Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

El joven informante

Como extraído de una narración -de aquellas de los más profundos miedos- la presencia de estos dos personajes le daba a Iturbide, un sesgo de que Norteamérica no apoyaría en nada las políticas de consolidación del Imperio Mexicano.

En un cuarto apestoso y lleno de humedad, donde varias cadenas empotradas en la pared tenían evidencia de restos de sangre, la mesa de tortura era el punto obligado de llamar la atención del guardia imperial, quien tenía forzado de brazos y pies al joven prisionero.

¡un mancebo de no más de 21 años! pero que se sabía tenía información relevante para el imperio, debido a una reunión en su hostal, en donde se planeaban ataques dirigidos al imperio por parte de la logia Yorkina – representada por Joel Roberts Poinsett- y algunas negociaciones…

-¡anda Abelardo! ¡di simplemente lo que escuchaste!

Le indicaba el joven guardia imperial al apretarle más los nudos y tratar de zafarle los brazos y las piernas con el potro de castigo.

-¡no!… ¡me pidieron total silencio!

-¡bueno pues esto es lo que ganas con tu discreción!

¡volvió a apretar el castigo! y una fuerte exclamación salió de lo más profundo del joven…

Las entrevistas entre Henry Clay – hombre horroroso y lleno de cicatrices- y Joel Roberts Poinsett, parecieran previstas de un extraño poder, como si se confabulara el futuro de una nación – más por la fuerza y el engaño- que por ideales libertarios.

La casa de Henry Clay -lujosa al estilo de Kentucky con frontones estilo romano en madera y altos pilotes que la sostenían, así como amplios jardines y ventanales descomunales- era el lugar ideal para lograr concertar algunas cuestiones con el futuro de los norteamericanos.

El cuarto principal se asemeja más a un salón de recepciones, que un simple descanso, sus muebles estilo clásico y grandes alfombras hacen parecer aquello una galería, grandes pinturas de caza y paisajes de la zona, enaltecían el lugar.

Los dos sentados en espera de que el café esté bien aromatizado, y fumando algunos puros del buen tabaco de Virginia, se daban el tiempo de platicar de lo banal a lo importante…

-¡dime Joel! ¿lograste contactar con Iturbide?

-¡sólo con el joven Lucas Alamán!

-¿a qué acuerdos quedaron?

-¡dejamos claro que tener un secretario de asuntos exteriores era más que imprescindible para los planes de consolidación de Imperio! así como el de contar con políticas de negocios y relaciones comerciales…

-¿lo entendió?

-¡pareciera que no!

Tanto Henry Clay, como Joel Poinsett, tenían en su mente una perspectiva de su país, fincada en lograr tener el poder -por el mayor número de extensión de territorio- si se tenía un país grande, el respeto de Europa estaba garantizado.

Así, las políticas de estos dos personajes y su relación con el joven emperador Iturbide, debían ser claras: ¡o el emperador mexicano vendía territorio mexicano! ¡o se lo iban a quitar de todas formas!

Los dos querían California, Nuevo México y Texas -pero más Texas- que representaba casi la mitad del imperio, queriéndolo comprar a cualquier precio… ¡el que fuere!

¡El poderío económico de los norteamericanos se basaba en el comercio y la esclavitud!

-¿tenemos listos a quienes iniciarán a Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Lorenzo de Zavala dentro de nuestra logia?

-¡sí Henry! están listos

-¡El imperio mexicano no caerá en su grandeza territorial por la fuerza, sino por la política!

El informante que le decía al emperador Iturbide todo lo que alcanzó a escuchar el joven hostelero, le daba las noticias de a poco en poco, debido a que se debían tomar acciones a este proceso.

Al irle desmenuzando los datos, Iturbide no lograba conectar el proyecto que se buscaba…

-¡según por lo que me cuenta! ¿desean que un ala republicana norteamericana compre Texas y California?… ¡es quitar medio imperio!

-¡eso escuchó el joven!

-¿y cómo lo harían sin derramar más sangre?

-¡negociando su excelentísima!… ¡negociando!

-¡debemos tener cuidado! si está información se esparce, tendremos a varios interesados en lograr una negociación, ¡varios traidores querrán vender este naciente imperio! ¡consagrado en el Plan de Iguala y en nuestra Virgen de Guadalupe!

Iturbide -más que criollo pareciera alemán- en sus rojizas patillas dejaba claro su molestia ante tal situación, por ello planeó una entrevista con Joel Poinsett, de manera tal que se vieran directamente, y si tuviera la osadía de ofrecerle la negociación Iturbide podría claramente desestimar de una vez y por todas, tal oferta – sin saber que el otro plan de Henry Clay era el de formar nuevos legisladores yorkinos en el imperio mexicano: republicanos-

Así se preparó todo para una entrevista.

