Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

La caída de Agustín I

Una de las actitudes que mayormente le llamaban la atención a su majestad Agustín I, fue la visita de elegantes caballeros, peinados a la usanza londinense – recordemos que Iturbide viene de cepa europea- vestidos de negro y finas capas, quienes con guantes – que por cierto no se quitaban el izquierdo- le daban el saludo de corte a su majestad.

El palacio del emperador de México se llenaba de sus más finos detalles, debido a que la ocasión lo ameritaba.

Su majestad Agustín I citó a varias familias de acaudalados para exponerles un proceso, que, de resultar certero, podría financiar el sostenimiento del nuevo imperio, basado desde el norte de Texas hasta Honduras… ¡un verdadero territorio de dimensiones colosales!

Aquellos caballeros, una vez entonaban su elegancia y se hacían de la confianza de la corte imperial, saludaba al príncipe del imperio, su excelentísimo Ángel de Iturbide y Duarte, príncipe.

A su moderadísima María de Jesús de Iturbide y Huarte, princesa y a toda la corte, desde el propio heredero al trono Agustín Jerónimo de Iturbide y Huarte, quien ya se lamia las mieles del poder – siempre los hijos del poder son los que más lo disfrutan-

-¡Deseamos acercarnos a su majestad para una pequeña charla!- increparon los ingleses, a la escolta del emperador.

¡no recibieron respuesta!

-¡cajum… cajum!… ¡su majestad…! ¡deseamos platicar con su serenísima!

Atento el emperador dejó claro el interés -con una mueca- de hacerles escuchar.

-¡pasadlos al salón contiguo! –ordenó a uno de sus lacayos.

La noche reinaba en el hermoso fulgor de la luna, que implacable dominaba la escena, el salón contiguo se alimentaba de espejos de refracción, que permitían el juego y enfoque de los rayos, que, al multiplicarse por efecto de la óptica, lograban encender de color azul el salón completo.

¡en ese lugar de colores fríos su majestad los atendió!

-¡que osadía desear platicar con el emperador en medio del festín! – hasta aburrido comenzó el emperador-

-¡su excelentísima! agradecemos el favor de su atención y deseamos hacerle una proposición, si es que considera en su tenor de aceptarla, acerca de lograr un entendimiento de las finanzas del imperio…

-¡el imperio es sólido!

-¡pero deseamos financiarle con un préstamo…!

-¡no puedo dejar al congreso al margen…! ¡el imperio se financiará tanto y cuanto el congreso lo apruebe! ¡de otra medida no nos será posible!

¡excusa!

El lugar ideal para lograr reunir a Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón y a José Feliz Antonio de Echávarri, no debería ser ninguno cercano a los círculos del emperador ¡por el contrario! el de mayor rispidez y roto que se pudiera.

Uno de los primeros acercamientos fue cerca de los pozos que drenaban la antigua acequia, cercanos al palacio del emperador, un lugar que, por su pobreza y extremo peligroso, era imposible que hubiera guardias.

¡El primero en bajar con un uniforme de gala tapado con un largo poncho de franciscano fue Santa Ana!

A su vez – de igual manera sin escoltas- llegó Echávarri, sin uniformes y por su pelo rizado y sus facciones de lobo, pareciera uno más de la pocilga cercana en la que se entrevistaron.

¡no hubo abrazo ni sospecha alguna de rito de milicia!… ¡pasar desapercibidos era el mejor disfraz!

-¡no acostumbro estos lugares Echávarri! y te daré pronta respuesta a tus interrogantes, en cuanto considere pertinente.

-¡mi general! ¡es el momento exacto para lograr derrocar al emperador!

-¡es una afrenta de proporciones lograr este derroque! ¡el emperador esta rodeado de fieles ejércitos! ¡feroces combatientes que le darán al espíritu de la libertad de su majestad… no solo la vida! ¡sino el martirio para mantener la corona!

-¡el imperio está en franca banca rota! ¡los ejércitos llevan meses sin cobrar una sola moneda! y el emperador ha mandado acuñar la familia de monedas de oro y plata… ¡el descontento es comunal!

¡Sacó de entre sus ropas brillantes monedas de oro y plata! en un anverso el rostro del emperador, y en el otro la leyenda augustinus dei providentia, sobre un águila devorando a una serpiente, acuñadas en ocho y cuatro escudos – como en Londres- y en reales.

¡Santa Ana estaba colérico!

-¡la ruina en el imperio!

-¡así es general!… ¡llegó el momento!

-¡sabes que nos sencillo armar otro ejército!… habrá guerra de nuevo y seguramente el imperio volteará a Europa!

-¡seguramente lo hará!… ¡pero tenemos nosotros de donde conseguir…

El joven José Antonio de Echávarri – de igual manera militar y consentido de su majestad- le narró el encuentro del emperador con los ingleses, quienes le ofrecieron un préstamo, pero al ser rechazados, de inmediato contactaron a las logias norteamericanas de formación yorkinas, e idearon un plan:

Si lograban insertar una República en estos territorios, basada en los valores de un congreso y de una cámara de representantes – que además pertenecieran a las logias yorkinas y a las recientes mexicanas- podrían generar un territorio sólido, y además con el financiamiento del Banco de Londres – quien estaría obligado a abrir una sucursal en México- se podría considerar que la construcción de una república de estas magnitudes, le daría a las logias, material suficiente para construir algo más que un imperio… ¡un país!

