Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Final del cuento de navidad

La ciudad de Querétaro -en las navidades de 1765- se daba por enterada de características propias de una pequeña población altamente españolizada, en pobre podemos hablar de una diversidad y aceptación de diferentes pensamientos y culturas, ¡es más! desear que pasara la sana convivencia entre indios, españoles y negros, sería caso de denominarle ¡imposible!

Para esos años el hoy joven y acaudalado Don Pedro Romero de Terrenos, un sobrino de Don Juan Vázquez de Terreros, españoles ibéricos que hicieron una fortuna inmensa…

Entre los dos han formado de las grandes fortunas la oportunidad de lograr establecer una igualdad entre las castas – o en el empeño se han dejado- por su parte el papá de Jacinto Carpintero cuenta con el mejor taller de ebanistas de la región, acaudalados de todas las regiones – ibéricos por supuesto todos ellos- anhelan el tiempo y la fortuna de contar con las obras maestras, de una mano como la del ebanista, padre de Jacinto, el chico de los chinos fruncidos.

José María por otro lado, se encarga de recorrer en aventuras el gran palacio que su padre había construido para su hermosa madre María Antonia de Trebuesto y Dávalos, descendiente directa de Moctezuma – que en esos años era considerada una noble- a estos días, tal vez el mejor ejemplo de tan amoroso matrimonio.

¡es la navidad e 1765! y Don Pedro Romero de Terreros daba un gran festín en el palacio para todas las personas que tenían – aún- prohibido ingresar a la ciudad española, como lo marcaba la tradición – y la ley- los indios, debían de quedarse en sus espacios.

Pero Jacinto y José María – ahora grandes compañeros de aventuras- ya habían previsto la visita de más de ¡doscientas personas! para ingresarlas por la parte del lado izquierdo del palacio, calle que daba hacia las murallas del conjunto arquitectónico de San Francisco.

Y que gracias a que una gran puerta se construyó por el propio Don Pedro, se podía ingresar por un lado al palacio de la calle del biombo -famosa por su espectacularidad y monumentalidad- y que permitía así, dejar pasar a los nativos de estas tierras a disfrutar un poco de la pesada vida que llevaban, todos ingresaban por el templo principal del conjunto franciscano ¡así no se desprendía sospecha alguna!

Para los nativos de Querétaro -que habitaban en pequeñas ciudadelas alrededor de la ciudad española- ¡no había oportunidad de estudios! ni de aprender un oficio que les permitiera un cambio de vida, solo los ibéricos gozaban de los privilegios de la casta suprema, el ingreso a la ciudad española restringido a los naturales de estas tierras por años, jornadas de trabajo extenuantes, y la esperanza de ser por siempre

¡esclavos de esta clase europea!

Ya en anteriores ocasiones, el cabildo de la ciudad de Querétaro, le había recriminado a Don Pedro, su amistad con un lobo – el papá de Jacinto Carpintero- y haberlo incrustado en sus negocios ¡cosa que rompía con los tratados comerciales de las reformas borbónicas!

¡la recién monarquía absoluta que se vivía ahora!

En ese mismo tiempo la antigua casa de Habsburgo que había reinado el total de los territorios anexos y de la misma España tenía como uno de los privilegios, el dotar de facilidades para el comercio, tanto de extracción de minerales como el oro y la plata, no importando las formar de extracción, se lograba un avance en los comercios tras los mares.

Pero ahora con la monarquía absoluta del rey Felipe V de Borbón, se miraba que el comercio y a que todos los negocios de particulares regresarán a la observancia de la corona.

¡causando un gran malestar entre la clase dedicada a los negocios!

¡la cena estaba servida!

Una gran mesa al centro de uno de los fastuosos patios principales del palacio, le daban a la casa una vista de interminable – ante los ojos de nuestros chiquitines José María y Jacinto, el niño del color del café y los chinos fruncidos- así que corrían de un lado al otro, tratando de contar cuantas sillas se habían puesto…

¡demasiadas!

Cabríos y ovejas asadas a las brasas, biscochos y panes de ajo, así como sopa de cebolla y unas suculentas hojas de harina hervidas en manteca de cerdo, acompañadas con mieles de piloncillo y canela, que al retirarlas se hacían crocantes, junto con ponches calientes de frutas cítricas, le daban el aroma esperado por la familia.

¡el palacio completo rebosaba de aromas!

Las personas encargadas de la cocina tenían tiempo de estar agradecidas con Don Pedro, por haber contratado a casi todos los familiares del servicio, si había gente que ayudaba en la limpieza, era porque fueran hermanos o esposos de las de la cocina ¡y así por todo el gran palacio!

Uno de los grandes riesgos de esta tan diferente manera de actuar de Don Pedro, era el de evitar a toda costa que alguaciles y regidores del ayuntamiento, se enteraran que había ingresado a un número de naturales a su casa … ¡cosa nunca vista!

En aquellos años, Don Juan Garay, buen amigo de Don Pedro – y quien le guio en la construcción de tan majestuoso palacio- se ponía demasiado nervioso ante tan colosal cena, en la cual, los naturales departían en la alegría y entusiasmo de tan especial noche.

