Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Iturbide en el exilio

En la vidriosa y fría Bath, cerca de Londres, el lugar que mayormente se apreciaba eran los baños romanos, espectacular edifico clásico, lleno de arcadas y salones de lujo, le daban a visitante la oportunidad de tener un cálido abrazo de las aguas termales, es inclusive placer – si el tiempo lo ameritaba- uno de los relajantes masajes en las manos de un númida, fuertes jóvenes de tez tabaco que hacen un placer la relajación.

Para llegar al lugar, es solo albergar unas cuantas millas de distancia el templo de la Minerva, un centro de acopio constante de visitantes, en donde no solo se observan los ritos clásicos, sino que algunas logias, han tomado ya dominio del lugar y las sesiones hasta altas horas de la noche, le permiten tomar decisiones.

En este lugar, Agustín de Iturbide – ya con media pensión reducida y expulsado de Italia por Austria, debido al temor de realizar una revuelta- encuentra cómodo lugar para pasar sus tiempos, el exilio lleva ya algunos meses y de ser continuo al templo de Minerva, comienza a darse de conocimiento de varios movimientos en Europa, que tratan de repercutir en la toma de decisiones de la nueva América libre.

¡los españoles desean recapturar América a sus intereses!

La Liga Santa estaba resurgiendo de las ancestrales guerras, aquellas en contra del Imperio Otomano, que les permitió recuperar gran parte de Europa, pero perder territorios extraordinarios en Medio Oriente, en los años de 1571, se unieron varios imperios para lograr el cometido.

Esta vez, la resurgente Liga Santa, estaría comandada por los españoles, Austria, Estados Pontificios y Génova…

La información que recibía Iturbide era apremiante, así que trataba a toda costa de hacer llegar información a América ¡pero no tenía como! solo por la vía de los espías que lo seguían de cerca -pensaba-

En uno de los callejones de Bath, cerca de la ruta básica pía cerca del río Avon, Iturbide caminaba con lujosa capa de color blanco y bastón de diamantes – regalo de Alamán- la frescura del tiempo le permitía darse algunas ventajas por sobre la media.

Elegantes botas, acompañadas de un pantaloncillo café, y su espada de emperador al cinto, trataba de no hacerse notar demasiado – cosa imposible- estuvo caminando a la rivera del río cuando encontró un hueco en una de las paredes del edificio de aguas, caminó más de prisa e ingresó…

… su eterno espía José María Marchena, que le informaba a Nicolás Bravo todos sus movimientos – y a las logias yorkinas del santo y seña de Iturbide- le seguía de cerca…

… ¡Iturbide de sorpresa saltó por encima de su cuello y le puso una daga en la garganta…!

– ¿a cuánto vendes tu traición cura insolente?

Le decía mientras la daga comenzaba a hacer efecto en la piel del cura enviado por los masones, a espiar sus movimientos.

-¡su majestad!… me confunde…

-¡no te hagas idiota…! ¡sé que me persigues! ¡que por las noches estas cerca de mi puerta! ¡sigues mi respiración y mi suspiro!… ¡anotas a donde entro y salgo!… ¡esta daga hará lo mismo que tú, pero con sangre!…

¡con mayor fuerza Iturbide trataba de lastimar al cura Marchena para dejar claro su poder!

-¡vamos rata! ¡confiesa!

Tosiendo y tomando aire, el cura no lograba zafarse de la fuerza del aguerrido Agustín… ¡el forcejeo no cesaba!

-¡te voy a decir una cosa cura…! ¡así como de información sabes demasiado, te tengo una que deseo llegue pronto a América…! ¡pero donde me entere que no la haces llegar!… ¡probarás el lleno total de mi daga en tu cuello!… ¿te satisface lo frío del filo?

-¡mi señor me sigue confundiendo!

Iturbide lo soltó, no sin antes empujarle de frente y cortarle en el abdomen, una herida superficial ¡que lo haría sangrar! pero sanaría pronto.

¡Rasgó la ropa! los cueros y la piel… ¡al cura se le heló la sangre!

Al caminar para alejarse, Iturbide lo señalaba con el dedo índice de su mano derecha ¡haciéndole ver su anillo de emperador!…

-¡estás advertido so inútil perro de caza!… ¡haz llegar la información! ¡o no habrá clemencia en la próxima vez que nos encontremos!

¡Salió corriendo del escondrijo y se retiró tras la ya neblina que empezaba a caer…

Joel Roberts Poinsett – hasta harto- recibió una carta sellada en Londres, donde seguramente recibiría alguna noticia de las andanzas del ya entonces “exemperador” de su más fiel y aguerrido informante, un sello con la clave: Marchena.

¡Cuando la abrió quedó con los ojos fuera de sus órbitas!

