Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

La campaña del General Ávila Camacho

Con el firme propósito de continuar con las políticas socialistas de Lázaro Cárdenas, el también general Manuel Ávila Camacho, se va a una campaña política, – de nuevo- como México no había visto antes.

Las escuelas Gestalt de los alemanes habían enviado una serie de propuestas de propaganda del partido nacional socialista – NAZI- con teorías acerca de la personalidad y la imagen de esta, así como la influencia de gráficos, hacia las masas, salida de estudios de “una teoría dinámica de la personalidad” del autor Kurt Lewin, psicólogo alemán de trayectoria.

En específico estas teorías habían llegado a México por las agencias de publicidad norteamericanas, y alegando la efectividad de estas, Ávila Camacho se va con una propaganda estilo “producto gringo”

En donde una imagen del presidente, una frase convincente y una serie de gráficos como aviones y barcos, le daba a la comunicación colectiva de las masas, una posibilidad de dejarse convencer con una campaña en radio, prensa, revistas y carteles colocados por todos lados.

De que indudablemente Ávila Camacho, era la opción mejor que elegir.

Por otra parte, Lázaro Cárdenas había dejado bien claro que su participación en la presidencia era debut y despedida, “no deseo bajo ninguna norma continuar en el poder como lo hiciera Calles, entrometiéndose en asuntos que ya no le correspondían”

Bajo el lema:

“Cárdenas defendió nuestro petróleo, Ávila Camacho cuidará esta herencia nacional”

Se tapizó todo el territorio del país, con propaganda y afiches dignos de una campaña como las que hoy vemos, con la única diferencia de que todo el sistema obrero, campesino, militar, sindical y burócrata ya tenían asegurado el voto por el candidato oficial.

Así Ávila Camacho llega al poder con una encomienda por parte de Lázaro Cárdenas, ser un presidente libre y autónomo y que rescatara lo que considerara correcto y lo que no, urgiera en poner tiempo al cambio.

“… los días en la presidencia son largos y las semanas cortas”, sentenciaba Cárdenas.

Así, uno de los primeros actos de Ávila Camacho, una vez presidente, fue sacar a los militares del partido del PRM, asentando que sus funciones no eran las de participar en la vida política, sino el de acompañar al presidente en la toma de decisiones trascendentales, en velo de la seguridad nacional.

Esto un poco porque estábamos en plena segunda guerra mundial.

De igual forma Ávila Camacho propone una ley que construya el servicio médico de seguridad a los mexicanos, en específico, que existiera un servicio de sanidad social que hiciera que cada trabajador de empresas privadas, le resultara gratuito su servicio médico.

Pagado en parte por los patrones – no se le terminaba la vena socialista- y en parte por el gobierno, así en 1941, nace lo que hoy conocemos como el IMSS, con todo y su ley reglamentaria, aunque entraría en operaciones hasta el 19 de enero de 1943.

Para aquellos años, barcos italianos y alemanes, se acercaban demasiado a las costas mexicanas, no sabiendo si aún quisieran reconstruir aquella idea del periodo cardenista de hacerse de pozos petroleros o de convertir a México en la España franquista, Ávila Camacho no titubeó y incauto los barcos y todo lo que tuviera banderas italianas y alemanas, es el 1º de abril de 1942.

Submarinos alemanes torpedean a barcos mexicanos por esta acción y México pone atención a lo que vendría, declarar el estado de guerra a Italia, Alemania y Japón, el 24 de mayo del mismo año.

¡Así fue!

Estados Unidos ante la inminente participación en el conflicto bélico, solicitó a México que le enviara mano de obra para que trabajaran los sembradíos, las granjas, las fábricas y un sinfín de oportunidades de trabajo, esto contrarrestaría la gran cantidad de efectivos que los norteamericanos enviaron a Europa.

Así, Ávila Camacho y el presidente Roosevelt, crearon el programa de braceros, que le daría trabajo a miles de mexicanos con los vecinos del norte, programa que veía un trato digno, oportunidad de estar sindicalizado, mejores pagos en las horas laboradas.

¡Vigente este programa y validado hasta el día de hoy!

Ávila Camacho comprendió rápidamente que los estadounidenses estaban ávidos -no solo de mano de trabajadores- sino de productos y servicios que carecían, por tener que enfrentar a gran escala, el conflicto bélico internacional.