Ya Don Juan Garay había hecho remodelaciones a la antigua cárcel – vecinos del palacio- y al mismo edifico de los corregidores españoles, quienes habían tenido que remodelar, por el ruido de los castigos corporales en las propias celdas.

-¡pero Don Pedro que nos echaremos encima al honorable ayuntamiento!

-¡vamos Don Juan! disfrute la velada… ¡los racimos de las uvas de la abundancia resuenan en cada rincón de este palacio!

-¡vaya que sí!… ¿pero no resultará la alegría de llamar la atención? en cada momento tiemblan mis rodillas al pensarme apresado por los alguaciles…

– ¡vamos! ¡disfrute!

…cuando el fraile de ojos amorosos fue descubierto – hurtando la manzana roja y cristalina del cebo- Don Pedro guardó la espada y levantó de inmediato a su amigo religioso…

-¡pero amigo fraile que intención de tenerle a estas horas en mis lares…¡

-¡disculpe Don Pedro… – apenado- ¡un desatino de mi parte!… ¡solo vine por una de las manzanas que a un niño le hacían falta…! ¿sabe? un niño que sueña con manzanas de cristal rojas…

¡Don Pedro volteó a ver a José María!…

-¿no será tu amigo de color del café que tanto me platicas?

El niño se acercó al religioso, con temor y atención, mientras le daba la mano para sentirse protegido…

-¡vamos José María! ¿qué te pasa?… ¡contéstale a tu Padre!

-¡no creo Padre!… ¡o no lo sé!

Entre que, si fuera y no, el fraile y Don Pedro decidieron caminar un rato, en lo que acompañaba al religioso hacia el gran muro detrás del conjunto franciscano.

-¡mi hijo necesita amigos! ¡no hay casi por la calle quien le acompañe!

-¡José María ya tiene amigos! ¡solo es cosa de que usted le de tiempo para que los conozca!

-aprovecho la ocasión! ¿logró tener el dinero para la capilla de nuestra Señora de Loreto?

-¡Sí! un buen benefactor…

Se dieron un abrazo y le recordó al fraile, que la cena de Noche Buena en su palacio le esperaba, y que sería un honor le acompañara, además de que, en esa noche, iba a dar una gran noticia a los naturales.

…la cena se llevó acabo bajo el fulgor de las primicias de la Navidad, por un lado, los invitados se dieron vuelta con tan suculentos manjares, y Don Pedro, su esposa María Antonieta y José Antonio, se llenaban de un brillo sin igual ¡darles de comer a tanta gente! y otorgarles la oportunidad de trabajo bien pagado, le hacían sentir el gran alivio.

-¡que vivan las navidades!

¡alzó la copa de vino y todos respondieron al unísono…!

-¡que vivan!

-¡deseo darles una noticia!…

¡se guardó un discreto silencio!

¡gracias a la visión y entusiasmo del carpintero Jacinto y su familia! hemos decidido mi amada esposa María Antonieta y yo, lograr ayudarles de la manera mayor posible, a partir de ahora y en adelante, podrán pedir préstamos a un servidor ¡Don Pedro! a cambio de que dejen en prenda algún objeto valioso hecho con sus propias manos… ¡puede ser desde una silla bien hecha! ¡hasta ropa y si tuvieran algunos la oportunidad!… pueden prepararse en un oficio, con la casa de oficios que tenemos ya abierta para ustedes…

¡nadie lo podía creer!… ¡los aplausos y vítores fueron del general de la concurrencia!…

Para no meterse en problemas Don Pedro, solicitó a la corona del Rey Felipe V – antes duque de Anjou- con varios meses de anticipación, la anuencia para lograr abrir en la ciudad de México El Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, una institución validada por todos los ayuntamientos de la Nueva España en sesión general, en la cual las personas podían pedir prestado dejando una prenda…

Los peninsulares podían hacerlo – cosa que hacían a escondidas para no verse reflejados en ruinas- pero al terminar el empeño debían dejar una limosna proporcional al pago, en cambio los nativos, negros, indios y las castas menores, estaban exentos de la limosna, y podían hacer uso del monte de piedad…

¡cómo se le conoció!

Al paso del tiempo Don Pedro falleció y su hijo José María continuó con esta maravillosa obra de caridad y beneficencia por toda la Nueva España, viéndose el fin de estas obras por el levantamiento insurgente.

Don Pedro sigue siendo tal vez el noble queretano que menos se conoce de su historia, su familia aún persiste por estos lares de la tierra de oportunidades y libertad.

Y si ponen un poco de atención, por las noches, se logra ver las farolas resplandecientes de colores en la navidad, y algunos vecinos del palacio cuentan, que aún perciben a Don Pedro y María Antonieta caminar por la calle del biombo, él con una rosa en la mano y ella con un clavel en el pelo, en dirección a su palacio

¡que fue construido para perdurar la nobleza de la raza de la última descendiente de Moctezuma!

¡a su vez se logra ver en a fuente de la calle del biombo a dos niños comiendo una manzana de rojo cristal dulce…!

¡tal vez! obtenida de alguna trampa de quien hoy habita …¡tan majestuoso palacio!

FIN…

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