Ante la duda de que liberales -con la sospecha de ser apoyados económicamente por los norteamericanos- le pudieran dar por la madrugada una suspensión de sus potestades como emperador- Iturbide el 31 de octubre de 1822, estima disolverlo y de una vez ¡quitarse de encima a los latosos de Servando Teresa de Mier, José María Fagoaga, Anastasio Zerecero y Mariano Mendiola! entre otros.

¡al otro día de esta decisión Poinsett logra audiencia con Iturbide!

Sala del Palacio del Emperador.

Escoltado por dos marinos de la fragata John Adams, el propio Poisett daba un breviario a Iturbide de las condiciones que llevaba viendo en el imperio – sin olvidar que ya llevaba varios años informándose de la situación del territorio-

-¡mire su majestad! el pueblo es ignorante, no está educado… ¡ni siquiera distinguen de la libertad que ya gozan…! ¡ellos necesitan quien los culturice y les de una mejor calidad de existencia.

¡El emperador escuchaba atento!… y continuaba con su diálogo el norteamericano.

-¡si Usted excelentísima aceptara vendernos Texas! el país tendría los fondos suficientes para darles educación, para construir escuelas, parques y centros académicos para que la ciencia florezca en estas tierras de gran desazón… ¡es el momento!

Iturbide no desaliñaba en nada, procedía escuchando la oferta.

-¿cómo sabrán que están dentro de la libertad si no tienen educación?… los mexicanos necesitan sus tierras, si Usted acepta la oferta, podremos caminar acompañándonos juntos en la mejora del imperio mexicano.

¡la oferta no prosperó!

Henry Clay, una vez sabedor de que Iturbide no haría ninguna negociación conforme a vender Texas – en poco California y Nuevo México- estableció en reunión de las logias yorkinas, para realizar el plan alternativo…

-¡señores!… en poco tiempo nos quedará claro que las intenciones del Imperio, además de las ya conocidas de perpetrarse en el poder, en nada darán hacia juicios necesarios de la posibilidad de extraer el territorio de Texas, en mucho deseamos también California y Nuevo México.

-¡la invasión Maestro!… ¡la invasión!

-¡mesura!… no lograremos propósito alguno si deseamos intervenir, y quedaríamos como quienes estuviéramos en contra del Imperio, cuando solo deseamos negociar.

La reunión estaba caracterizada ya por grandes yorkinos que lograban construir la nación norteamericana, desde la perspectiva de una República…

-¡Contamos con un aliado en los territorios del único bastión antiimperialista!…- continuó el maestro.

-¡dinos el nombre y su bondad!- le gritaban en la logia.

-¡con tiempo y camino les diremos en su momento…

Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, comandaba el último reducto español en el naciente imperio: San Juan de Ulúa.

Iturbide planeó acercarse a su antiguo subordinado del ejército Trigarante, con quien negoció – como con decenas de generales- el fin del conflicto armado antes de coronarse como emperador.

La reunión entre Antonio López De Santa Ana y el emperador Agustín I, se pretendía llegar a un acuerdo para doblar la rodilla del reducto de San Juan de Ulúa, y convertir en realeza al general Santa Ana, el cual, ya tenía varios meses dilucidando acerca de convertir al imperio en república, pero para ello debería de existir una línea de aprendizaje con los grandes republicanos:

¡la logia Yorkina!

Así la reunión se llevó a cabo y Santa Ana le negó la participación en la nobleza del novoimperio, a lo que Iturbide partió seguro de que esta decisión a ninguna de las dos partes los llevaría a buen recaudo.

Otro general molesto con el imperio – este no republicano- era Luis Cortázar y Rábago, quien se unió con el mismo Nicolás Bravo Rueda y Vicente Ramón Guerrero Saldaña, e hicieron todo lo posible para sostener el ya posible levantamiento de Antonio de Santa Ana, quien, enfurecido con Iturbide, tenía como principal objetivo el lograr derrocar el imperio, basado en una política republicana.

Proclamando como República Moderna, Antonio López de Santa Ana – con 28 años- realiza el Plan de Veracruz – que realmente es obra de Miguel de Santa María- el 6 de diciembre de 1822, en donde deja clara la postura de una República Mexicana.

Hablando de soberanía y libertad, de que la religión católica sería la única y no se aceptaría ninguna otra, se desconoce al emperador Iturbide I por haber declarado nulo el congreso…

… y sierra con vivas a la nación y al congreso libre…!

Iturbide aún recordaba aquella plática con Santa Ana – en las noches del Ejército Trigarante-en donde le insistía acerca de subirlo de grado…

-¿qué garantías me brindas joven Antonio de que al hacerte brigadier me depositarías la cabeza de Victoria a mis pies?

-¡todas mi señor!

-¡se dice por Xalapa que insistes en que serás un jefe de las fuerzas armadas completas!… y que, bajo mi mando, no pareciera yo la persona de mayor experiencia ¡es más! por los tugurios de baja moneda, se dice me criticas porque nací en la monarquía y no sé nada de libertad y república…

¡Santana sudó frío!

Continuará…

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