Así que hizo todos los ajustes para venderles plata, cerveza, granos y una infinidad de productos comerciales y de la canasta básica, para que surtieran a sus tropas y se generara una relación bilateral adecuada.

Olvidó en mucho su posición de políticas socialistas e incrementó el proceso para lograr generar una agenda comercial con los vecinos del norte, en donde se logrará llegar a buenos acuerdos.

Rompió relaciones con Italia, Japón, España y Alemania, y mandó embajadores a la URSS, Gran Bretaña, Holanda y Estados Unidos para aliarse con ellos y determinar los pasos a dar en las futuras tomas de decisiones.

Cabe señalar que la URSS y Gran Bretaña veían a México como una potencia que acompañaba a otra – los norteamericanos- y con gran calidad de productos que ofertar, aunque Londres aún no olvidaba la expropiación petrolera.

Estados Unidos y México sabían de la importancia de la panamericanidad, en donde, ante el conflicto internacional, todo américa debía de aliarse en un solo frente.

Con el enojo de ganaderos texanos y productores de florida y los ángeles, México ingresa al mercado norteamericano, colocando el propio petróleo mexicano en los centros de hidro carburación, llegando a uno de los mercados de mayor competencia.

Al entrar México a la segunda guerra mundial no lo hizo de manera amateur o de propia inocencia, sabía perfectamente Ávila Camacho que el paso no era solo vender petróleo, mano de obra, plata y artículos como la cerveza – socorrida por los militares americanos en gran parte de Europa- sino el de generar un tratado comercial de las américas, que capitaneaba el propio Ávila Camacho.

En Brasil se fincaron las bases para dar a conocer que cualquier país americano que esté en estado de guerra, debería de estar aliado por todo el continente, no solo las fronteras con México y Estados Unidos, así, las potencias enemigas no se enfrentaban a un par de países, sino a todo el continente americano y lo que esto conllevaba.

Bajo este escenario Ávila Camacho reagenda la deuda externa de México que se había adquirido antes de la revolución mexicana, con Estados Unidos y de 75 millones de dólares que le prestaron a México, se buscó la repatriación de bonos, a 4.40 pesos por dólar.

El 23 de diciembre de 1942 se firma el tratado de comercial más importante entre Estados Unidos y toda América, siendo el país de mayor beneficio México, no solo por el acompañamiento y las acciones estratégicas de Ávila Camacho, sino por el liderazgo que demostró en la zona nuestro país, y la contundencia de dar a conocer a nivel internacional que América era una sola unión.

Empresarios de las cámaras norteamericanas le reclamaron al presidente de Estados Unidos del porqué México vendía tanta materia prima y metales a los norteamericanos, cuando ellos mismos producían, a pesar de que estaba comprobado de que no se satisfacían las demandas del mercado interno.

Ávila Camacho a pesar del enojo de un sector productivo de los gringos, solicitó un préstamo para construir una refinería de gasolina en Azcapotzalco, misma que causó una alegría a Roosevelt, pero un ala de norteamericanos decía que era el colmo que se le dieran tantas facilidades a México para su producción, y a los propios productores de aquel país, se les negaran préstamos.

¡La idea no prosperó!

Realmente lo que buscaban los petroleros norteamericanos era que les devolvieran por la vía diplomática, sus pozos expropiados, ahora que Ávila Camacho se le miraba que iba perdiendo lo socialista.

A Roosevelt le interesaba que México produjera su petroquímica y derivados, debido a que no se vislumbraba un arreglo al conflicto en Europa, por ello inclusive, cuestiones serias de producción y negociación, eran llevadas por la ligera, con tal de apresurar la producción y el beneficio inmediato a los norteamericanos.

Bajo estos denominadores, Ávila Camacho lanza una frase que daría al traste cualquier intento de volver a México del socialismo al comunismo:

“El comunismo no prosperará en mi gobierno”

Que cayó como lápida a los miles de seguidores socialistas y comunistas, tanto del país como del extranjero, que veían cómo México dejaría de ser la gran idea de país, susceptible a que la URSS le veía como cercano, pero no era otra cosa simplemente, que la de hacer frente al conflicto de la segunda guerra mundial.

México dejó entonces de ser socialista y se alistó para cambios relevantes en sus políticas internas e internacionales.

¿Qué me cuentas a mí que se tu historia?

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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