… suficiente evidencia mi Señor de que Iturbide planea regresar a América, cierto es que ha recibido apoyo alguno, el menos, de parte de varias coronas, pero su capital familiar es poderoso en Europa y América, debemos hacerlo desembarcar en puerto controlado, de no ser así, aún su eximia presencia, pueda causar escollos en sus seguidores…

Joel tomó la pluma y escribió una serie de órdenes, mismas que iban dirigidas a José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix… ¡nunca le refirió una misiva al mote Guadalupe Victoria!

13 de febrero de 1824, Congreso de México.

Una carta es leída a la concurrencia de la cámara del congreso:

… “por esto luego que se descubrieron de un modo claro las miras europeas contra las Américas, lo que estuvo tiempo atrás en mi previsión, decidí pasar a un punto donde estuviese expedito para volver a servir a los mexicanos… y con mi espada a asegurar la independencia y libertad de ese país…

¡hubo rechiflas y aclamaciones de descontento!

-¡no deseamos un emperador libertador!

-¡fuera Iturbide! ¡apresadlo!

El Congreso -que a etas alturas ya había convocado a elecciones después del triunvirato de Guadalupe Victoria, Pedro Celestino y Nicolás Bravo- que acompañaba ya como presidente a Guadalupe Victoria, daba razón de que Agustín de Iturbide, deseaba llegar a Máxico a recobrar su imperio.

¡las desacreditaciones a Iturbide se hicieron públicas! ¡traidor de la patria! era el sobrenombre para colocar por todos lados del reciente país.

El diputado Carlos María de Bustamante insistía en la desacreditación de Iturbide, incluso opinaba acerca de que los periódicos y bandos, hicieran del conocimiento de todo el territorio, de tratarlo como fuera de la ley a Iturbide, proscrito y enemigo público.

José María Lombardo propusieron se le declarara traidor si atacaba la República, y así de inmediato -sin juicio- se dictará sentencia de muerte por traición, una vez pisara suelo mexicano.

Aunque en aquellos años, el delito de traición fundamentado no tomaba en cuenta la pena capital como castigo, eran otras formas las que lo incluían.

El 22 de abril de 1824, quedó claro el primer artículo del decreto en contra de Iturbide:

… Se declara traidor a D. Agustín de Iturbide siempre que se presente bajo cualquier título en algún punto del territorio mexicano. En este caso queda declarado por el mismo hecho enemigo del estado.

Prohibieron que cualquier persona le diera muerte, por el hecho de que alguien se pudiera confundir:

…porque sería horroroso y terrible que un rústico, un costeño por ejemplo, sin identificar la persona de D. Agustín de Iturbide, ó caso afectando no conocerlo, clavase un puñal a un hombre, para desahogar un privado resentimiento: que las palabras proscrito, fuera de la ley, lo que quieren decir es que ésta no concede su protección al que está fuera de ella, y se le puede quitar la vida sin estrépito ni figura de juicio…

6 de mayo de 1824, Southampton Londres, arriba del bergantín Spring.

Agustín de Iturbide tomó rumbo hacia México, en donde sabía que de ser posible – gracias a sus dotes de negociador- las misivas anteriormente enviadas a todos los encargados de funciones del territorio, políticos, militares, y el amor de las personas que le vieron liberar a la América, tendría un recibimiento como el de un héroe…

Le acompañaba su actual esposa embarazada, con sus pequeños dos hijos – no olvidando a los ocho que había tenido con Ana María Huarte-

A unos días antes de que llegara a México, el congreso leyó otra carta que el propio Iturbide les había enviado:

… no regreso a México como Emperador, sino como soldado al servicio de mi territorio…

Para desagravio de Iturbide de las más de cuarenta misivas que envió a diferentes grupos, solo el congreso había recibido las cuales, debido al deficiente servicio, y que, por obvias razones, el congreso tenía prioridad en el servicio postal.

Cuando llegaron al puerto, lo menos que esperaba Iturbide era la pasividad y la soledad de Soto la Marina, en Tamaulipas, el 14 de julio de 1824, al arribar se encontraron con que nadie lo recibía, es más pareciera que ni siquiera sabían de su llegada…

Su fiel amigo europeo – que recién conoció- coronel Carlos Beneski fue el primero en arribar a puerto y tratar de ir de avanzada para ver las condiciones que se tenían.

¡nadie!

Inclusive hasta desconcertados, al bajar todo el equipaje y subirlos a los carruajes, se podía medir la soledad el lugar…

-¡extraño mi coronel!… dejé claro el arribo y la fecha…

-¡su excelencia debemos ser precavidos! ¡una emboscada podría ser!

-¡no mi buen coronel! ¡en lejano su comentario!

-¡insisto su excelencia! ¡precaución ante todo!

Continuará…

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