-¿a cambio de qué Echávarri?

-¿cómo que a cambio de qué?… ¡de construir un país!

-¡no te confundas Echávarri! los norteamericanos no dan paso… ¡como decimos acá! … ¡sin huarache!

-¡sé de buena fuente que el préstamo sería a unos treinta años y la cantidad considerable…!

-¡no! los norteamericanos quieren Texas, California y Nuevo México… ¡desean desmembrar el territorio!

El joven moreno de rizos curtidos se quedó pasmado… ¡imposible tal plan!

La carroza que llevaría al emperador Agustín I a Veracruz para su salida por vía marítima pareciera le diera al aún emperador, un tono de colores sepia… ¡como si hubiera perdido la vista!

Todo lo que pasaba pareciera, le pasaba por sus ojos de una manera lenta… ¡casi como en un sueño! su constante migraña le aquejaba de más.

¡solo reconocía a Nicolás Bravo!

Los ejércitos que se juntaron de improviso y trataron echar hacia atrás al ejército del tratado de Casa Mata, firmado por Santa Ana, Vicente Guerrero, Cortázar, Echávarri – todos formados por Iturbide, excepto Guerrero- y se enfrentaron, fueron apagados prontamente.

Mientras la carroza salía por la vía de Tacubaya, el emperador mantenía una sonrisa fingida, y una mueca de desatino…

Al llegar a Veracruz, Iturbide vio mientras subían su equipaje, que se le acercaban Nicolás Bravo – quien había sido el encargado de custodiar la salida en el exilio de su majestad- y le dio un papel:

-¡su coronación ha sido invalidada su excelencia!

No respondió el emperador.

-¡Nicolás!… dime… ¿qué hace que la traición de tus hombres de mayor lealtad se dé en tan poco tiempo?

-¡una cumbre más alta su excelencia!

-¡pero! ¿no sabrá a tragedia lo que se desea hacer con nuestro territorio?… ¿sabes que venderán media extensión?… ¿qué se busca que honduras sea un imperio centroamericano?… ¡qué osadía!… ¡luchamos dos lustros para lograr la separación de la ibérica esclavizante!… ¡conocí a todos los próceres de la lucha!¡Hidalgo!… ¡Morelos!… ¡Allende!… ¡soy el último sobreviviente…!

-¡las lealtades tienen en mucho su serenísima la costumbre de ver al futuro!

-¡formé a mis generales como mis hijos…! ¡los amé! ¡los coroné! teñí sus manos con la bravura del campo de batalla… ¡les di mis mejores años!… ¡caminé centrado en una sola opción: contar con un territorio… con un imperio que dominara las Américas completas!

-¡es solo una visión su excelencia!… ¡solo una perspectiva!

Iturbide se cayó de hinojos…. ¡sus lágrimas eran gruesas y profundas!… ¡como un mancebo!… ¡tomó su rostro entre sus manos y profundamente lloraba!… ¡nunca había externado tal gesto!

Nicolás Bravo solo miraba…

-¡tuve una gran fortaleza!… ¡negocié con todos mis generales! ¡obtuve nada…

¡Cuando lloraba en profundidad tosía a la vez!… ¡estaba derrotado! ¡vencido!

En su larga lucha por la separación de la América Septentrional, desde los comienzos con Hidalgo, hasta su coronación, en ningún momento se había sentido derrotado… ¡jamás!

Colocó su mano derecha en el piso… ¡ya no podía!

¡su voz de mando había desaparecido! ¡solo saliva y lágrimas tenía en su rostro!…

… ¡por un largo momento se quedó de rodillas en el muelle!

¡su mirada perdida hacia el fondo del océano!… ¡observaba ya la caída de la tarde! ¡no había sol!… ¡le era imposible ponerse de pie!

¡llegó Nicolás Bravo y lo levantó de su codo izquierdo!

Tambaleaba al dar los pasos, su migraña se acentuaba.

-¡será traidor quien pronuncie mi nombre!…

¡volvió a caer de rodillas!

El barco que lo llevaría a Italia era el Rawlins, y a su llegada al destino de Livorno, la corte italiana le daría una cálida recepción… ¡con ansias esperaban al héroe que había logrado un territorio tan vasto! Contraído con sus propias manos…

-¡once años luché para lograr la libertad!…

Susurraba mientras se veía sus manos de campesino, arriadas por lo maltratado… ¡se reía!… ¡un emperador con manos de rural!

… en su camarote, ya en la profundidad del océano… ¡aún recordaba a su mulata de ojos vedes y tonos encarnados!… ¡le hacían sentirse vivo!…

El crujido de las maderas en su vaivén, le daban la oportunidad de reflexionar…

-¡has perdido todo Agustín!… ¡todo!

¡Los días fueron largos y las noches cortas! y en la inmensidad de la negrura, las estrellas le escuchaban, le caminaban… ¡le acusaban!

¡solo los elíxires de cuando mancebo le daban el ánimo…!

Continuará…

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