su catecismo un niño de oscuros ojos negros le preguntó:

—¿Entonces la creación de Dios fue en todos los sentidos?

—Sí, hizo la tierra, los animales, el agua, el fuego, los volcanes… ¡hizo todo!

—Entonces ¿por qué los españoles nos maltratan y esclavizan?

No supo que contestarle, un poco por la edad y otro más por no desatar la polémica…

«…sí deseo comentarte que los naturales como ustedes son iguales a los españoles, que en nada deben dejarse conducir de otra manera, si tu por diferente solo sería tu nombre… a Jesús le gusta que los niños se vean como iguales, porque al crecer, se reconocerán como uno propio.»

Por este catecismo fue llamado ante el alcalde del ayuntamiento de Nueva Galicia, que era más un cacique de la zona que tenía con poderío su estatus.

Casa del ayuntamiento de Guadalajara.

El palacio del ayuntamiento de suntuosos altas arcadas y blanco recinto, solo apresuraba la atención del joven catequista en que tenía toda la razón que los españoles se habían convertido en la clase de mayor dominio de la zona, como aquellos navegantes lusitanos que terminaron con los nativos de las selvas del sur.

La recepción fue sencilla, un enfurecido español de síndico le admitió en la oficina y al paso de unos minutos, el alcalde le dio atención a todo un libro de quejas, que tenían divididas las hojas en cada caso a tomar en cuenta con el religioso.

—Alcanzo a mirar una senda de quejas en contra de Usted estimado hermano Francisco Javier, en lo personal no me amedrento, pero en el beneficio de la comunidad son de verdad desatinadas sus ocurrencias.

—Deme oportunidad de atender cada una de ellas y solamente le daré la explicación que busca.

—… “que sea de saberse como original aquella queja de un nativo que desee formarse en una universidad y que se le den todos los beneficios económicos de su preparación por parte de la corona… ¡y que se cumpla tal promesa por todos y cada uno de los originales que fueron despojados de sus tierras…!” ¡pero qué barbaridad tan blasfema!

—¿no coincide conmigo? por lo que escucho, me da a parecer.

—¡No se te olvide fraile con quien estás hablando!… “que sea de suyo propio que un niño tenga atención de su cuidado por parte de la corona en atenderle sus males, su comida y su habitación, para que sea de suyo que estas tierras son herencia de sus antiguos y que las reclame” … esto es sedición te puede costar la cabeza.

—¡No existe esa pena en estas tierras!

—…” que se a bien decirse y que os quede claro: si ante un hecho de confrontación persona a persona hubiera la simple necesidad de saberse con vida entre un nativo y un peninsular, matar el primero al segundo ¡no sería pecado! porque estaría solamente alimentado la justicia y equidad que de por sí ya se había sido arrebatado sus tierras mismas…”

—Deseo entender alcalde que la entrevista es para un juicio o es solo un proceso de que se me informe que estoy preso, en ello dejadme avisar a mis superiores de tal caso.

—¡Es para que lo deje de hacer!

Camino antiguo a Valladolid.

A recién su camino de regreso de Valladolid de Clavijero para ir a Guadalajara, le alcanzó un jinete que le entregó un aviso de su superior para presentarse de inmediato en la casa de formación, lo cual le llevaría unos dos días más de camino. Su preocupación sería que el alcalde por fin le hubiera levantado cargos penales a sus disertaciones en las catequesis, a lo que ya estaba costumbrado, decidió no darle avance al camino, más bien cercano a la zona de las zanjas decide aposentarse en un hostal.

Los cuidadores de aquellos caminos le habían avisado que ya varias revueltas de indios se estaban presentado y que debería de tener cuidado, los caminos peligrosos estaban llenos de maleantes, y que la señal para no ser sorprendidos era vestirse de religioso.

—¡Vaya excepción! — llegó a pensar.

El hostal distaba de que alguna vez existiera un poco de orden y cuidados, las mesas rotas parchadas con tablas de otro color, los bancos armados entre pedacería de algunos que tuvieron mejores años, el vino avinagrado, pero la comida buena, le permitían a Clavijero tener un poco de espacio para saber qué hacer en caso de que el alcalde de Guadalajara le sentenciara.

Sentado y comiendo abrió el sobre que le dieron, era una extensa carta con explicaciones de que debería de hacer en caso de que fueran expulsada la Compañía completa de la Nueva España.

—¿Por qué habrían de expulsarnos? — constantemente se preguntaba mientras leía el cuidadoso manual de operaciones.

«…de sabedores que cuidemos nuestros recursos debemos de atender un motivo solo para ser sacados de estas tierras, como ya ocurrió en Francia, el temor es fidedigno y cercano, por ello hermano Francisco Javier te dejo claro el qué hacer:

Numerado como uno: ten a bien que todos los escritos sean enviados por mar a nuestras tierras de allende ultramarinos, y hay quien reciba tus escritos y estudios, así como los de nuestros hermanos.

Numerado como dos…»

Así el religioso fue atento a las indicaciones, una le llamó la atención de por más:

« Numerado por treinta y dos: deberás meter las barras pequeñas de oro que guardamos en el Colegio de la Compañía en la ciudad de Querétaro, deberás meterlas en cajas de madera, siendo el chocolate que sea lo que lo cubra, que no asemeje una caja de víveres, que de seguro no permitirán se cuele, pero sí deberá ser de por sí amplia y espaciosa, deberá cada chocolate forrar a bien cada tira de oro, moneda o joya alguna, será el único baluarte, junto con los libro los diarios personales…

La fecha de embarque de todos los que llaman “cajas de chocolate” esta para el comienzo de enero de 1767, deberán estar listos, nuestros priores sospechan de quejas de civiles españoles que acusan a la orden en tener un arsenal de nativos para levantar en movimientos independentistas.

Las cajas deberán ser enviadas a la ciudad de las Floridas, con el remitente de:

Compañía de Jesús, Diarios y víveres personales.

Firma: Escribano de la ciudad de Querétaro… a pulso y compromiso del día 24 de noviembre de 1766…

Lo sospechado por Francisco Javier Clavijero se había cumplido:

serán de nuevo expulsados de un reino por atender la formación académica de las personas, para lograr diseminar su pobreza intelectual.

Continuará.

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